Cuando la ganadería toca a la puerta, ¿destino o casualidad?

Por: 
Óscar Segura Reyes
11 de Marzo 2013
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Custodia Roldán, ganadera de Casanare
Los primeros cursos que tomó Custodia Roldán fueron sobre ‘Empresarización de pequeños productores ganaderos’. Foto: Sofía Henao / Fedegán
El amanecer soleado de aquel 16 de febrero de 2009 invitaba a abrir las ventanas desde muy temprano. Era sábado, pero no todo parecía tan amigable para María Custodia Roldán Contreras, como el día que empezaba a abrirse. Su esposo había fallecido hacía muy poco, por cuenta de una penosa y larga enfermedad.
 
Para esta mujer, de 51 años de edad, los días en que solamente visitaba la finca 'Sierra Morena - Alborada' cada fin de semana para escoger qué novilla sería sacrificada y luego sazonada al gusto en un concurrido asado familiar, habían quedado atrás. Doña Custodia debía hacerse cargo de una enorme responsabilidad: la finca que su esposo había forjado durante muchos años. Pero en aquel entonces, su conocimiento en torno a temas ganaderos era insipiente, casi nulo. A duras penas reconocía el sabor de una carne bien preparada. Jamás se había interesado por los quehaceres de su marido. Pero esa ausencia, se había convertido en necesidad y a la vez en una oportunidad de aprender cosas que posteriormente cambiarían su vida por completo.
 
No conocía de ganadería y pocas veces se había involucrado con las labores del campo, a pesar de que en abril de 1962 nació en un hogar  de origen campesino. Pero aquella calurosa mañana de febrero, doña Custodia tuvo algo muy claro: no podía acabar ni echar al traste todo lo que su esposo había construido, una finca de 200 hectáeras, sostenida durante varios años y que a lo mejor podría convertirse en el sustento de toda la familia. ‘De ganadería lo único que sabía era qué novilla iba a escoger para comerme en el asado, pero ahora, poco a poco he ido aprendiendo de forajes, suplementos, genética y reproducción de la mano de los que más saben’, cuenta Custodia Roldán. (Lea aquí -De camino a la excelencia-)
 
Esta mujer, madre de dos hijas, vivía en Sogamoso, donde se dedicaba a la confección y el diseño de modas, para eso había estudiado y era lo que mejor sabía hacer. Pero el emprendimiento y las ganas de mantener vivo el proyecto que su marido empezó algún día, la llevaron a alternar esta actividad con los cuidados de la finca. Empezó a viajar cada 5 días al predio, ubicado a tan solo 20 minutos del casco urbano de Tauramena, Casanare, en la vereda Cabañas.
 
Luego, producto de la necesidad y las obligaciones, empezó, ella misma, a almacenar la producción lechera, cargarla en tanques y llevarla, puerta a puerta, por las fincas y casas vecinas para venderla y sostener la producción. ‘Fue un año entero en el que tuve que rebuscarme las oportunidades y los clientes, no fue nada fácil y con la tristeza que me embargaba en ese momento, menos. Pero así logramos ir saliendo adelante’, explica doña Custodia con un poco de melancolía. En ese año empezaron a pagarle el litro del lácteo a $1.000 y al final le daban cerca de $1.200. ‘Esa fue mi tabla de salvación’, asegura Roldán Contreras.
 
 
 
Pero durante ese 2009, vender leche no fue lo único a lo que se dedicó. María Custodia recibió consejos de amigos y vecinos ganaderos y empezó a asesorarse de entidades como la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán; el Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena; y la administración municipal con el firme propósito de empresarizar la finca. La costura, la confección y el diseño de modas fueron quedando atrás.
 
Los primeros cursos que tomó, según recuerda, fueron sobre ‘Empresarización de pequeños productores ganaderos’. Para ella, ese fue el verdadero comienzo de una nueva etapa en su vida. ‘Yo me supe asesorar y aprender de los que más saben y ellos me vincularon de la mejor forma a estos programas’, dice la productora de Tauramena. Ese proceso duró cerca de 4 meses, tiempo en el cual viajaba cada fin de semana desde Sogamoso.
 
Así las cosas, a comienzos de 2010 se empezaron a ver los resultados de aplicar juiciosamente cada cosa que iba aprendiendo. La salud de los animales, el mejoramiento de pasturas, buena calidad genética de terneros y dietas mineralizadas para los bovinos eran muestra del empeño y la disciplina que doña Custodia ponía en su labor diaria.      
 
Con todo esto, cinco meses después de estar  viuda y al frente de la finca, decidió radicarse por completo en el campo. Aquello se convirtió en su prioridad, en su estilo de vida, quería aprender mucho más y le había tomado cariño a las labores; por eso no lo pensó dos veces. "Hoy en día estoy segura de que no quiero regresar a la ciudad, espero quedarme acá por mucho tiempo, no tengo nada que ir a hacer allá. Este es mi mundo", explica Custodia Roldán llena de confianza y seguridad.
 
El momento de irse a vivir al campo significó para esta mujer luchadora y berraca, como la catalogan sus amigos; un nuevo comienzo y la oportunidad de regresar a sus raíces, a sus orígenes. ‘En la ciudad me sentía enjaulada, siempre fue así. Cuando mis hijas vivían conmigo en Sogamoso había motivos para estar allí, pero una vez se fueron para Bogotá a trabajar todo me fue mostrando que este era mi lugar’, señala. 
 
Un ejemplo de excelencia
 
En agosto de 2010 se llevó a cabo el primer Círculo de Excelencia, del cual participó Custodia Roldán, desde allí pudo aplicar nuevas estrategias para consolidar procesos, optimizar recursos e identificar tecnologías que le aportaran a su empresa ganadera. En este momento en Tauramena existen 40 fincas certificadas libres de brucelosis y tuberculosis. ‘Esto nos ha servido como ejemplo para mostrarle a los demás ganaderos de la región que si se puede’, señala.
 
As mismo, en el departamento de Casanare existen 8 fincas certificadas en BPG (Buenas prácticas ganaderas) lo cual habla muy bien de la labor de Fedegán, el Sena, la Alcaldía de Tauramena y la Gobernación de Casanare. (Lea acá -Casanare camina hacia la empresarización ganadera-)
 
Por su parte, doña Custodia ha recibido dos visitas en el marco de los Círculos de Excelencia, la primera a comienzos de 2012 donde ella presentó el predio, así como las fortalezas y oportunidades de mejora del lugar, y en una segunda visita, llevada a cabo a finales de febrero de este año, los ganaderos hicieron una evaluación del lugar, vieron los registros y quedaron asombrados. ‘Esta es una finca que tomamos como ejemplo de emprendimiento en todo el país, el desarrollo ha sido increíble y auspicioso’, asegura Henry Amaya, profesional en gestión productiva y salud animal de Fedegán.
 
 
Como él, que ha acompañado muy de cerca el proceso de empresarización de la Sra. Roldán, otros ganaderos la definen como una mujer ‘echada pa’ lante’, ejemplar y muy disciplinada. ‘Yo no me como esos cuentos, porque no vivo de eso; pero si me siento halagada y me siento bien, quizás a la altura de muchos de ellos que llevan años en esto’, indica Custodia.   
 
Esta ganadera, que llegó al mundo pecuario por casualidad y casi por cuenta del azar, tiene actualmente en su hato 239 cabezas de ganado, entre Cebú, Normando, Pardo Suizo y Simmnetal; casi 70 cabezas más de las que tenía hace 4 años cuando todo empezó. Ahora ha sembrado caña de azúcar, plátano, aguacate y maíz; hace 4 años no había nada de eso. Además los índices de natalidad en la finca se han duplicado, mientras hasta 2008 no pasaban de 28 por año, hoy en día el promedio supera los 60 nacimientos de animales por año.
 
‘La verdad es que en varias ocasiones tenemos que sacar vaquitas y venderlas o hasta regalarlas porque la comida no me alcanza para sostener los índices de natalidad que manejamos ahora’, dice con orgullo la productora.
 
La finca, que ahora es una gran empresa, como dice Amaya, profesional de Fedegán, merece una alta calificación por la calidad de sus bosques, genética bovina y cadena productiva, es la fuente de sustento para Custodia y sus hijas; la mayor actualmente estudia en el exterior y la menor pronto se graduará como profesional en Bogota.
 
Mejorar la genética de las hembras que nacen, potencializar la calidad de las proteínas que produce y montar un vivero de leguminosas forrajeras son los planes que tiene, en el mediano plazo, esta mujer que muchos en la región relacionan con adjetivos como dedicación, coraje, decisión y disciplina. Además, 'Sierra Morena - Alborada' espera convertirse en una finca autosostenible ambiental y económicamente, así como ser certificada en BPG. (Acá -Cículos de excelencia: una ruta de modernización ganadera-)
 
Custodia Roldán Contreras jamás se ha perdido una capacitación en estos 4 años y a pesar del bajonazo espiritual y emocional que vivió tras el fallecimiento de su esposo, ahora todo lo que hace a diario es gratificante. ‘El contacto con la naturaleza no se compara con nada, estas finca lo es todo para mi y espero no tener que regresar a la ciudad, porque quiero invertir lo que me queda de tiempo y vida en esto’.