¿Disruptivo pero insostenible?

Por: 
Miguel Gómez Martínez
23 de Agosto 2019
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"Nadie lo puede dudar: atravesamos un momento de profundos cambios económicos".

Nadie lo puede dudar: atravesamos un momento de profundos cambios económicos. Nuevos negocios surgen, a medida que la revolución tecnológica se consolida. La generalización de la inteligencia artificial nos lleva a concluir que, en algunas décadas, cientos de actividades desaparecerán en un mundo cada vez más robotizado y automatizado.

 

Al respecto, expertos como Bill Gates han advertido sobre los riesgos de esta probable evolución. “No entiendo cómo hay gente que no está preocupada por este tema” dijo el fundador de Microsoft. El fallecido físico Stephen Hawking señaló que la inteligencia artificial podría “significar el fin de la especie humana” mientras que Elon Musk, presidente de la célebre Tesla, dijo que “era un llamado al demonio”.

 

Más cerca de nosotros, estamos en el auge de lo que se denominan como “modelos de negocio disruptivos”. Los ejemplos clásicos son Uber, que ha modificado el negocio de la movilidad, o Airbnb, que afecta directamente sectores como el turismo, la recreación o la hotelería.

 

En Latinoamérica tenemos, en cada esquina, el caso de Rappi que redefine el negocio de gigantes como el Éxito, los restaurantes, farmacias y las ventas en casi todos los sectores. Las fintechs golpean al sector financiero y el listado se alarga a medida que se exploran otras áreas de la economía.

 

Desconocer que la tecnología, en la medida que se convierte en un factor de producción autónomo, ganará espacio en nuestras vidas y en el mundo económico no tiene sentido. Su carácter disruptivo es evidente y radical. Pero el hecho de que un negocio tenga un elevado componente de tecnología no lo hace necesariamente viable. La tecnología puede plantear nuevas alternativas de negocios y tiene la capacidad de transformar un modelo productivo. Pero ello no significa que la empresa sea sostenible.

 

Se le atribuye al gran empresario antioqueño Manuel Santiago Mejía Olarte la célebre frase: “Negocio que pierde plata todos los años, a la larga es malo”. Muy seguramente este patriarca no entendería la lógica de una empresa como Uber que, en su último semestre, acumulaba pérdidas por 5.100 millones de dólares y que no tenía ningún horizonte cercano de llegar a su punto de equilibrio. Es, en una escala inferior, el caso de Rappi.

 

Cuando se pregunta por la actitud de los accionistas frente a esta perspectiva de altas pérdidas acumuladas durante largos períodos de tiempo, la respuesta es que el negocio requiere profundizar en el mercado y tiene un enfoque diferente, que todavía no estamos entendiendo en toda su dimensión. Las pérdidas se acumulan consumiendo los capitales obtenidos como si fueran ilimitados.

 

Las respuestas a estas impresionantes pérdidas continuas están en la verdadera naturaleza del negocio. Ni Uber, ni Rappi, ni la mayoría de los negocios que hoy denominamos como disruptivos tienen como activo estratégico el servicio que proveen. El de Uber no es la movilidad, ni el de Rappi es eliminar la distancia entre el comprador y el vendedor. El negocio real es la información.

 

Transportar personas o llevar bienes a los consumidores no es rentable, pero la base de datos de los clientes es una mina de oro. Cuando los inversionistas se cansen de ver pérdidas venderán, con una monumental ganancia, la base de datos y cerrarán el negocio que genera las pérdidas.

 

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
[email protected]

 

Portafolio, agosto 20 de 2019