El Ministerio de Ambiente trazó una hoja de ruta que incluye eutanasia, traslocación y confinamiento para controlar la especie invasora. Aunque se asignaron recursos y fechas concretas, la implementación quedará en manos del último tramo del gobierno, lo que genera dudas sobre su ejecución real.
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El Gobierno nacional formalizó este lunes 13 de abril una estrategia integral para enfrentar la expansión de los hipopótamos en Colombia, una especie invasora que sigue creciendo sin control en varias regiones del país. La propuesta combina reducción poblacional y control territorial, en un intento por frenar el impacto ambiental que estos animales generan.
La ministra encargada de Ambiente, Irene Vélez, explicó que la iniciativa busca articular esfuerzos con las autoridades regionales y avanzar en acciones concretas.
“Con esta circular avanzamos en acciones coordinadas con las corporaciones para el manejo del hipopótamo en el país. Se adoptan dos protocolos clave: el de translocación, que requiere permiso CITES, y el de eutanasia, bajo criterios responsables y éticos. Además, por primera vez se asignan recursos específicos para su implementación, con una destinación de más de $7.000 millones”, afirmó.
Dentro de este plan, la eutanasia aparece como una de las principales herramientas. Se aplicará mediante inyección o disparo controlado por personal certificado, seguido de protocolos estrictos para la disposición de los cuerpos, garantizando condiciones de bioseguridad y trazabilidad.
Opciones limitadas
El Ministerio también contempló la traslocación como alternativa, es decir, el traslado de los animales a zoológicos o santuarios dentro o fuera del país. Sin embargo, esta opción enfrenta serios obstáculos.
A pesar de las gestiones realizadas con siete países y asociaciones internacionales, no se han logrado acuerdos que permitan avanzar en esta línea. Esto deja a la eutanasia como una de las pocas medidas viables a corto plazo, en medio de un escenario donde el crecimiento de la población sigue siendo acelerado.
Por otro lado, el confinamiento y la esterilización fueron planteados como acciones complementarias para controlar la expansión geográfica. No obstante, estas estrategias implican altos costos operativos y desafíos logísticos importantes, como la necesidad de infraestructura adecuada y el riesgo de hacinamiento.
El reto del tiempo
El plan cuenta con una inversión de 7.200 millones de pesos para ejecutarse durante dos años, con la meta de reducir al menos 30 hipopótamos por año. La hoja de ruta establece fechas claras: desde la publicación de los lineamientos en abril, pasando por la firma de convenios en junio, hasta la implementación en el segundo semestre de 2026.
Sin embargo, el calendario plantea un desafío evidente. La ejecución de las medidas coincidirá con la recta final del actual gobierno, lo que abre interrogantes sobre su continuidad y efectividad. El factor político podría convertirse en un obstáculo adicional para un problema que exige decisiones sostenidas en el tiempo.
Las Corporaciones Autónomas Regionales tendrán un papel clave: realizar monitoreos constantes y reportar avances mensuales. Cada intervención deberá documentarse con detalle, incluyendo datos como edad, sexo, ubicación y método utilizado.
En medio de la urgencia ambiental, el éxito del plan no dependerá solo de los recursos o los protocolos definidos, sino de la voluntad institucional para ejecutarlo hasta el final.
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