Desde una finca en Córdoba, esta adolescente desafía los moldes del sector ganadero, liderando desde su experiencia y pasión un movimiento de jóvenes cebuistas que ya influye en el presente y el mañana del campo colombiano. Su historia pone en evidencia el costo de ignorar el relevo generacional y el rol vital de las mujeres en el desarrollo rural.
A sus apenas 13 años, María Antonia Torres ya es reconocida en el sector ganadero colombiano como un referente del relevo generacional. Estudia en un colegio rural, cursa séptimo grado, y desde los 11 años forma parte activa de Fuerza Cebuista, un programa nacional que prepara a los futuros jueces ganaderos del país.
Lo que empezó como una herencia familiar se ha transformado en una misión de vida. (Lea en CONtexto ganadero: ¡Con botas y celulares! Los jóvenes que están revolucionando el campo colombiano llegaron a Agroexpo)
María Antonia representa la cuarta generación de una familia de mujeres ganaderas. Su madre, su abuela y su bisabuela han estado vinculadas al sector. Su abuelo lidera Santa María, una ganadería dedicada al guzerá, raza que ella admira y defiende por su rusticidad, capacidad lechera y adaptación al trópico colombiano.
Para la joven ganadera, “la ganadería es lo que fue, lo que es y lo que será Colombia”, destacando la importancia del campo como eje de identidad y desarrollo del país.
María Antonia fue parte del programa Echando Raíces de la Asociación Colombiana de Criadores de Ganado Cebú (Asocebú), y actualmente es la integrante más joven de Fuerza Cebuista. Ingresó cuando tenía 11 años, en un grupo donde la mayoría eran adolescentes de 15 y 16. Hoy, casi tres años después, es la imagen representativa de los jóvenes del programa a nivel nacional.
Para ella, el valor del programa radica no solo en lo que se aprende de los adultos, sino en el intercambio entre jóvenes de distintas regiones, razas de ganado y métodos de manejo. De acuerdo con María Antonia, “no en todas las ganaderías se hace igual. Nos nutrimos de esas diferencias”.
La escuela y la vaquería
Su día empieza antes de las 6:00 a. m., cuando se alista para ir al colegio en la ciudad. Sale de clases a las 3:00 p. m. y, si no tiene entrenamiento de vaquería, llega a la finca para hacer el recorrido de los animales, observar su estado, y asegurarse de que todo esté en orden.
La vaquería es más que un deporte para ella, es una disciplina que canaliza su amor por el ganado desde otra perspectiva. Aunque la practica formalmente desde este año, ha estado presente en su vida desde siempre. Según María Antonia, “desde muy pequeña me inculcaron la vaquería y siempre me ha gustado”.
Logros familiares
La ganadería Santa María, donde ha crecido, es reconocida por la crianza de ganado guzerá. La elección de esta raza se trata de una línea genética ideal para climas cálidos y producción lechera, lo que la convierte en una apuesta estratégica para muchas ganaderías del trópico bajo colombiano.
Uno de los grandes hitos para su familia fue lograr un récord de producción de leche con esta raza. María Antonia lo vive con orgullo y como una prueba de que el trabajo bien hecho en el campo rinde frutos.
Es por esto que el papel que ha jugado María Antonia no solo ha sido como aprendiz, sino como vocera e inspiración para otros niños y jóvenes que aún no han descubierto su lugar en el campo. Ella cree firmemente en el poder del ejemplo y en la necesidad de inculcar desde la infancia el amor por la tierra.
Según esta ganadera, “los adultos y los jóvenes deben estar siempre pendientes del campo, que es muy lindo. Y eso de que cuando uno es grande no aprende es mentira. Siempre se aprende”. (Lea en CONtexto ganadero: Jóvenes ganaderos siguen el legado de sus padres en Santander)
Finalmente, su aspiración es ser juez de ganado brahman. No sueña con estudiar fuera del país ni cambiar de vida. Su norte está en el campo, entre ganado, ordeños y pistas de juzgamiento.