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sembrar arboles forrajeros

Foto: cuexcomate.com

agricultura

¿Cómo propagar árboles forrajeros en la ganadería?

por: - 31 de Diciembre 1969

Aprenda cómo se puede propagar y sembrar el matarratón, el cachimbo, el písamo, el botón de oro y el chachafruto para usarlos como forraje para el ganado. Estas son algunas recomendaciones que pueden ser aplicadas en su finca con el fin de implementar estos árboles.

Aprenda cómo se puede propagar y sembrar el matarratón, el cachimbo, el písamo, el botón de oro y el chachafruto para usarlos como forraje para el ganado. Estas son algunas recomendaciones que pueden ser aplicadas en su finca con el fin de implementar estos árboles.

Además de las leguminosas y gramíneas que tienen un gran valor nutricional para el ganado, el uso de árboles forrajeros como matarratón, cachimbo, písamo, chachafruto o botón de oro también es una alternativa de alimentación para el ganado en sistemas silvopastoriles.

En este sentido, el manual técnico “Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) en la producción de ganado de doble propósito bajo confinamiento con caña panelera como parte de la dieta” de Fernando Moreno y Diego Molina explica cómo propagar estas especies.

Por ejemplo, indicaron que los árboles mencionados junto se propagan por semilla o por estaca. Si se siembra por semilla, debido a una mayor raíz principal, la planta responde mejor a los cortes y dura muchos años. (Lea: Los árboles no quitan el área de producción de forraje)

Por su parte, la leucaena se multiplica por semilla en vivero o en siembra directa inoculada con Rhizobium (bacterias nitrificantes) o con tierra que provenga de lugares sembrados con la planta. El matarratón, el cachimbo, el botón de oro y la morera se pueden sembrar por estacas de 30 a 40 cm de largo y 2 a 3 cm de diámetro. El písamo requiere estacas más gruesas y largas.

El nacedero se propaga por estacas pequeñas que tengan 2 a 3 nudos y 2 a 3 cm de diámetro. Estas pueden tener hasta el 90 % de prendimiento si no se golpean, ni se exponen al sol y si se siembran en terreno húmedo. El manejo óptimo de este sistema repercute en un buen establecimiento en el sitio definitivo.

Siembra de los árboles en el campo

Según los espacios disponibles en la finca, los árboles se pueden distribuir en diferentes formas o arreglos: en grupos como bancos, en hileras como cercas, tutores de cultivos de enredadera, en surcos intercalados con cultivos para la alimentación humana, en bandas de 2 a 3 hileras, separados por espacios mayores (20 a 30 m) en las vías, los cursos de agua, potreros o cultivos, o repartidos al azar en diferentes lugares.

Para el nacedero se procura labranza mínima, pero se deben manejar adecuadas distancias de siembra: 80 cm entre surcos y 50 cm entre matas. Se recomienda, además, el establecimiento de leguminosas rastreras en el medio como el maní forrajero, con el fin de facilitar el control de malezas y conservar la humedad del suelo después del corte.

Para asociar o acompañar las diferentes especies se debe tener en cuenta el espacio físico, los requerimientos nutricionales, la tolerancia a la sombra y el tiempo requerido para la producción de forraje. (Lea: Conozca estas ventajas del esquema regenerativo que le abren la puerta al comercio internacional)

Se debe medir el terreno donde se sembrarán los árboles, así como las condiciones de pendiente, tipo de suelo, vegetación asociada, fuentes de aguas vecinas y nivel freático, dado que el trazado para siembre depende de estos factores. En zonas planas se hace en cuadro o en triángulo, mientras que en pendientes las curvas a nivel son imprescindibles para prevenir la erosión.

Los hoyos dependen del tamaño de los árboles por sembrar. En general, no deben ser inferiores a 20 x 20 x 20 cm³. En terrenos pobres o compactados, deben ser de 40 x 40 x 40 o más. Al momento de la siembra se incorpora una fuente de materia orgánica pura (compost, cama de pollo, gallinaza) o mezclada con tierra negra. En terrenos ácidos, la mezcla se enriquece con la cal agrícola y una fuente de fósforo.

En la actualidad se pueden conseguir comercialmente mezclas de micorrizas, en forma de suelo inoculado, que pueden ayudar al establecimiento de sistemas radiculares vigorosos. Es posible también establecer bancos locales de micorrizas nativas, o aplicar suelo y mantillo de hojarasca de árboles nativos maduros que las contengan.