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Foto: pe.geoview.info.

reportaje

El papel de los ganaderos en la conservación de los páramos

por: - 31 de Diciembre 1969


Por años se ha acusado a la ganadería de ser la causante de los daños en estos ecosistemas, cuando en realidad esta actividad pecuaria podría ayudar en su recuperación.   En los últimos meses, el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, MADS, ha establecido mediante resoluciones los lineamientos para la zonificación de los páramos delimitados.   El titular de la cartera, Luis Gilberto Murillo, declaró el año pasado que 14 de estos ecosistemas ya cuentan con reglamentación, el primero de los cuales fue el de Santurbán, en Santander. Agregó que se tiene planeado 36 páramos antes de finalizar el Gobierno Santos.   Estas decisiones han desatado una controversia en el seno de los productores que laboran en tierras frías. Según cifras de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, más de 200 mil personas viven y ejercen algún tipo de actividad agropecuaria en páramos.   De igual forma, hasta el 30 % de la producción de especie de clima frío, como la carne y la leche, se cosechan en zonas de alturas. Esto cala especialmente en el sector ganadero, por cuanto se ha tachado a estos productores como los causantes de más daños en estos ecosistemas.   La reglamentación   En septiembre del año pasado, el MADS emitió la resolución 1553 que delimita el páramo de Chilí-Barragán, que se encuentra localizado en jurisdicción de departamentos de Quindío, Tolima y Valle del Cauca.   Este páramo cuenta con un área de más 80 mil 708 hectáreas y beneficia a cerca de 3 millones 200 mil habitantes. Entre ellos, abastece a los 2.035 usuarios del distrito de riego Usocoello. (Lea: Ganaderos ubicados en los páramos piden no ser retirados de allí)   Del mismo modo, tanto el Plan de Desarrollo Nacional como la sentencia C-035 de 2016 de la Corte Constitucional establecieron que no se podrán adelantar actividades agropecuarias en zonas de páramo.   Gustavo Forero, ganadero de Cundinamarca, escribió que ambas normas estipulan que la libertad económica y los derechos de los particulares deben ceder a favor de la protección de los páramos, que están en déficit de protección y son fundamentales en el suministro de agua potable para la población.   Además del páramo de Chilí-Barragán, el ministro Murillo anunció la delimitación del Yariguiés en Santander, Iguaque Merchán en Boyacá y Santander, y Tamá en Norte de Santander. En total, los 4 abarcan cerca de 133 mil hectáreas que benefician a más de 3 millones y medio de colombianos.   El páramo Yariguíes, en Santander, ocupa 4.251,78 hectáreas y allí se localizan además las cuencas de los ríos Opón, Suárez y Sogamoso, que abastecen la hidroeléctrica Sogamoso y benefician a 127 mil 616 habitantes.   Enrique Triviño es un ganadero de Zipaquirá, cuyo predio colinda con el Páramo de Guerrero y que tiene influencia sobre otros 5 municipios. Aunque no existe una delimitación, es consciente de que pronto será marcada.   “Eso significa que probablemente habrá unas vedas sobre áreas y que tendrán que respetar las condiciones de manejo que hagan los planes de ordenamiento territorial de cada municipio. Sin embargo, todo puede impedir a tabla rasa el desempeño de una actividad de la que dependemos muchas personas”, aseveró.   Por eso, observó la importancia de entablar un diálogo con los propietarios de los predios para establecer cuáles serían los límites sin que ello signifique un detrimento del ejercicio agropecuario. (Lea: Con ganadería sostenible se puede contribuir a la conservación del agua)   De hecho, Michael Rúa Franco, director de Cultura Empresarial Ganadera, manifestó que hizo falta la participación de productores o personas relacionadas con el sector pecuario en las conversaciones sobre estas demarcaciones.   “Se crean directrices donde se tilda a la ganadería de ser un destructor de los ecosistemas, cuando eso no es así. Tanto los ecosistemas de páramo como las zonas áridas no son vulnerables porque la ganadería los haya hecho así ni tampoco porque se ejerza la actividad sobre ellos”, aseguró.   Rúa Franco aclaró que la ganadería en sí misma no es perjudicial para los páramos, sino uno de los múltiples modelos que pueden implementarse. Si bien está de acuerdo con la conservación de estos ecosistemas, lamentó que se juzgue a la producción pecuaria.   Los daños   El director de Cultura Empresarial Ganadera precisó que se debe evaluar el modelo de ganadería que está causando daños en el medio ambiente en general, con el fin de corregir estas prácticas y motivar la recuperación de los páramos.   Su propuesta es revisar “qué se ha hecho mal” para corregir y cambiar para hacer de la actividad pecuaria una herramienta útil. (Reportaje: Ganadería puede contribuir a la conservación de fuentes hídricas)   El primer daño que advirtió fue la deforestación. Aunque los páramos no tienen una composición vegetal de amplia diversidad porque son zonas frías que impiden la proliferación de especies, hay algunas que estarían en riesgo de extinción por causa del ser humano.   “Hacemos deforestación por los monocultivos de gramíneas, de reemplazar la vegetación nativa por pastos que se conocen como mejorados. El ganadero por pretender incrementar su productividad, lo que ha hecho es desencadenar las quemas, que son muy destructivas en los páramos”, dijo.   El uso de plaguicidas, fungicidas y herbicidas para mantener la población vegetal productiva también han contribuido al daño no solo en páramos, sino en los demás ecosistemas.   Las propuestas   Contrario a la creencia popular, Rúa Franco indicó que la ganadería puede contribuir a la conservación de los páramos. Para él, una solución tan efectiva como sencilla es modificar las costumbres y hábitos que persisten por Buenas Prácticas Ganaderas.   “En lugar de deforestación, se debe hacer la reforestación. En vez de introducir especies mejoradas como monocultivo, tenemos que propiciar cultivos biodiversos y permitir que se desarrolle la vegetación natural de los suelos de páramo con especies que pueden convivir y armonizar con el ecosistema”, afirmó.   También propendió por apostarle a la materia orgánica de plantas y animales como fertilización en lugar de químicos, así como el uso racional de los recursos, especialmente del agua. Los propietarios de los predios deben adoptar prácticas que eviten que las fuentes hídricas se contaminen.   Aconsejó la aplicación de herramientas ya conocidas como el pastoreo controlado o racional así como otras técnicas nuevas como la ganadería regenerativa, que se basa en el manejo holístico.   Por su parte, Triviño apuntó que el pago por servicios ambientales, una norma que funciona desde hace varios años, es otra herramienta de la cual pueden servirse las Corporaciones Autónomas para preservar los ecosistemas.   Una finca ganadera que ya conserva páramos   En el país ya existen iniciativas del sector que trabajan en la preservación de los ecosistemas. La Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, y su presidente ejecutivo, José Félix Lafaurie, han apoyado los nuevos modelos basados en un manejo más amigable con el medio ambiente.   Sobre la delimitación de páramos y el traslado de los productores, argumentó que “no puede negársele a la gente que siembra papa o cría ganado que abandone las tierras en un proceso de expropiación sin indemnización; deben ofrecerse alternativas”.   Igualmente, hay iniciativas privadas que persiguen el objetivo de conservar los páramos. Una de ellas fue idea de Jorge La Rotta Gálvez, creador de la Fundación Bosque Nativo El Hatillo, una finca en el municipio de Suesca que promueve la conservación de los bosques y los páramos.   La Rotta ejerció como productor durante varios años, hasta que decidió enfocarse en la protección del bosque nativo andino. (Crónica: La finca ganadera que contribuye a la conservación de los páramos)   Hoy en día cede los terrenos a Rosa Amalia Gutiérrez Quintero, una productora lechera que destina parte de las praderas de la finca para mantener allí a sus 15 animales. Añadió que la actividad pecuaria no tiene por qué ser nociva para el medio ambiente.   “Argumentan que es malo tener vacas porque compactan el terreno y se incrementan el gas metano. ¿Y entonces qué hace el resto del mundo que tiene más vacas que en Colombia, con un hato ganadero que no progresa?”, dijo.   De acuerdo con el director de la Fundación, lo que hace falta es un manejo adecuado, de todo lo que comprende una explotación ganadera: el suelo, los pastos, los animales, entre otros. Expresó que la separación de los terrenos entre ganadería y páramo es una solución efectiva.   “La condición es que el bosque es autónomo e independiente del potrero, que es explotado por Rosa, quien administra sus vacas, las alimenta con el pasto y las ordeña. Por mi parte, estoy interesado en la conservación”, concluyó.