CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
municipio de Carolina del Príncipe

Foto: Fundagán

El programa Una Vaca por la Paz parte de una lógica distinta a la de una donación convencional.

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Una vaca que se multiplica: así 12 familias campesinas abrirán oportunidades para muchas más

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

Doce hogares campesinos en Antioquia recibirán novillas preñadas dentro de un modelo solidario que convierte un activo pecuario en una cadena de desarrollo rural. La iniciativa busca que cada beneficiario impulse una nueva oportunidad para otra familia, fortaleciendo la economía local y la permanencia en el campo.

Doce hogares campesinos en Antioquia recibirán novillas preñadas dentro de un modelo solidario que convierte un activo pecuario en una cadena de desarrollo rural. La iniciativa busca que cada beneficiario impulse una nueva oportunidad para otra familia, fortaleciendo la economía local y la permanencia en el campo.


La plaza de ferias del municipio de Carolina del Príncipe, en Antioquia, será escenario este 31 de julio de una entrega que, a simple vista, parece beneficiar únicamente a doce familias campesinas. Sin embargo, detrás de cada novilla preñada hay un mecanismo pensado para extender el impacto mucho más allá de quienes recibirán el animal ese día. (Lea en CONtexto ganadero: ‘Una Vaca por la Paz’ transformará la vida de 70 familias rurales en el Meta)

El programa Una Vaca por la Paz, liderado por la Fundación Colombia Ganadera (Fundagán), brazo social de Fedegán, con el apoyo de la administración municipal, parte de una lógica distinta a la de una donación convencional. Cada familia adquiere el compromiso de entregar la primera cría de la novilla a otro hogar rural, haciendo que una sola inversión continúe generando nuevos beneficiarios.

Ese compromiso convierte a la ganadería en una herramienta de economía de economía solidaria y de desarrollo rural. La novilla deja de ser únicamente un activo pecuario para transformarse en un patrimonio que produce leche, genera ingresos, fortalece la seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, crea un efecto multiplicador dentro de la comunidad.

Desde 2011, Una Vaca por la Paz ha reunido el respaldo de ganaderos, empresarios y organizaciones interesados en fortalecer el campo colombiano mediante la entrega de novillas preñadas y el acompañamiento técnico a las familias beneficiarias.

“Cuando una familia recibe una novilla no solo recibe un animal; recibe una oportunidad para producir alimentos, generar ingresos y construir un patrimonio familiar. Además, al entregar la primera cría a otra familia, se crea una cadena que permite que el beneficio llegue a más hogares campesinos”, afirmó Nataly Delgado, directora ejecutiva de Fundagán


No es solo producir leche


La historia de José Abelardo Gaviria González demuestra que el impacto de una novilla no siempre puede medirse únicamente en litros de leche o ingresos adicionales. Hace 25 años la violencia le arrebató a una de sus hijas, pero nunca abandonó el trabajo en el campo.

“Yo perdí a mi hija por allá en el 2001. A uno nunca se le olvida haber perdido un hijo, pero la vida hay que seguir luchándola. Voy a recibir mi vaca con mucho cariño. Me dijeron que debo entregar la primera cría y espero tener leche para mi casa y seguir trabajando el campo”, expresó.


Capital para crecer


Para muchas familias campesinas, adquirir una novilla representa una inversión que deben aplazar durante años por falta de recursos o de acceso al crédito. (Lea en CONtexto ganadero: Así crece “Una Vaca por la Paz”: la entrega que hoy sostiene a 21 familias del Caribe)

“El campo tiene mucho futuro porque aquí trabajamos muy duro. Estas oportunidades son un impulso para seguir adelante. A mí me ha tocado pedir prestado para comprar un animal y habría tardado varios años en pagarlo. Si ahora puedo ayudar a otras personas como hoy me están ayudando a mí, eso es una belleza porque seremos muchos más los beneficiados”, señaló Gustavo Avendaño, padre de dos hijos.

En esa capacidad de multiplicarse radica la fortaleza del modelo. Una novilla beneficia a una familia; su primera cría abre una nueva oportunidad para otra, y las siguientes continúan ampliando esa cadena de solidaridad. Así, la inversión inicial deja de ser un hecho aislado para convertirse en un motor de desarrollo rural que fortalece la producción, impulsa la permanencia de las familias en el campo y demuestra que la ganadería multiplica oportunidades.