Por qué son importantes los bancos de germoplasma de razas criollas

Por: 
CONtexto ganadero
18 de Marzo 2021
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Gracias a los bancos de germoplasma las razas criollas han logrado sobrevivir y multiplicarse en Colombia. Foto: editorial.agrosavia.co

La conservación de las razas criollas es uno de los propósitos del país porque son animales que se han desarrollado para adaptarse a las condiciones propias de Colombia y allí los bancos de germoplasma juegan un papel fundamental.

 

Los bancos de germoplasma son una fuente de información esencial para el desarrollo de la investigación científica, y su conservación y mantenimiento, contribuyen a un mayor aprovechamiento de los recursos biológicos y al mejoramiento de la seguridad alimentaria de la población, sostiene Agrosavia.

 

Colombia ha sido catalogada como uno de los países con mayor agrobiodiversidad de la región, pues, gracias a su ubicación geográfica y a sus condiciones topográficas, cuenta con una gran diversidad de ecosistemas, que tienen diferentes condiciones medioambientales. Esto permitió que, a través de procesos de selección natural, se formaran varias razas de animales adaptadas localmente, siendo la población bovina una de las más diversas, con ocho razas criollas reconocidas por el gobierno. (Lea: Agrosavia administrará y salvaguardará los Bancos de Germoplasma de la Nación

 

Entre esas razas se encuentran el Romosinuano y el Costeño con Cuernos, que se formaron en las planicies húmedas y secas de la zona norte del país (Costa Atlántica); el Blanco Orejinegro (BON) y el Chino Santandereano, en las zonas montañosas de clima medio; el Hartón del Valle en el valle del río Cauca, y el Casanare; y, el Sanmartinero, en las planicies inundables de Casanare y en la altillanura de la Orinoquía colombiana. Adicionalmente, existe la raza Caqueteña, que se formó en la región de la Amazonía colombiana.

 

Estos animales presentan cualidades sobresalientes como menor susceptibilidad a enfermedades y parásitos, mayor eficiencia alimenticia para aprovechar forrajes de baja calidad nutricional, mayor capacidad de termorregulación (tolerancia al calor), buena habilidad materna y alta fertilidad (intervalos entre partos inferiores a 470 días), así como una gran longevidad y temperamento dócil.

 

Estas características hacen de las razas criollas un recurso genético importante para desarrollar sistemas de producción sostenibles, con un menor impacto sobre el ecosistema de las regiones ganaderas, señala la entidad.

 

Colombia fue el primer país de Latinoamérica que inició un programa de protección de sus recursos genéticos animales. Como medida de precaución, para evitar la extinción de las razas de ganado criollo, en 1935 el gobierno nacional empezó a conformar núcleos de conservación en granjas experimentales ubicadas en diferentes regiones del país, inicialmente para bovinos.

 

Mediante la Resolución 327 del 30 de agosto de 2018, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural delegó en Agrosavia la función de administración de los bancos de germoplasma.

 

El banco de germoplasma animal utiliza dos sistemas de conservación: in vivo e in vitro. El banco in vivo corresponde a animales conservados en el ambiente natural de las regiones donde se formaron. Bajo este sistema se conservan diez colecciones de razas criollas (seis bovinas, tres porcinas y dos de ovinos), que se encuentran en centros de investigación ubicados en diferentes regiones del país. (Lea: Bancos de germoplasma, aliados de la alimentación y la agricultura)

 

Teniendo en cuenta que la adaptación de los animales está ligada a la heterocigosis y, por ende, a la variabilidad genética, la estrategia de conservación en el banco in vivo se basa en un esquema de apareamiento circular cíclico entre grupos o familias. Este método ha mostrado ser efectivo para mantener bajos los niveles de consanguinidad en poblaciones cerradas.

 

En este esquema se divide la población en familias de acuerdo con el grado de relación o parentesco entre los animales, y se programa el apareamiento circular, que inicia con el apareamiento de machos de la familia 1 con hembras de la familia 2, los machos de la familia 2 con hembras de la familia 3, y así sucesivamente, hasta cerrar el círculo.

 

Cada vez que se completa un intervalo generacional se hace rotación, hasta regresar al esquema original. Para cada apareamiento se seleccionan los machos que tengan los menores índices de consanguinidad transmisible a su progenie (< 4 %) y valores genéticos cercanos a la media poblacional.

 

Con el fin de tener un mejor control del apareamiento circular cíclico, en el banco de germoplasma animal se ha implementado un modelo de monta estacional, con un único periodo de monta en el año. Además de facilitar el manejo del apareamiento, esta estrategia permite concentrar los partos en los meses de verano, lo que garantiza condiciones que favorecen la sobrevivencia de las crías, y contribuye al control productivo de los animales, al concentrar los diferentes eventos en épocas definidas del año.

 

Para monitorear el mantenimiento de la variabilidad genética en las poblaciones bajo conservación, anualmente se estima el índice de consanguinidad y se evalúan las tendencias fenotípicas y genéticas de cada población, con el fin de detectar cambios en el desempeño productivo de los animales que puedan estar relacionados con la depresión por consanguinidad.

 

Los bancos de germoplasma de las razas Romosinuano y Costeño con Cuernos están ubicados en el Centro de Investigación Turipaná, en un área de 313 hectáreas. Cada banco está conformado por ocho familias y un inventario promedio de 430 animales por raza. (Lea: Bóveda mundial de semillas llegó al millón de muestras almacenadas)

 

El de la raza BON y el núcleo de conservación de la raza Chino Santandereano se encuentran en el Centro de Investigación El Nus, en un área asignada de 350 hectáreas. En el caso de la raza BON, hay ocho familias que conforman el banco, con un inventario promedio de 450 animales, mientras que, en el núcleo del Chino Santandereano, constituido en 2016, se mantiene un inventario de 32 animales.

 

El banco de germoplasma de la raza Sanmartinero está ubicado en el Centro de Investigación La Libertad, en un área de 236 hectáreas, para el manejo de las diez familias que lo conforman, con un inventario promedio de 520 animales.

 

En cuanto a la raza Hartón del Valle está ubicado en el Centro de Investigación Palmira, en un área de 48 hectáreas, asignadas para el sostenimiento de las seis familias del banco, con un inventario actual de 226 animales. Es importante resaltar que este es el único banco en el que se realiza control lechero, ya que esta ha sido una de las razas criollas que ha mostrado un mayor potencial para la producción de leche.

 

Respecto al banco de germoplasma in vitro se trata de una estrategia de conservación ex situ, que permite la conservación, bajo condiciones de criopreservación, de material germinal, en forma de semen y embriones de cada una de las razas bovinas y ovinas del banco in vivo.

 

Este banco representa un respaldo de la conservación del germoplasma de animales criollos, que ofrece la posibilidad de recuperar en el futuro alguna de las razas que se encuentran en riesgo de extinción, así como de utilizar el material criopreservado dentro de las colecciones del banco in vivo, para mantener un flujo constante de genes en la población y evitar el incremento en los índices de consanguinidad. (Lea: ICA y CIAT fortalecen el trabajo para la importación y exportación de germoplasma)

 

El banco in vitro está estructurado con un banco base, ubicado en el Centro de Investigación Tibaitatá, donde se almacena la mayor cantidad de muestras de la colección, y un banco satélite, en el Centro de Investigación La Libertad, donde se almacenan muestras de seguridad del material criopreservado en el banco base. Actualmente, el banco in vitro está constituido por 68.139 pajillas de semen bovino y 7.489 de semen ovino, 1.118 embriones bovinos y 139 ovinos, para un total de 76.885 muestras.

 

El material almacenado en el banco cuenta con una completa descripción de calidad, así como de información genealógica y productiva de los donadores.

 

Adicionalmente, el material es evaluado de manera periódica, con el fin de determinar su calidad de conservación, para lo cual se descongelan dos pajillas por lote y se determinan parámetros como motilidad, morfología, viabilidad y resistencia, dos y cuatro horas después de la descongelación.