Viendo las dolorosas imágenes que dejó el frente frío lluvioso que afectó algunas regiones del país, vino a mi mente esa profunda reflexión que nos hacemos en el sector agropecuario.
Definitivamente, una de las materias perdidas es el manejo del agua. En Colombia no sabemos manejar los niveles de disponibilidad de agua que la naturaleza nos brinda. Somos privilegiados tanto en niveles de precipitación como en existencia de cuerpos de agua. Y esas dos condiciones deberían ser aprovechadas para mejorar la productividad del sector.
Existen en Colombia varios distritos de riego y drenaje —sistemas de irrigación y control de aguas— que, terminados adecuadamente, serían fundamentales para lograr ese objetivo.
El distrito de riego del río Ranchería, en La Guajira, abarca cerca de 18.500 hectáreas, con ese gran reservorio que es la represa del Cercado, que cubriría los municipios de Distracción, Barrancas, Fonseca y San Juan del Cesar. Fundamental la terminación de los ramales sobre los ríos San Juan y Ranchería.
El distrito de riego del Triángulo del Tolima, que baña cerca de 19.000 hectáreas de los municipios de Purificación, Coyaima y Natagaima, y que está parcialmente terminado. Aprovecharía el potencial del río Saldaña para consolidar este triángulo productivo.
El distrito de riego de Marialabaja, en Bolívar, con operación parcial y que abarca un área potencial de 18.000 hectáreas. Tiene influencia en los municipios de Marialabaja, Arjona y Mahates, en Bolívar, e incluso San Onofre, en Sucre. Hay que destacar que allí está el primer proyecto de alianzas productivas para la paz desarrollado en el país. La palma de aceite ha llevado esperanza a muchos productores de la región. Es necesaria la rehabilitación de cerca de 10.000 hectáreas para completar su operación total.
El distrito de mediana irrigación de Tesalia–Paicol, en el Huila, que aprovecharía las aguas de los ríos Magdalena y Páez para llevar agua a las tierras de los municipios de Tesalia y Paicol, en el Huila, y Páez, en el Cauca. Fundamental terminar los estudios de factibilidad y avanzar en la concertación con las comunidades indígenas de la región. Abarca 3.800 hectáreas que harían de esta una región productiva.
Proyectos productivos muy importantes en palma de aceite, limón y cacao se adelantan también en el departamento del Atlántico y abarcan las tierras de los distritos de riego de Repelón y Santo Tomás El Uvito. Allí, de la mano de la Gobernación y la empresa privada, se viene adelantando un proceso de recuperación de los mismos, bien interesante.
Importante mencionar también la gran cantidad de sistemas de pequeña irrigación distribuidos a lo largo y ancho del país que necesitan de un apoyo para el mantenimiento y operación. Asimismo, departamentos como el Meta y el Casanare poseen tierras con gran vocación agropecuaria, pero con inmensas necesidades de riego y drenaje para facilitar su productividad.
Siempre la gran disculpa para sacar adelante estos proyectos es la disponibilidad de recursos. En este sentido y a futuro, debería pensarse en recomponer la relación con Israel. Es este país quien mejor maneja el agua en la agricultura. No en vano se les conoce por los “kibutz”, que son comunidades agrarias ubicadas en el desierto y que se han centrado en el manejo del agua para la generación de su productividad; con ellos han logrado altas producciones en medio del desierto. Un modelo de cooperación con este país es fundamental para fortalecer la construcción y operación de distritos de riego en Colombia, como los mencionados en esta columna.
Asimismo, evaluar las condiciones de la tasa por uso del agua en diferentes regiones, asignación de recursos a las asociaciones de usuarios para mantenimiento y sistemas de concesión a privados también podrían fortalecer la capacidad de uso del agua para el sector agropecuario en el país.
El agua es vida: donde cae una gota brota una planta o nace el pasto. Colombia no puede seguir aplazando la necesidad de aumentar su productividad con un manejo adecuado de las fuentes de agua que posee. Visión y voluntad política son necesarias. Y recuerden: no en vano muchos hemos dicho que agricultura se escribe con A de agua.
Nota. Toda nuestra solidaridad con las familias afectadas por las inundaciones en diferentes regiones del país. ¡Las paradojas de la vida!


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