CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana

Desde diciembre pasado, no se registran lluvias significativas en gran parte del norte de La Guajira.

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Sequía en La Guajira tiene en riesgo miles de animales y hasta la vacunación del hato

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

Productores de Uribia, Manaure, Albania y Maicao alertan que la falta de agua y alimento deteriora la condición de miles de animales y reduce la cobertura de la vacunación. El sector advierte que, sin medidas urgentes, podrían aumentar las pérdidas económicas, los riesgos epidemiológicos y la vulnerabilidad de las comunidades que dependen de la actividad pecuaria.

Productores de Uribia, Manaure, Albania y Maicao alertan que la falta de agua y alimento deteriora la condición de miles de animales y reduce la cobertura de la vacunación. El sector advierte que, sin medidas urgentes, podrían aumentar las pérdidas económicas, los riesgos epidemiológicos y la vulnerabilidad de las comunidades que dependen de la actividad pecuaria.


La emergencia ya no se mide únicamente por la ausencia de lluvias, pues en el norte de La Guajira los efectos de la temporada seca se reflejan en animales debilitados, potreros agotados, productores sin capacidad de respuesta y crecientes riesgos para la sanidad animal de una de las regiones ganaderas más sensibles del país. (Lea en CONtexto ganadero: Vacunación contra aftosa no se detiene a pesar de la violencia rural y la sequía)

En Uribia, Manaure, Albania y Maicao, la situación ha alcanzado un punto crítico. Ganaderos, vacunadores y líderes gremiales coinciden en que la falta de agua y forraje obligó a movilizar los hatos hacia otras zonas del departamento e, incluso, hacia regiones vecinas, mientras cientos de animales permanecen sin inmunización contra enfermedades de control oficial.

La preocupación no se limita a las pérdidas productivas, sino a la combinación de desnutrición, desplazamiento de semovientes.

Entretanto, las bajas coberturas de vacunación podrían comprometer el estatus sanitario regional y aumentar la exposición a enfermedades como la fiebre aftosa, la rabia silvestre y la brucelosis bovina.

Por esta razón, el Comité de Ganaderos de Maicao elevó un llamado urgente al Gobierno Nacional para que reactive mecanismos de apoyo alimentario subsidiado y planes de contingencia que permitan preservar el inventario pecuario que aún permanece en pie.

Desde diciembre pasado, no se registran lluvias significativas en gran parte del norte de La Guajira. Los reservorios se encuentran agotados y las pasturas desaparecen a medida que avanzan las altas temperaturas.

Javier Suárez, profesional de Fedegán-Fondo Nacional del Ganado en Maicao, describió a CONtexto un panorama que empeora semana tras semana. “En Uribia, Maicao, Albania y Manaure la sequía se ha intensificado y los animales se encuentran en muy mal estado corporal”, explicó.

La situación afecta tanto a los sistemas tradicionales como a las explotaciones tecnificadas. En Uribia, donde predominan formas de producción asociadas a las comunidades wayuu, los animales recorren largas distancias buscando agua y alimento.

En Maicao y Albania, donde existen praderas mejoradas, el problema es similar, pues los potreros están completamente secos.

Las imágenes que reciben diariamente los equipos de vacunación muestran fincas en las que las áreas destinadas al pastoreo quedaron reducidas a extensiones sin cobertura vegetal.


Productores asfixiados


La crisis también golpea las finanzas rurales, ya que la disminución de la producción de leche y carne ha reducido los ingresos de los ganaderos justo cuando los costos para alimentar los animales alcanzan niveles difíciles de asumir. (Lea en CONtexto ganadero: El descarte estratégico de animales, vital para enfrentar a El Niño)

Según Suárez, los productores medianos aún logran sostenerse gracias a ahorros acumulados, pero la realidad de los pequeños ganaderos es mucho más compleja.

Muchos dependen de la venta diaria de unos pocos litros de leche para sostener a sus familias y no cuentan con recursos para comprar suplementos, transportar animales o acceder a nuevas áreas de pastoreo.

En varios casos, la única alternativa ha sido observar cómo los animales pierden peso progresivamente o mueren por falta de alimento.

A lo anterior, se suma el incremento en los costos de transporte de insumos. Actualmente, una tonelada de silo proveniente de Córdoba puede costar alrededor de $650.000, un valor que resulta inaccesible para numerosos productores.

La emergencia climática también tiene consecuencias epidemiológicas. La trashumancia, práctica que consiste en movilizar animales hacia zonas con mejores condiciones de alimentación, se ha intensificado en los últimos meses.

Sin embargo, el desplazamiento de semovientes ocurre en momentos en que numerosos ejemplares no pueden ser vacunados debido a su deteriorado estado corporal.

“El riesgo está en que muchos de esos animales no los podemos inmunizar. Trasladarlos sin vacunación genera riesgos sanitarios”, advirtió Suárez.

La situación preocupa especialmente por tratarse de un territorio fronterizo con Venezuela, en el que algunas enfermedades continúan representando una amenaza para la ganadería regional.

Mientras tanto, Fedegán y el ICA realizan seguimiento permanente a los predios afectados y monitorean el movimiento de los animales para intentar completar los esquemas sanitarios cuando las condiciones lo permitan.


Comunidad wayuu


En este sentido, la emergencia tiene una dimensión social profunda ya que en el norte de La Guajira se concentra una importante población de ovinos y caprinos que constituye la base económica y cultural de numerosas familias wayuu.

La pérdida de estos animales, no solo representa un golpe financiero, sino también una afectación directa a los sistemas tradicionales de sustento de las comunidades indígenas.

Por ello, los ganaderos insistieron en que la respuesta institucional no puede esperar. La apertura de bodegas con suplementos subsidiados, el fortalecimiento de los programas de atención y la implementación de medidas extraordinarias son consideradas acciones urgentes para evitar que la actual emergencia climática derive en una crisis pecuaria, sanitaria y social de mayores proporciones.