La decisión de establecer la Presidencia en Barranquilla abre la posibilidad de acelerar obras largamente aplazadas. El desafío será convertir esa cercanía institucional en infraestructura, competitividad y desarrollo para toda la región.
“Yo diría, un poquito sarcásticamente, que la sede alterna va a ser Bogotá”. Con esa frase, pronunciada durante una entrevista con Blu Radio, el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, resumió lo que para muchos representa un hecho sin precedentes: por primera vez, el Caribe dejaría de ser únicamente una región priorizada por el Gobierno Nacional para convertirse en un territorio desde donde también se ejercerá el poder. La noticia trasciende el anuncio de que el presidente electo, Abelardo De la Espriella, despachará desde la capital del Atlántico.
En la práctica, plantea una apuesta por descentralizar el Estado, acercar el Ejecutivo a las regiones y convertir a Barranquilla en escenario permanente de consejos de ministros, reuniones estratégicas y decisiones que podrían redefinir las prioridades de inversión para el norte del país.
El propio Char confirmó que el edificio de la Aduana es el inmueble que se estudia para albergar la sede alterna de la Presidencia y aseguró que el decreto que oficializaría esta decisión podría firmarse el próximo 7 de agosto, una vez el nuevo mandatario asuma el cargo.
Agenda pendiente para el Caribe
“Qué fortuna para Barranquilla y para el Caribe tener un presidente con todos sus ministros aquí, en la periferia de Colombia, donde no llega la inversión nacional o, si llega, llega poca”, afirmó Char.
Durante la entrevista dejó claro que las conversaciones sostenidas con el presidente electo no han girado únicamente alrededor de asuntos políticos. La infraestructura ocupa un lugar prioritario.
El mandatario distrital recordó que, mientras buena parte del interior del país avanzó durante décadas con autopistas de última generación, sistemas férreos y grandes proyectos de movilidad, el Caribe continúa enfrentando rezagos históricos en materia de conectividad. “A nosotros nos da envidia de la buena ver a Medellín con su metro, ver a Bogotá iniciando su metro y las autopistas de Antioquia. Nosotros todavía no estamos conectados con Cartagena… la desconexión con las regiones ha sido muchísima”, sostuvo.
Entre las prioridades mencionó la recuperación del aeropuerto Ernesto Cortissoz, el fortalecimiento de la infraestructura energética, la modernización de los corredores Barranquilla-Cartagena y Barranquilla-Santa Marta, las obras en el canal de acceso al puerto y nuevas inversiones que consoliden al Caribe como un eje logístico, portuario y energético de alcance nacional.
#Nación | El alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, calificó como "una gran noticia para nosotros, los barranquilleros" la posibilidad de que el edificio de la Antigua Aduana funcione como sede alterna del presidente electo, Abelardo de la Espriella. El mandatario local afirmó… pic.twitter.com/q0OstmrpJx
— LA RAZÓN. CO (@LaRazonCo) July 14, 2026
Más que un cambio de oficina
La nueva etapa del Ejecutivo también plantea interrogantes sobre el papel que desempeñará el gabinete ministerial en la ejecución de proyectos estratégicos para la región. La designación de Elsa Noguera como ministra de Transporte ha sido recibida con optimismo por autoridades locales y diferentes sectores económicos, que destacan su experiencia administrativa y su conocimiento de las necesidades del Caribe.
A todo lo anterior se suma la presencia de otros funcionarios con estrechos vínculos con la región dentro del nuevo Gobierno, lo que, según Char, facilitaría una interlocución más directa para sacar adelante iniciativas que durante años permanecieron aplazadas. Sin embargo, el verdadero reto va mucho más allá del lugar desde donde despache el presidente.
La expectativa ahora es que esa cercanía institucional se traduzca en resultados concretos: mejores corredores viales, mayor conectividad entre las principales ciudades del Caribe, un aeropuerto competitivo, puertos más eficientes, infraestructura férrea y proyectos capaces de fortalecer la productividad y atraer nuevas inversiones.
Si ese propósito logra materializarse, la sede alterna dejará de ser un gesto simbólico para convertirse en un punto de inflexión en la relación entre el Estado y una región que durante décadas ha reclamado mayor presencia institucional, inversión y oportunidades de desarrollo.
Ese será, en realidad, el verdadero indicador del éxito de esta decisión.



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