Una red científica sin precedentes está transformando la forma en que América Latina y el Caribe conservan y utilizan la diversidad genética de cultivos como el maíz, el frijol y la papa. A través del uso de tecnologías genómicas y la cooperación entre 17 instituciones, la región da un paso decisivo para blindar su seguridad alimentaria ante el cambio climático.
Investigadores de Agrosavia, en conjunto con centros internacionales de investigación como el CIMMYT, el CIAT y el CIP, acaban de publicar un estudio en la revista Global Food Security que pone sobre la mesa una estrategia prometedora, utilizar la genómica y la colaboración regional para salvar la biodiversidad agrícola de América Latina y el Caribe.
La publicación surge de una iniciativa que ha logrado articular a 17 instituciones de 13 países, con un enfoque en cultivos estratégicos como el frijol, el maíz y la papa. (Lea en CONtexto ganadero: Innovaciones de Agrosavia para un agro más sostenible y productivo)
Este esfuerzo colectivo busca resolver un problema de larga data enfocado en la desconexión entre la conservación de recursos fitogenéticos y su uso real en el desarrollo de variedades adaptadas a nuevos desafíos climáticos, sociales y económicos. La herramienta clave en esta iniciativa: la genómica.
La llamada Comunidad de Práctica (CoP) fue establecida en 2022 como una red de bancos nacionales de germoplasma, con el objetivo de fortalecer las capacidades regionales en la generación e interpretación de información genómica (DSI, por sus siglas en inglés).
Desde entonces, sus miembros han comenzado a trabajar en la caracterización genética de cultivos esenciales, compartiendo datos, conocimientos técnicos y buenas prácticas.
Según Agrosavia, el proyecto representa “una oportunidad histórica para cerrar la brecha entre conservación y uso”, permitiendo que los bancos de germoplasma no solo preserven semillas, sino que se conviertan en aliados clave en programas de mejoramiento genético orientados a la adaptación climática y la seguridad alimentaria.
Estrategia de desarrollo
Este tipo de investigaciones tiene implicaciones directas para los sectores agropecuario y ganadero, pues aunque los bancos de germoplasma suelen estar asociados a la agricultura, la ganadería también se beneficia de la disponibilidad de cultivos más resilientes y nutritivos, que pueden ser utilizados en sistemas silvopastoriles o como forraje, especialmente en zonas vulnerables al cambio climático.
El estudio demuestra que una política regional coherente y colaborativa no solo fortalece la ciencia, sino que también facilita el acceso a recursos genéticos para pequeños productores, mejorando su capacidad de adaptación frente a fenómenos como sequías, plagas o enfermedades.
Uno de los principales aportes del estudio es visibilizar cómo la genómica puede revolucionar el trabajo de los bancos de germoplasma. Al permitir un conocimiento más profundo de las características genéticas de cada variedad, se facilita la selección de materiales más resistentes, nutritivos o adaptados a condiciones extremas.
Según Agrosavia, compartir datos genómicos entre países, capacitar al talento humano local y trabajar con metodologías comunes permite dar un salto cualitativo en la gestión de la diversidad agrícola y en el fortalecimiento de los bancos de germoplasma. (Lea en CONtexto ganadero: Por qué son importantes los bancos de germoplasma de razas criollas)
En otras palabras, el ADN deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta tangible que puede impactar directamente la productividad de los cultivos y la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios de la región.
Pese a ser un centro de origen y domesticación de cultivos globales, América Latina y el Caribe aún enfrenta barreras técnicas, financieras y normativas que limitan la conservación efectiva de su biodiversidad agrícola. Si no se adoptan estrategias como la promovida por la CoP, existe el riesgo de perder variedades nativas que podrían ser clave para enfrentar futuras crisis alimentarias.
Por eso, el llamado de esta investigación no es solo científico, sino también político: fortalecer los bancos de germoplasma nacionales es una inversión estratégica para la seguridad alimentaria y nutricional del continente.



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