CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
los pastos de Casanare

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De acuerdo con el dirigente gremial, la mayoría de las fincas tienen sus potreros cubiertos de agua, lo que ha deteriorado y destruido las pasturas que constituyen la base de la alimentación bovina.

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El agua se comió los pastos de Casanare y ahora amenaza al ganado

por: Luis Humberto Caballero- 31 de Diciembre 1969

Yonency Amaya, dirigente que lleva 30 años al frente del Comité de Ganaderos de Trinidad denuncia que las inundaciones impiden que los predios produzcan alimento para los bovinos. La alcaldesa informó que el 70 % de las fincas registran una gran pérdida de la capacidad productiva de sus suelos y que los pastos están podridos.

Yonency Amaya, dirigente que lleva 30 años al frente del Comité de Ganaderos de Trinidad denuncia que las inundaciones impiden que los predios produzcan alimento para los bovinos. La alcaldesa informó que el 70 % de las fincas registran una gran pérdida de la capacidad productiva de sus suelos y que los pastos están podridos.



Ante la pérdida masiva de pasturas por el prolongado periodo de anegación, la gran preocupación que enfrentan los productores afectados por las inundaciones en Casanare es garantizar la alimentación y la subsistencia de los animales.

Para Yonency Amaya, reconocido productor pecuario y presidente del Comité de Ganaderos de Trinidad, existe una emergencia de grandes proporciones generada por el desbordamiento de los ríos y de los caños.

Decenas de veredas de tres municipios (Trinidad, San Luis de Palenque y Orocué) permanecen inundadas, y los productores enfrentan crecientes dificultades para sostener a sus bovinos.

“Necesitamos comida para los animales”, reiteró Amaya, al advertir que la falta de forraje se ha convertido en el principal desafío de los ganaderos.

De acuerdo con el dirigente gremial, la mayoría de las fincas tienen sus potreros cubiertos de agua, lo que ha deteriorado y destruido las pasturas que constituyen la base de la alimentación bovina.

A ello se suma la imposibilidad de trasladar los animales a otras zonas, debido a que gran parte del departamento está inundado.

En algunas fincas el ganado se logra concentrar en los pequeños altos de terreno que aún permanecen secos. Sin embargo, esa situación le reduce a los animales la disponibilidad de alimento y, además, les genera presión y estrés.

“En mi caso tengo 400 animales en un espacio bastante reducido. Alrededor todo es agua”, señaló Amaya.

Amaya manifestó que los ganaderos requieren con urgencia ayudas con el suministro de suplementos nutricionales, concentrados, silo, heno y otras alternativas de alimentación, esto al menos mientras se recuperan los suelos y su capacidad productiva.


Capacidad perdida


La preocupación también es compartida por la alcaldesa de Trinidad, Damaris Abril, quien igualmente es productora de toda la vida en esta región de tradición ganadera bovina.

Según la mandataria, el 70 % de las fincas registran una gran pérdida de capacidad productiva, debido a que las prolongadas inundaciones pudrieron sus pastos.

Frente a este panorama, los ganaderos manifiestan su preocupación insistente por la escasez de alimento para los animales.

Abril manifestó que el diagnóstico arroja que existen 19 veredas afectadas.

En esta región existen dos caños (el Yaguarapo y el Yates) y, por primera vez, se desbordaron.

“Soy nativa de esta zona geográfica del país y, en mis 45 años, nunca había visto que se salieran de su cauce natural”, dijo Abril.

La alcaldesa considera álgida la situación: registra 20 viviendas destruidas, 900 familias perjudicadas, más de 3.000 hectáreas de cultivo de arroz afectadas y cerca de 1.000 bovinos golpeados por la ola invernal.

Abril elabora actualmente un diagnóstico de la situación que posteriormente canalizará ante la Gobernación de Casanare, entidad que, a su vez, promoverá ante la Secretaría de Agricultura apoyos para los productores afectados.

Los ganaderos se mantienen a la expectativa ante la difícil coyuntura que, de manera muy rápida, podría traducirse en pérdida de peso de los animales.

“Se podría convertir en un problema sanitario, en la disminución de productividad y, a la vez, en graves pérdidas económicas para cientos de familias que dependen exclusivamente de la actividad ganadera en esta región del departamento”, recalcó Yonency Amaya.