Tras un 2025 marcado por crisis diplomáticas, presiones cambiarias y altos costos, el sector floricultor se alista para un nuevo año de desafíos. La recuperación de la confianza para invertir, la relación comercial con Estados Unidos y la sostenibilidad de largo plazo estarán en el centro de la agenda.
La floricultura colombiana llega a 2026 con aprendizajes profundos y retos aún latentes. Luego de un año en el que todo estuvo en juego, el sector demostró capacidad de adaptación frente a un entorno económico y geopolítico adverso, pero ahora enfrenta un panorama que sigue cargado de incertidumbre. La evolución de las relaciones comerciales internacionales, especialmente con Estados Unidos, el contexto electoral nacional y las presiones sobre la tasa de cambio y los costos de producción marcarán el pulso del próximo año. (Lea en CONtexto ganadero: Dos floricultoras fueron premiadas por sus aportes en educación y restauración ambiental)
De acuerdo con el balance presentado por la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), el 2025 fue “particularmente retador”, debido a la crisis diplomática con Estados Unidos, la imposición de aranceles, la revaluación del peso y un entorno internacional inestable, factores que afectaron a un sector que destina más del 80% de sus exportaciones a ese mercado. A esto se sumaron incrementos en los costos de producción, muy por encima de la inflación, y un clima que no siempre jugó a favor.
Resiliencia como punto de partida
En medio de ese escenario, la floricultura respondió con resiliencia probada y liderazgo gremial. Asocolflores destacó que el sector logró sacar adelante las dos temporadas más importantes del año, San Valentín y el Día de la Madre, manteniendo la calidad de las flores de exportación y negociando con la cadena de valor, incluso absorbiendo parte de los impactos económicos. Esta capacidad de respuesta permitió registrar indicadores de crecimiento en un año marcado por la incertidumbre.
El impacto social también fue un factor clave. Pese a la presión económica, el sector sostuvo más de 240.000 empleos formales, consolidándose como uno de los principales pilares del empleo rural en Colombia. “La floricultura reafirmó su compromiso como empleador, actor económico y miembro activo de las comunidades donde desarrolla su actividad”, señaló el gremio en su informe.
Competitividad e inversión en la mira
De cara a 2026, los desafíos no desaparecen. Asocolflores advirtió que, además de la volatilidad cambiaria, los costos y los aranceles, será clave recuperar la confianza para la inversión en un contexto de incertidumbre política y económica. Garantizar condiciones de competitividad y sostenibilidad de largo plazo será determinante para que el sector mantenga su proyección exportadora y su aporte al desarrollo rural.
En este escenario, el gremio anunció que continuará liderando una agenda enfocada en proteger el empleo formal, fortalecer la competitividad y consolidar una floricultura social y ambientalmente responsable. La sostenibilidad, que en 2025 se tradujo en el fortalecimiento del sello Florverde Sustainable Flowers y en el reconocimiento internacional de las buenas prácticas del sector, seguirá siendo un eje estratégico para responder a las exigencias de los mercados y a las expectativas de los consumidores.
Un sector clave para el país
Con la mirada puesta en 2026, la floricultura colombiana enfrenta un año exigente, pero parte de una base sólida construida en medio de la adversidad. La combinación de liderazgo gremial, compromiso social y apuesta por la sostenibilidad será crucial para navegar un entorno internacional complejo y para que las flores de Colombia sigan siendo un referente global, incluso en tiempos de incertidumbre.



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