Un estudio pionero revela que Veronika, una vaca europea criada como animal de compañía, ha desarrollado por sí sola la capacidad de utilizar herramientas de manera flexible para resolver problemas. El hallazgo pone en tela de juicio las ideas tradicionales sobre la inteligencia bovina y abre nuevas preguntas sobre el impacto del entorno en el desarrollo cognitivo del ganado.
Veronika no es una vaca común. En una pequeña granja europea, este ejemplar ha dejado perplejos a científicos y veterinarios tras ser observada usando ramas como herramientas para rascarse, seleccionando cuidadosamente el tipo de objeto según la necesidad.
El descubrimiento, documentado por un equipo de investigadores en Austria y publicado en la revista Current Biology, constituye la primera evidencia de comportamiento flexible en el uso de herramientas por parte de una vaca. (Lea en CONtexto ganadero: Los bovinos son inteligentes y tienen buena memoria)
Los científicos Antonio J. Osuna-Mascaró y Alice M.I. Auersperg lideraron la investigación que validó este comportamiento tras realizar múltiples pruebas controladas en la granja donde vive Veronika. Durante las sesiones, observaron que la vaca no solo elegía objetos adecuados, sino que los utilizaba con intención, pues variaba entre puntas rígidas o suaves según la parte del cuerpo a rascar, y ajustaba su técnica con base en las características de la herramienta.
“En sesiones repetidas, comprobaron que sus decisiones eran consistentes y funcionalmente adecuadas”, detallaron los investigadores. Para ellos, el uso de herramientas por parte de Veronika, aunque simple comparado con ejemplos más complejos en primates, demuestra una forma relevante de inteligencia funcional.
Marca la diferencia
Veronika ha pasado más de una década viviendo en libertad, sin fines productivos, en un entorno abierto y lleno de estímulos físicos. No fue entrenada ni condicionada para realizar trucos; simplemente se adaptó y evolucionó en su comportamiento diario.
“El comportamiento innovador y exploratorio de Veronika probablemente se debe a sus condiciones de vida únicas”, explicaron los autores. Es un caso que sugiere que el entorno juega un papel crucial en el despertar de habilidades cognitivas complejas, incluso en especies consideradas rutinarias o pasivas.
Hasta ahora, el uso de herramientas se había documentado de forma convincente solo en grandes simios, algunas aves como córvidos, y mamíferos marinos como delfines. Que una vaca se sume a ese grupo plantea una reflexión profunda sobre la evolución cognitiva.
“El hallazgo es un ejemplo fascinante de evolución por convergencia”, afirmó Miquel Llorente, experto en psicología comparada. “La inteligencia surge como respuesta a problemas similares, sin importar que el 'diseño' del animal sea muy distinto.”
¿Excepción a la regla?
Aunque los investigadores advirtieron que no se puede generalizar el comportamiento de Veronika a todas las vacas, ya han comenzado a recopilar más casos a través de videos en redes sociales y granjas experimentales. El objetivo es determinar si se trata de una excepción o si el potencial cognitivo del ganado ha sido subestimado durante siglos.
Más allá de la anécdota, esta vaca invita a mirar con nuevos ojos al mundo bovino. En un sector que históricamente ha priorizado el rendimiento productivo, este tipo de descubrimientos abren una puerta hacia una ganadería más atenta a las necesidades cognitivas y emocionales de los animales. (Lea en CONtexto ganadero: Descifrar el lenguaje de las vacas, el nuevo reto de la inteligencia artificial)
¿Y si Veronika no fuera la única?



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