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Apicultura La Cumbre, la historia que construyó Yeison Jimenez

Foto: instagram.com/yeison_jimenez

La Cumbre ha logrado establecer un sistema replicable que demuestra que sí es posible dignificar el trabajo en el campo, generar valor agregado y mantener una identidad regional fuerte.

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Yeison Jiménez partió, pero su proyecto con abejas seguirá produciendo frutos

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

Desde los Llanos colombianos, una iniciativa forjada entre colmenas y visión transformadora recibió el respaldo del ICA. Apícola La Cumbre, una iniciativa del artista de música popular fallecido, no solo alcanza estándares de exportación, también plantea un modelo que podría cambiar el rumbo de la apicultura nacional.

Desde los Llanos colombianos, una iniciativa forjada entre colmenas y visión transformadora recibió el respaldo del ICA. Apícola La Cumbre, una iniciativa del artista de música popular fallecido, no solo alcanza estándares de exportación, también plantea un modelo que podría cambiar el rumbo de la apicultura nacional.


El legado de Yeison Jiménez tomó vuelo en Expomalocas 2026, donde su proyecto, Apícola La Cumbre, recibió la certificación oficial del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), consolidándose como uno de los emprendimientos más destacados en innovación rural. (Lea en CONtexto ganadero: Yeison Jiménez: Más allá de la fama musical, el compromiso con la ganadería sostenible)

Desde los apiarios hasta los mercados internacionales, su visión de una apicultura estandarizada, profesional y con identidad propia empieza a dar frutos tangibles.

Cuando Yeison Jiménez decidió fundar Apícola La Cumbre, no se trataba simplemente de producir miel, polen o propóleo. Se trataba de honrar una filosofía de vida aprendida en contacto con la naturaleza, observar, comprender y colaborar, tal como lo hacen las abejas.

Esta idea, lejos de ser una metáfora, se convirtió en el principio rector de un modelo productivo que hoy sirve como referente en el país.

A diferencia de muchos proyectos que nacen y mueren sin lograr cohesionar comunidad, técnica y propósito, La Cumbre ha logrado establecer un sistema replicable que demuestra que sí es posible dignificar el trabajo en el campo, generar valor agregado y mantener una identidad regional fuerte.


Certificación, una responsabilidad


El reconocimiento del ICA no fue un objetivo cualquiera, sino parte del camino hacia una meta mayor, que fue establecer estándares técnicos que garanticen productos apícolas de calidad para Colombia y el mundo.

Para Apícola La Cumbre, la certificación es la validación de años de trabajo alineado con las mejores prácticas y una oportunidad para abrir nuevos mercados.

"Este certificado tiene un nombre propio y una historia de lucha detrás", expresan desde la empresa, que agradece a instituciones como Agrosavia por acompañar este proceso.

Uno de los pilares del proyecto ha sido entender el comportamiento animal como base para una apicultura eficaz. Mientras algunos productores descuidan prácticas como la alimentación en épocas de invierno, Apícola La Cumbre ha demostrado que alimentar estratégicamente permite contar con colmenas pobladas y listas para la floración, optimizando los ciclos productivos y evitando pérdidas.

"Si veinte apicultores se unen, cada uno tiene una visión distinta de lo que es la apicultura. La clave está en estandarizar, porque si no, no hay forma de avanzar como sector", afirmaron desde la empresa.


Innovar desde el campo


Lo más poderoso de esta historia es que surge desde lo rural, sin pretensiones tecnocráticas, pero con una profunda claridad sobre cómo debe transformarse la apicultura colombiana. Yeison Jiménez no solo ideó un modelo; lo vivió, lo perfeccionó y lo puso al servicio de otros productores.

El campo colombiano tiene en Apícola La Cumbre un ejemplo de cómo la innovación no está reñida con la tradición. Por el contrario, se potencia cuando hay visión y voluntad de trascender.

Ahora, con el respaldo del ICA y la experiencia de haber superado obstáculos reales, La Cumbre y su equipo se sienten listos para llevar su esencia más allá de las fronteras. "Estamos listos para conquistar el mercado nacional e internacional, llevando la esencia de nuestra tierra a cada mesa", sentenciaron.

La historia de Yeison Jiménez no terminó con su último concierto, sigue escribiéndose en cada colmena que prospera gracias a su visión, en cada pequeño productor que se inspira en su modelo, y en cada rincón del campo colombiano que se atreve a soñar más allá de la supervivencia. (Lea en CONtexto ganadero: Colombia despide a Yeison Jiménez, el artista que nunca soltó la raíz campesina)