Crónica de un concurso de belleza de vacas lecheras

Por: 
Juan Antonio Pérez
25 de Agosto 2014
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concurso de belleza de vacas
En el mundo frisón los concursos se organizan por edades. Terneras, novillas y vacas. Foto: abc.com.
Uno se va entusiasmado a Talavera de la Reina porque, entre otras cosas, dicen que hay un concurso de belleza femenina.
 
Aunque el nombre técnico sea Open de Ganado Frisón. La perspectiva es inmejorable y no la para el hecho de que esas féminas sean unas vacas lecheras de 700 kilos. Hembras son hembras. Siempre.
 
Lo primero que se descubre al llegar al Talavera Ferial es que este es un mundo de hombres. Hay mujeres sí, pero huele a macho. A vestuario de equipo de fútbol tras dejarse el alma en el campo. Al fondo se vislumbra la pasarela, aquí llamada rodeo. En él las vacas desfilan con su galán, rodeadas de fotógrafos, mientras un señor de corbata y traje impecable las mira de arriba a abajo: es el juez, Paulino Badiola. Un mito en el mundillo, el Julio Iglesias del vacuno. Asturiano, ha ganado 18 veces el título de mejor criador nacional y 7 el de la gran campeona (vacas). Sus animales producen 12 mil litros de leche al año, 38 al día. Un no parar. (Crónica: Manuela, la vaca más grande del mundo está en Antioquia)
 
Tras desfilar el ganado varias veces por el rodeo, obliga a las participantes a ponerse de culo y de lado antes de elegir. Se valoran las ubres (cuatro a falta de dos), las caderas, las patas, la separación de costillas... en definitiva, la morfología. Pese a ello, esto no es como Miss España, donde el peso es fundamental. Aquí esas cosas están superadas. El peso, dice Badiola, es relativo. Lo que realmente importa es la condición corporal para que luego tengan facilidad de parto y produzcan la mayor leche posible. Y eso las que mejor lo hacen son las más bellas, a diferencia de la creencia generalizada de que no se puede ser guapa e inteligente a la vez (sin que ningún estudio lo haya probado).
 
En el mundo frisón los concursos se organizan por edades. Terneras, novillas y vacas. Estas últimas divididas en jóvenes, menores de 3 años; intermedias, entre 3 y 5 años; y adultas, a partir de 5. Algo que se aprende de estos animales, es que si son madres, mejor. He parido 2, 3, 4 veces; obligado decirlo al presentarse. Como debe de ser. Aunque, ojo, no conviene pasarse de maduras. «Generalmente la joven va desbancando a las más mayores porque está menos desgastada», dice Badiola.
 
Otra cosa que por muy principiante que seas no se te pasa por alto, es que la vaca manda. Vienen entrenadas de casa, pero se mueven como ellas quieren. Aunque luego les digan a sus amigas que estaban deseando. Eso sí, que sean presumidas no quiere decir que no exista el amor propietario-vaca. Mientras desfilan suena música propia de Madrid Fashion Week, pero viendo los ojos de algunos se echa de menos aquello que cantaban Los Chungitos: «Pues me he enamorado, y te quiero y te quiero, y solo deseo, estar a tu lado...».
 
También por estos lares se dejan caer los políticos. Están poco, eso sí. Una foto y a casa. Pero existe la sensación de que nunca se van del todo. Como esas madres que pasan sin llamar al cuarto de sus hijos adolescentes y la nuera de turno, y al marcharse avisan desde la puerta: «Cuidado que os estoy vigilando». Por cierto que estos concursos son para los jóvenes como todo en la vida. Hay algunos a los que les guían mientras pasean a su ternera, pero son los menos. La mayoría aprenden experimentando ellos mismos. (Lea: De la cantina al vaso, así se produce la leche que usted se toma)
 
Claro que los que presumen de doncella son unos afortunados. Si la organización dice que por el Talavera Ferial han pasado unos 4.000 ganaderos y en los concursos solo participan 102 vacas, la proporción es que pilla cacho uno de cada 40. Tampoco es para quejarse. Seguro que están hartos de ir a discotecas en las que el percal es bastante peor.
 
Total, que entre amores correspondidos y promesas eternas, eligen a la ganadora. Allí está el ganadero, orgulloso, sonriendo de manera cómplice a su «joyita». Emociona de verdad. Tanto que dan ganas de abrazarle y preguntarle muy bajito: «¿Cuántos pretendientes tiene? Es para ponerme a la cola». O como se le escapa a un espectador: «Es que esto es la hostia».
 
Tomado de: abc.es