Un productor en Ariguaní perdió animales listos para producción en un ataque nocturno que deja evidencia mínima y muchas preguntas. Mientras crecen los delitos rurales, cada caso aumenta el riesgo económico y la sensación de abandono en el campo.
El día comenzó con una escena difícil de asimilar en Pueblo Nuevo, corregimiento del municipio de Ariguaní, Magdalena. Dos búfalas fueron halladas sacrificadas en una finca de la zona, en un hecho que apunta a un nuevo caso de abigeato. (Lea en CONtexto ganadero: Robos, extorsiones y miedo: el drama ganadero en los primeros 12 días de 2026)
El propietario, Hedgar Fierro Gómez, descubrió la pérdida en las primeras horas de la mañana, enfrentándose no solo al impacto económico, sino también a la sensación de vulnerabilidad que se extiende entre los productores rurales. El ataque, además de evidenciar la acción de cuatreros, deja en evidencia que la criminalidad sigue ganando terreno en el campo colombiano.
Los animales, descritos como ejemplares dóciles y productivos, fueron sacrificados en el mismo predio, una modalidad que se ha vuelto frecuente en distintas regiones del país.
Este tipo de delito, conocido como “carneo”, implica que los delincuentes no trasladan el ganado, sino que lo matan en el lugar para extraer la carne y comercializarla ilegalmente.
En medio del hecho, los responsables dejaron una gorra, único elemento que podría servir como pista. Habitantes de la zona señalan que podría pertenecer a alguien de Ariguaní o incluso de Bosconia, lo que abre la posibilidad de identificar a los autores si se logra información clave.
Sin embargo, como ocurre en muchos casos similares, el rastro puede diluirse rápidamente si no hay una respuesta oportuna de las autoridades.
El costo para el productor
Más allá de la pérdida inmediata de dos búfalas, el impacto económico es considerable. Cada animal representa años de inversión en genética, alimentación y manejo sanitario. En sistemas productivos bufalinos, estas pérdidas afectan directamente la capacidad de generar leche o carne, reduciendo la rentabilidad y comprometiendo la sostenibilidad de la finca.
Pero el daño no es solo financiero porque la inseguridad altera la dinámica productiva: obliga a reforzar medidas de vigilancia, incrementa costos operativos y, en muchos casos, desincentiva la inversión. El campo deja de ser un espacio de tranquilidad, como lo describen sus propios trabajadores, para convertirse en un entorno de riesgo constante.
El caso no pasó desapercibido en el ámbito nacional. Juan Gonzalo Botero, exministro de Agricultura, reaccionó públicamente a través de la red social X:
“¡Atención! En Pueblo Nuevo, Magdalena. Cuatreros pelaron 2 búfalas escoteras! La situación en el Campo Colombiano es cada día más difícil! Los productores enfrentan problemas de todo tipo; abigeato, carneo, extorsión e invasiones a la orden del día! Y nadie hace nada!”
Su pronunciamiento resume el sentir de muchos ganaderos, quienes perciben un aumento en los delitos rurales y una respuesta insuficiente por parte de las instituciones.
El hecho forma parte de un patrón creciente que afecta a distintas regiones ganaderas del país. El abigeato, junto con otras formas de criminalidad, se ha convertido en una de las principales amenazas para la producción agropecuaria.
La falta de control efectivo, la limitada presencia institucional en zonas rurales y la dificultad para judicializar a los responsables contribuyen a la repetición de estos hechos. Cada caso no resuelto envía una señal de impunidad que alimenta el ciclo del delito. (Lea en CONtexto ganadero: Inseguridad rural deja 10 casos y 42 reses afectadas en una semana)
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