Más de 2.500 certificaciones y cerca de 220 operaciones de control en un año evidencian un sistema que sostiene el abastecimiento insular. Detrás de cada alimento que llega, hay un proceso que evita riesgos sanitarios y protege la producción local.
Cada alimento que llega a San Andrés pasa por un control silencioso que define la salud de miles de personas. En una isla donde la mayoría del abastecimiento depende del exterior, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) ha fortalecido durante 2025 su presencia en puertos y aeropuertos, supervisando de manera permanente el ingreso de productos agropecuarios para evitar riesgos sanitarios, proteger la producción local y garantizar condiciones seguras para el consumo.
Antes de que un alimento llegue a la canasta familiar en San Andrés, atraviesa un proceso técnico que pocas veces es visible para el consumidor. En puertos, aeropuertos y pasos de frontera, inspectores verifican documentación, condiciones sanitarias y cumplimiento normativo de cada cargamento.
En territorios insulares, donde la logística define el acceso a alimentos, cualquier falla en los filtros puede traducirse en riesgos sanitarios o impactos económicos. Por eso, la vigilancia se mantiene activa durante los 365 días del año, consolidándose como la primera barrera de protección.
Territorio con dependencia
El reto es estructural, pues cerca del 85 % de los alimentos que se consumen en San Andrés, Providencia y Santa Catalina provienen de otras regiones del país o del extranjero, especialmente de Costa Rica y Estados Unidos.
Esta dependencia convierte cada punto de ingreso en un escenario estratégico. No se trata solo de permitir el abastecimiento, sino de garantizar que los productos cumplan con estándares que no comprometan la salud humana, la biodiversidad ni la producción local.
En ese equilibrio entre abastecimiento y control, el ICA desempeña un rol determinante. (Lea en CONtexto ganadero: Colombia entre los países con mayor hato ganadero de Sudamérica)
Durante 2025, el equipo de Puertos, Aeropuertos y Pasos de Frontera registró una actividad sostenida que refleja la magnitud del control. Se emitieron 1.502 Certificados de Inspección Sanitaria (CIS) y se gestionaron 1.032 Certificados Fitosanitarios para Nacionalización (CFN), documentos clave para validar el ingreso de productos.
Cada certificación representa una validación técnica; cada inspección, una decisión que puede prevenir riesgos mayores.
Seguimiento institucional
Como parte de este fortalecimiento, el pasado 13 de marzo el ICA realizó una visita al puerto y al aeropuerto de San Andrés, con el objetivo de supervisar directamente los procesos de inspección, vigilancia y control sanitario y fitosanitario. Estas acciones permiten verificar la correcta aplicación de protocolos y ajustar procedimientos frente a nuevas dinámicas del comercio y el transporte de alimentos.
Durante la jornada, el subgerente de Protección Fronteriza, Wilkien Ramírez, subrayó que “nuestra prioridad es la seguridad alimentaria de los residentes y turistas. Queremos que cada producto que pase por nuestras manos sea sinónimo de tranquilidad para la canasta familiar”.
El impacto de estos controles trasciende la salud pública porque se traduce en protección para la producción agropecuaria local, que podría verse afectada por la introducción de plagas o enfermedades. (Lea en CONtexto ganadero: Firman decreto para impulsar agricultura y pesca en San Andrés)
En este contexto, mantener condiciones sanitarias adecuadas es fundamental para evitar pérdidas económicas y preservar el equilibrio del mercado. Así, el control en frontera no solo regula el ingreso de productos, sino que contribuye a la estabilidad del sistema agroalimentario insular.
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