Un nuevo ensayo del ingeniero agrónomo y exministro Manuel Pimentel plantea que la discusión sobre carne, leche o pescado ya no es solo nutricional, sino también económica y geopolítica. Mientras crece la demanda mundial de alimentos de origen animal, el autor advierte que Europa podría debilitar su soberanía alimentaria si reduce su producción ganadera.
La discusión sobre la proteína animal ha dejado de ser un asunto estrictamente nutricional para convertirse en un tema político, económico y social. Así lo plantea el ensayo La guerra por la proteína animal, escrito por el ingeniero agrónomo y exministro Manuel Pimentel junto al veterinario Juan Pascual Beitia.
La obra llega en un momento de movilizaciones agrarias, tensiones por acuerdos comerciales y creciente presión regulatoria sobre el sector ganadero en Europa. (Lea en CONtexto ganadero: La ciencia de la nutrición respalda a la ganadería: proteína animal lidera guía alimentaria de EE. UU.)
Según Pimentel, la controversia actual no gira únicamente en torno a qué comemos, sino también a quién produce los alimentos y bajo qué condiciones. En su análisis, la proteína animal —carne, pescado, huevos y leche— se ha convertido en un auténtico campo de batalla entre modelos de desarrollo, visiones ideológicas y estrategias geopolíticas.
El autor sostiene que el debate público ha estado dominado durante años por discursos críticos con la ganadería, mientras la voz del sector primario apenas ha tenido espacio en la conversación.
Uno de los ejes centrales del libro es la creciente desconexión entre el mundo urbano y el rural. Pimentel, que además de exministro es ganadero, aseguró que muchos ciudadanos conocen a los animales únicamente a través de sus mascotas, lo que contribuye a una visión idealizada del campo y a una percepción distorsionada de la producción ganadera.
Esa distancia cultural, argumentó, explica parte de la tensión actual, pues mientras los consumidores demandan alimentos “buenos, bonitos y baratos”, la presión regulatoria y social sobre agricultores y ganaderos aumenta. “Vivimos en la contradicción colectiva de querer alimentación de calidad pero sin agricultores ni ganaderos”, sostuvo.
El ensayo intenta responder a preguntas que, según sus autores, rara vez se abordan con datos técnicos, desde el impacto real del metano del ganado hasta el consumo de agua o la relación entre producción ganadera y biodiversidad. Su conclusión es que muchas de las críticas que recibe el sector se basan en interpretaciones parciales o en discursos simplificados.
Políticas y producción
El debate se vuelve especialmente intenso en Europa, donde las políticas ambientales y climáticas han impulsado medidas que afectan directamente al sector ganadero. Para Pimentel, la cuestión no debería plantearse como una dicotomía entre sostenibilidad y producción alimentaria.
El autor expuso que el ganado forma parte de ciclos naturales del carbono y que su impacto climático suele presentarse sin el contexto adecuado. También defendió que las explotaciones ganaderas europeas son, en general, más eficientes y menos emisoras que las de otras regiones del mundo.
Desde esta perspectiva, advirtió del riesgo de reducir la producción en Europa mientras aumenta la demanda global de proteína animal. “Las potencias se esforzarán por garantizar el suministro para sus poblaciones”, señaló, mencionando ejemplos como las inversiones agrícolas de China o las políticas comerciales de Estados Unidos.
El ensayo plantea además una reflexión estratégica: la alimentación podría convertirse en uno de los factores clave de la geopolítica del siglo XXI. En ese escenario, la capacidad de producir alimentos adquiere un valor comparable al de la energía o la defensa.
Pimentel aseguró que Europa corre el riesgo de perder peso en ese tablero si continúa limitando su capacidad productiva. A su juicio, acuerdos comerciales como el de Mercosur han generado inquietud entre los productores europeos, que temen competir con productos importados bajo estándares distintos.
Más allá de las controversias, el autor insistió en que el objetivo del libro no es cerrar el debate, sino ampliarlo. Para él, la discusión sobre la proteína animal debería incorporar aspectos económicos, sociales y estratégicos, además de los ambientales.
“Precisamos de proteína animal para sobrevivir”, concluyó Pimentel. Y añadió que los ganaderos, junto con pescadores, veterinarios e industriales, forman parte de un sistema que, más que un problema, constituye una pieza fundamental para garantizar la alimentación de la sociedad. (Lea en CONtexto ganadero: La culpa no es de la vaca, es del cómo)



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