Alfonso Santana Díaz

Ahora, a paso de vencedores

Por Alfonso Santana Díaz - 15 de Julio 2026


Indudablemente el presidente electo tiene claro el mapa del sector rural, sus falencias, ventajas y potencialidades, y ha colocado al frente de la cartera de Agricultura y Desarrollo Rural a Indalecio Dangond Bautista (electo), un conocedor del sector con amplia experiencia que ha expresado en extenso, la problemática de la ruralidad colombiana.

Tal como señala el portal de defensoresdelapatria, el campo se encuentra en un estado de abandono crítico, carente de las condiciones mínimas de seguridad, respeto a la propiedad, acceso a crédito, implementación tecnológica e infraestructura básica.

Ante esta realidad, De La Espriella se ha propuesto implementar una transformación profunda de la política pública rural, estructurada sobre diez decisiones fundamentales orientadas a convertir el territorio en una Patria Milagro.

Decisiones’ es aquí la palabra clave frente a propuestas que han permanecido inanes en gobiernos anteriores, porque no han logrado transformar realmente al sector rural. Palabra que viene con la promesa de un valor agregado que diferencia su estilo de gestión e impone una impronta: gerencia basada en resultados y en el empoderamiento del ciudadano.

En otras palabras, cada quien con su responsabilidad. Y de ahí que los gobiernos regionales sean promotores y ejecutores de sus mismas propuestas. No en vano en su periplo por las gobernaciones ha señalado una directriz clara: ordenamiento productivo, crecimiento de la productividad y resultados, para que las regiones rurales puedan generar alimentos de calidad y competir globalmente.

La otra arista de este direccionamiento es la paz y el progreso social. La combinación producción-paz-progreso social le otorga al campo una función clave, no sólo en términos de producción de alimentos, sino como base para la paz y la estabilidad social. De ahí que un eje fundamental para el desarrollo del campo colombiano sea la revolución agraria como motor de abundancia.

Al ministro Dangond le corresponde, además de desmontar la maraña de normas que inmovilizan la gobernabilidad de este ministerio, enrutar esas decisiones y directrices con el mismo derrotero, empezando por temas gruesos como el del ordenamiento productivo, que, bajo otro objetivo, el gobierno actual impuso a través de las APPA (Áreas de Protección para la Producción de Alimentos), las ZPPA (Zonas de Protección para la Producción de Alimentos) y otras, derivadas del Acuerdo de Paz. Eso es un nudo gordiano, así como el de la formalización de la propiedad rural y el redireccionamiento de la fracasada reforma agraria.

Desde luego su misión es el de elevar la productividad nacional mediante la técnica, el crédito oportuno, el riego, la escuela de emprendedores, y un largo etc. que incluye la coordinación con otros ministerios para la construcción de vías terciarias y la protección del productor frente a las estructuras criminales.

Para el sector ganadero bovino hay muy buenas noticias. Además de promover la ganadería regenerativa dentro de la expansión de la frontera productiva con la creación del ‘Matto Grosso Colombiano’, Dangond aseguró, antes de ser ministro electo, en una entrevista en Semana, que “En el Gobierno de Abelardo De La Espriella pondremos en marcha un gran programa de reforestación ganadera. Si cada ganadero siembra solo 1 hectárea de árboles, Colombia podrá establecer 650.000 hectáreas en un año y, en cerca de dos años, generar ingresos mediante la venta de bonos de carbono”. Es un gran salto que ha venido pidiendo a gritos el gremio ganadero, aunque, a decir verdad, las cifras del hoy ministro electo están un poco desatinadas.

Hoy podemos decir que contamos con los lineamientos de una política rural estructurada, seria, con un norte definido y con un gobierno dispuesto a tomar decisiones. A partir del 7 de agosto hay que pasar del ‘firme por la patria’, al de ‘Paso de vencedores’, para llegar a la ‘Patria milagro’. Esa es la gran esperanza.


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