CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
La fórmula ganadera que convirtió dos novillas en un referente nacional

Foto: Hacienda El Morro

Ese trayecto al que se refiere empezó con pocos vientres, una donadora, dos novillas puras a finales de 2006 y cerca de cinco vacas en 2007.

cronica

Despacio, pero con método, así empezó Hacienda el Morro y hoy es referente en ganadería

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

Álvaro Velázquez, cuarta generación de una familia ganadera en Planeta Rica le contó a CONtexto ganadero las claves detrás del proceso para convertirse en un proyecto referente en el país. El éxito no radico en arrancar con grandes capitales, sino en tomar decisiones técnicas, ordenar las cuentas y entender la finca como empresa.

Álvaro Velázquez, cuarta generación de una familia ganadera en Planeta Rica le contó a CONtexto ganadero las claves detrás del proceso para convertirse en un proyecto referente en el país. El éxito no radico en arrancar con grandes capitales, sino en tomar decisiones técnicas, ordenar las cuentas y entender la finca como empresa.


En Planeta Rica, Córdoba, Hacienda El Morro construyó una historia que contradice una creencia frecuente del sector: que para entrar al negocio de la genética élite se necesita una inversión millonaria desde el primer día.

Álvaro Velázquez, industrial pecuario, recuerda que el proyecto comenzó entre 2006 y 2007 con apenas dos novillas puras, algunas vacas y una decisión familiar: crecer despacio, pero con método. (Lea en CONtexto ganadero: ‘Basílica’, la vaca guzerá que hizo historia en Montería con 41,97 litros por día. Así lo logró)

Pero antes de hablar de genética, rentabilidad o centros de costos, Velázquez vuelve a la infancia. Su relación con el campo no nació en una oficina ni en una feria ganadera, sino en las fincas familiares, donde pasó buena parte de su niñez en los años noventa.

“Soy cuarta generación de ganadero: mi bisabuelo, mi abuelo, mi papá y yo veníamos de una época en la que no había grandes comodidades ni planes sofisticados”, relató a CONtexto.

“No había piscina, ni Netflix, nada de eso. Era plan de finca todo el tiempo”, recalcó.

Y fue esa formación temprana la que marcó su manera de entender el negocio. A los 18 años, su padre le puso una oportunidad sencilla sobre la mesa: un negocio ganadero que salió bien y con el que ganó algo de dinero y que lo dejó, como él mismo lo describe: “enganchado”.

Años después, tras graduarse como industrial pecuario de la Universidad de La Salle, en Antioquia, Velázquez llegó a la Costa en 2006, en el justo momento en el que el grupo familiar recibió un predio bien ubicado en Planeta Rica, con buena infraestructura, y que le hizo surgir la pregunta que define muchos negocios rurales: ¿qué hacer con esa tierra?

Eran tiempos en los que la familia ya tenía unidades dedicadas a ganado comercial, cría y ceba.

Entonces no fue difícil tomar la decisión de iniciar un programa de ganado puro, aunque había dos caminos para hacerlo: comprar animales de alto valor con una gran chequera o construir el proyecto con paciencia.

Nosotros no teníamos la chequera, entonces decidimos el camino largo”, recordó.

Ese trayecto al que se refiere empezó con pocos vientres, una donadora, dos novillas puras a finales de 2006 y cerca de cinco vacas en 2007.


Estrategia a largo plazo


La familia compró receptoras de embriones e hizo alianzas con ganaderías de diferentes razas, entre ellas brahman blanco, brahman rojo y gyr.

Durante los primeros años compararon resultados, estudiaron la respuesta comercial de cada raza y analizaron la oferta y demanda dentro del negocio.

Con el tiempo, la raza gyr terminó ganando espacio en el inventario por su perfil doble propósito.

El nombre de la ganadería también recogió esa visión. Según Velázquez, buscaban una identidad que hablara de cebuinos, carne y leche. Entonces se ideó su hierro formado con dos C y una L en forma de árbol, lo que simboliza una filosofía de crecimiento permanente: lento, pero seguro.


Campo y empresa


Para Velázquez, el mayor diferencial no está solo en tener buenos animales, sino en administrar la finca como una empresa. Ahí aparece la tesis central de su experiencia: una ganadería pura puede ser exitosa sin una fortuna inicial, pero no sin organización y método. (Lea en CONtexto ganadero: Ganadería de Córdoba fortalece su capital humano con Escuela de Mayordomía de Fedegán)

“Este negocio tiene que ser sostenible. Nosotros somos cien por ciento ganaderos, y cada una de las unidades de negocio de la empresa tiene que ser sostenible”, afirmó.

Eso ha implicado centros de costos, análisis de información, estructura de ventas y toma de decisiones con datos. En su visión, el productor debe saber cuánto gasta, cuánto vende, a quién le vende y qué margen real le queda.

Por eso habla de sistematizar servicios, palpaciones, partos, ganancias de peso, destetes, producción de leche y lactancias completas. Esa información permite corregir errores, proyectar inversiones y evaluar si una unidad productiva realmente funciona.

También reconoció que la genética pura exige más desembolso que el ganado comercial. Un animal puro requiere más cuidado, mejor atención al cliente, infraestructura más exigente y seguimiento permanente.

Pero destaca que ese mayor costo puede convertirse en valor si existe una estrategia clara.


Diversificar y resistir


Otra lección que deja Hacienda El Morro es la importancia de no poner todos los huevos en la misma canasta. Para Velázquez, la diversificación dentro del negocio ganadero permite resistir mejor los ciclos del mercado.

En ese sentido amplió que no se trata necesariamente de tener una finca para cada actividad, sino de buscar equilibrio entre diferentes rubros. Si una línea afloja durante un periodo, otra puede sostener el flujo de ingresos.

Esa estabilidad también permite mejorar infraestructura, ofrecer mejores condiciones laborales y consolidar equipos más comprometidos. “Tener un equipo de trabajo sólido, que no rote mucho, que sea muy estable, para mí es fundamental”, sostuvo.

Su fórmula no promete caminos fáciles. Habla de foco, esfuerzo, información, bienestar animal, buenos procedimientos y empleo responsable.

También de una motivación que, según él, sirve tanto para la finca como para la vida: “Acostarse tranquilo y levantarse motivado”.