Daniel Martínez aprendió en Casanare que una mala decisión puede costarle dinero a un productor. Juan Andrés Morales descubrió que innovar no significa reemplazar el conocimiento del campo, sino potenciarlo. Sus historias reflejan cómo el programa de pasantías de Fedegán–Fondo Nacional del Ganado forma a la nueva generación de profesionales que llegará a liderar el sector.
Daniel Martínez entendió que la ganadería real es muy distinta a la que se estudia en los libros. Hace cerca de un año llegó a Casanare como practicante de Fedegán–Fondo Nacional del Ganado, acompañado por el secretario técnico Daniel Zambrano.
Hoy trabaja en una lechería especializada en Tolima y asegura que gran parte de las herramientas que utiliza diariamente nacieron durante esa experiencia.
“Fue una experiencia muy bonita porque uno entiende que la academia le da las bases, pero en el territorio se aprende cómo llevar ese conocimiento a los productores y cómo generar impacto real”, relató.
Durante su práctica participó en brigadas técnicas, visitas a productores y procesos de levantamiento de información regional para el anuario del sector, entre muchas otras actividades.
Sin embargo, uno de los aprendizajes que más marcó su ejercicio profesional fue la importancia de los datos en la toma de decisiones.
“Uno no puede tomar decisiones por intuición o por obviedades. Tener datos permite orientar las decisiones y entender qué está funcionando y qué no”, afirmó.
Ese aprendizaje hoy forma parte de su rutina laboral.
“En la lechería donde trabajo todos los días tomamos decisiones sobre rotación de potreros, suplementación o fertilización con base en información. Una mala decisión termina costándole dinero al productor”.
Para Martínez, la práctica le permitió descubrir que la rentabilidad ganadera depende cada vez más de la capacidad de analizar información y convertirla en decisiones acertadas.
Innovar sin perder la esencia del campo
Una visión similar tiene Juan Andrés Morales, estudiante de último semestre de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional de Colombia.
Actualmente desarrolla su práctica en la Subdirección de Ciencia, Tecnología e Innovación de Fedegán–FNG y considera que la principal oportunidad para los jóvenes está en aportar nuevas herramientas sin perder de vista la experiencia acumulada por generaciones de productores.
Desde su experiencia, destaca que la ganadería moderna exige combinar conocimiento técnico, innovación y cercanía con quienes trabajan diariamente en el campo.
La apuesta, explica, no consiste en reemplazar el conocimiento tradicional, sino en complementarlo y fortalecerlo.
Su caso refleja una realidad cada vez más evidente: el futuro del sector dependerá de la capacidad de conectar la experiencia de los productores con nuevas tecnologías, análisis de información y procesos de innovación.
La apuesta por el relevo generacional
Las historias de Daniel y Juan Andrés forman parte del programa de prácticas universitarias de Fedegán-Fondo Nacional del Ganado, una iniciativa creada para acercar a los estudiantes a la realidad productiva del país.
La convocatoria está dirigida a jóvenes de últimos semestres de carreras como medicina veterinaria, zootecnia, ingeniería agronómica, ingeniería agroindustrial y administración agropecuaria, entre otras.
Actualmente ofrece 29 plazas semestrales distribuidas en distintas regiones ganaderas del país y en dependencias del nivel central en Bogotá.
Durante una transmisión de Al día con su región, Ricardo Arenas, coordinador del programa, destacó la importancia de acercar nuevos profesionales al sector.
“El país necesita jóvenes preparados que lleguen al territorio, que entiendan las dinámicas del productor y que ayuden a cerrar las brechas tecnológicas que todavía existen”, explicó.
Las prácticas tienen una duración de cinco meses e incluyen acompañamiento técnico permanente y apoyo económico para los estudiantes.
Los participantes pueden vincularse a procesos relacionados con salud animal, desarrollo productivo, transferencia tecnológica e innovación.
El futuro ya está en las fincas
Más allá de la experiencia laboral, quienes han pasado por el programa coinciden en que el contacto directo con productores transforma su manera de entender la profesión.
Porque la formación de los nuevos líderes del agro ya no ocurre únicamente en los salones de clase.
También se construye en las fincas, en las visitas técnicas, en el análisis de datos y en el trabajo diario junto a quienes sostienen la ganadería colombiana.
Y es precisamente allí donde jóvenes como Daniel Martínez y Juan Andrés Morales comienzan a escribir el relevo generacional que el campo necesita.
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