Las inundaciones que mantienen bajo el agua amplias zonas del municipio comienzan a reflejarse en la actividad ganadera. La pérdida de pasturas, el deterioro sanitario del ganado y la incertidumbre frente a una eventual temporada seca tienen en alerta a los productores, que solicitan al Gobierno nacional medidas inmediatas para evitar mayores pérdidas.
Una de las voces que resume la gravedad de la situación es la de Libia Arismendy Martínez, ganadera de tradición en el municipio, quien administra junto con su familia un hato de cerca de 1.500 bovinos de las razas Brahman y Nelore.
“Como ganaderos y como la principal actividad económica del campo triniteño, podemos describir lo que estamos viviendo como una verdadera tragedia. La mayor parte de las sabanas y potreros llevan varios días bajo el agua, lo que ocasionará un grave deterioro de las ganaderías de la región”, afirmó.
Aunque los productores de las sabanas inundables están acostumbrados a convivir con los ciclos de invierno, Arismendy asegura que esta emergencia supera todo lo vivido en años anteriores.
“Este invierno ha sido diferente. El nivel de las aguas fue mucho más alto de lo acostumbrado. Los animales han pasado días enteros sin tener dónde echarse para descansar y, en muchas de las áreas afectadas, prácticamente no tienen qué comer”, señaló.
La productora explicó que, además del nivel alcanzado por las crecientes, el fuerte arrastre de sedimentos dejó extensas áreas cubiertas de lodo, afectando tanto las pasturas naturales como las mejoradas, resultado de años de inversión y trabajo.
Cuatro mil hectáreas
Libia Arismendy nació y creció en las sabanas de Casanare, donde ha dedicado toda su vida a la ganadería. Junto con su familia administra cerca de 4.000 hectáreas destinadas a la producción bovina.
La actividad se desarrolla principalmente en predios como la finca Berlín, de 600 hectáreas, y la finca El Boral, de 1.000 hectáreas, propiedad de sus padres, Luis Basilio Arismendy, de 87 años, y Libia Martínez, de 82. Sumados los predios de sus hermanos, la familia conforma una de las explotaciones ganaderas tradicionales del municipio.
Inversiones perdidas
Las inundaciones no solo afectaron la disponibilidad de alimento para el ganado. También comprometieron las inversiones realizadas durante años para mejorar las praderas.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que, una vez disminuyan las aguas, el país enfrente un nuevo episodio del fenómeno de El Niño.
“Estamos expuestos a dos situaciones igualmente trágicas: que nuestras ganaderías tengan un desenlace negativo o que nos veamos obligados a vender los animales a precios muy bajos. Cualquiera de las dos representa enormes pérdidas para los productores”, advirtió.
Según explicó, una sequía posterior impediría la recuperación de las praderas y profundizaría la crisis que hoy enfrentan cientos de ganaderos del departamento.
Seis ayudas urgentes
Ante este panorama, Arismendy hizo un llamado al Gobierno nacional y a las autoridades regionales para implementar medidas de apoyo que permitan sostener la actividad productiva mientras se supera la emergencia.
Los productores solicitan alimentos concentrados a precios subsidiados, suplementos nutricionales, sales mineralizadas, semillas para la recuperación de las praderas; líneas especiales de crédito para los afectados y subsidios para medicamentos veterinarios.
La ganadera explicó que estos últimos son indispensables para atender el deterioro sanitario que suele presentarse después de las inundaciones.
“Necesitamos ayudas para desparasitar, vitaminizar y atender sanitariamente los animales. Cuando las aguas bajan, los bovinos consumen pasturas deterioradas, muchas veces contaminadas con larvas y otros agentes que les provocan enfermedades”, indicó.
Un llamado
Las solicitudes de Libia Arismendy se suman a los llamados realizados en los últimos días por productores de distintas zonas de Arauca y Casanare, donde las crecientes mantienen miles de hectáreas inundadas y afectan la alimentación del ganado.
La productora recordó que los animales apenas comenzaban a recuperarse de la intensa temporada seca gracias al rebrote de las pasturas al inicio del invierno. Sin embargo, las inundaciones volvieron a interrumpir ese proceso y generaron nuevas dificultades para los sistemas productivos.
“Sabemos convivir con el invierno porque nacimos en estas sabanas. Pero esta vez el agua nos sobrepasó y solos no podremos salir adelante”, concluyó.



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