Durante años, uno de los mayores temores del agro colombiano fue quedarse sin relevo generacional. Mientras miles de jóvenes abandonaban la ruralidad para buscar oportunidades en las ciudades, las facultades de Agronomía perdían estudiantes y el envejecimiento de los productores comenzaba a convertirse en una amenaza para la producción de alimentos. Hoy, al menos en el Caribe colombiano, esa tendencia empieza a cambiar.
La Universidad del Magdalena registra un crecimiento sostenido en el interés por estudiar Ingeniería Agronómica, una carrera que durante varios años enfrentó una disminución en la demanda y que ahora vuelve a despertar el interés de las nuevas generaciones gracias a la incorporación de tecnología, innovación, agricultura de precisión y modelos de producción sostenible.
Con 64 años de trayectoria, este programa académico, el más antiguo de la institución, ha formado profesionales que hoy lideran procesos productivos en sectores como el banano, la palma de aceite, el arroz, el café, el cacao y la producción frutícola.
Ahora también comienza a reflejar un cambio de percepción frente al futuro del campo.
Cifras muestran el cambio
Los datos de admisión evidencian esa recuperación. Mientras en el periodo 2024-2 el programa recibía entre 50 y 60 aspirantes, para el semestre 2025-2 la cifra se acercó a los 90 estudiantes, un incremento cercano al 64 %.
Durante los procesos de admisión de 2026 la demanda se mantuvo por encima de los 80 aspirantes por semestre, alrededor de un 45 % más que hace dos años, situación que incluso obligó a fortalecer los procesos de selección para ajustarse al número de cupos autorizados.
Para Alberto Páez Redondo, director del programa de Ingeniería Agronómica de la Universidad del Magdalena, este comportamiento refleja un cambio profundo en la forma como los jóvenes perciben hoy el sector agropecuario.
“Hubo una época en que trabajar el campo dejó de ser atractivo. La falta de infraestructura, el abandono institucional y la inseguridad empujaron a los jóvenes hacia otras profesiones. Sin embargo, actualmente vemos un retorno al interés por la Ingeniería Agronómica”, explicó.
Ya no es sinónimo de atraso
Para el académico, buena parte de este cambio obedece a la transformación que ha experimentado la actividad agropecuaria durante los últimos años.
La recuperación de cadenas productivas como el cacao y los frutales, el fortalecimiento de las políticas de seguridad alimentaria y una mayor inversión en innovación agrícola han permitido que los jóvenes encuentren nuevas oportunidades profesionales en un sector que hoy demanda conocimientos mucho más especializados.
El ingeniero agrónomo moderno ya no limita su trabajo a las labores tradicionales en una finca.
Actualmente, participa en procesos de agricultura de precisión, utiliza drones para monitorear cultivos, analiza información mediante plataformas digitales, desarrolla estrategias de manejo sostenible, dirige empresas agroindustriales y lidera proyectos de investigación e innovación para mejorar la productividad del campo.
“El perfil del egresado actual exige capacidades para planificar, diseñar y evaluar sistemas productivos bajo enfoques de sostenibilidad, optimizando los recursos naturales frente a los desafíos reales del cambio climático”, señaló Páez Redondo.
Al servicio de los productores
El fortalecimiento del programa también se refleja en el trabajo que desarrolla junto a productores y asociaciones campesinas del Magdalena.
A través de proyectos de investigación financiados por Minciencias, el Sistema General de Regalías y recursos propios de la universidad, docentes y estudiantes trabajan en soluciones aplicadas para mejorar la competitividad del agro regional.
Entre las iniciativas más destacadas figuran modelos agroecológicos para fortalecer la producción de mango de exportación, sistemas de agricultura de precisión para optimizar la toma de decisiones en finca, monitoreo con drones para detectar plagas en cultivos de banano, investigaciones sobre variedades de fríjol resistentes a la sequía, conservación de polinizadores, recuperación de suelos degradados y utilización de microorganismos benéficos para reducir el uso de agroquímicos.
Uno de los desarrollos más recientes es la construcción de un invernadero de bioseguridad tipo II, resultado de una alianza con Agrosavia, que permitirá ampliar el banco genético del mango y fortalecer las investigaciones orientadas a resolver problemas fitosanitarios que afectan a los productores de la región.
Por el relevo generacional
Durante años, los gremios agropecuarios advirtieron que la falta de jóvenes interesados en permanecer en el campo podría convertirse en uno de los principales obstáculos para garantizar la producción de alimentos en Colombia.
El crecimiento que hoy registra Ingeniería Agronómica en la Universidad del Magdalena no resuelve por sí solo ese desafío, pero sí representa una señal alentadora.
Más allá del incremento en las matrículas, evidencia que una nueva generación empieza a entender que el futuro del campo dependerá cada vez más del conocimiento científico, la innovación tecnológica, la sostenibilidad ambiental y la capacidad de producir más alimentos con mayor eficiencia.
El relevo generacional que durante años pareció alejarse comienza, poco a poco, a tomar forma desde las aulas universitarias.



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