La ganadería en Colombia encontró soluciones en la naturaleza

Por: 
The Nature Conservancy
24 de Febrero 2020
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Cerca de la mitad de su predio es bosque conservado, y Mercedes planea aumentarlo poco a poco a medida que su producción lo permita. Foto: © TNC Colombia

Conservar y restaurar bosques está transformando la cultura y la economía de las familias ganaderas.

 

Mercedes Murillo es la dueña de la finca El Cimarrón y beneficiaria de Ganadería Colombiana Sostenible. Es prueba de que la conservación es una apuesta de vida que transforma la vida diaria y la productividad de su tierra. Para ella y los más de 50 predios beneficiados con el proyecto en el Meta, hay formas de mejorar sus prácticas ganaderas y abrir su abanico a otras actividades que no dependen de sus animales, sino de su trabajo constante. Esta práctica está transformando la ganadería en Colombia. (Lea: El proyecto Ganadería Colombiana Sostenible le cumplió al mundo)

 

La finca El Cimarrón tiene 19,5 hectáreas de tierra que Mercedes cuida con detalle todos los días. Además, cuenta con ocho hectáreas más de bosque conservado, del que Mercedes es responsable ante las autoridades ambientales regionales. La entrada al predio está aislada por el caño Corcovado y un camino destapado de unos dos kilómetros. Un puente inestable habilita el acceso cuando hay sequía, pero la vía se cierra cuando hay temporada de lluvias. Su casa está en una esquina del lote, con uno de sus bosques conservados como patio trasero. Aunque creció desde la tierra con el puro trabajo, la estructura se ha mantenido con el pasar de los años, y hoy por hoy es el hogar de Murillo y su familia.

 

El bosque conservado es lo que primero salta a la vista cuando se recorre el terreno de la finca. La exuberancia de su interior por momentos borra el recuerdo de pertenecer a una finca ganadera. La ganadería en Colombia no suele reparar en esto. Biodiversidad que había dejado de aparecer volvió a la zona gracias a estos esfuerzos de conservación. Mercedes tiene claro que las fincas con áreas de bosque conservado protegen la humedad del suelo, dando flexibilidad de acciones ante los cambios irregulares del patrón del clima. Gracias a esto, las sequías son más fáciles de resolver, y su impacto sobre los ecosistemas es menos intenso. Esto le permite mantener su ganado bien alimentado y saludable, se seque o se inunde la tierra a su alrededor.

 

Este conocimiento lo ha adquirido sobre la marcha, gracias al proyecto y su aporte a la ganadería en Colombia. Sin embargo, Mercedes descubrió una vena especial por cuidar sus animales. En sus esfuerzos de implementar medidas sostenibles, se convirtió en acreedora y responsable por la conservación de ocho hectáreas de bosque ante Cormacarena, la autoridad regional. Debido a esto, es una persona que tiene muy claro el objetivo de cada fragmento de su finca. A pesar de que casi la totalidad de las 19 hectáreas de su finca están destinadas a pastoreo y ganadería, ella está concentrada en conservar su bosque, y en proveerse a sí misma especies de maderables que, cuando están en proceso de descomposición, sirven como otra fuente de alimentación para ganado.

 

Producto de una alianza de múltiples instituciones, GCS ha sido un éxito para Mercedes porque la capacitación constante le ha dado a conocer las mejores formas de proteger a su ganado, pero, a diferencia de otros ganaderos, con una clara intención de protección al medio ambiente. La implementación del proyecto le ha mostrado que tiene una conexión más profunda con la biodiversidad, porque ella sabe que los árboles son necesarios para la vida. (Lea: Razones por las cuales los silvopastoriles le generan dinero)

 

Lo que más la ha impresionado de trabajar con estas medidas es que, en sus palabras: “todos los seres vivos están conectados; si yo cuido mis árboles, ellos protegen a mis animales, y así se benefician otros animales que viven ahí y yo también”. Mercedes trabaja para mejorar la salud y productividad de sus vacas, pensando en que no son solo sus vacas las que necesitan estar bien; es todo un ecosistema el que necesita y ha florecido con su ayuda. Si el beneficio en su finca es así de tangible, sería ideal llevarlo a toda la ganadería en Colombia.

 

Líder, ganadera y conservacionista

 

En la primera etapa del proyecto, Mercedes, una víctima del conflicto armado colombiano, llegó a San Martín, Meta, sin posesiones, pero motivada. “Al principio en este lote no había nada. Llegué y con ayuda de mi hijo montamos un refugio con plástico”, señala Mercedes, pausa y sigue: “Tengo que cambiar la madera de la casa, algunas de esas tablas están ahí desde que llegamos, hace más de diez años; esas tablas están ya podridas”. Lo dice con esperanza, pero con la resignación de saber que hay mucho trabajo por delante. No es tímida en reconocer que San Martín la hizo renacer y le dio un nuevo lugar en el mundo.

 

El proceso ha sido largo y complejo. Mercedes levantó su finca desde que era un potrero abierto, donde no había animales, casas, ni bosque conservado. Pasó de no tener nada a ser la presidenta de la asociación de ganaderos de la zona, Asogranja. “En la madrugada del día que llegamos acá a recibir estas tierras fundamos Asogranja, yo quedé como socia y como presidenta”, cuenta sobre su liderazgo en la comunidad. La entonces presidenta de la asociación de ganaderos de San Martín era la principal motivadora del cambio en la tradicional cultura llanera, tan característica de la ganadería en Colombia. En su paso por Asogranja, Mercedes buscaba que las fincas no beneficiarias del programa GCS implementaran medidas de ganadería sostenible. Pero no tardó en encontrar un nuevo obstáculo.

 

Una comunidad escéptica, donde la pobreza es común y la ganadería y algunos cultivos como la sandía o la piña son vías para resolver la liquidez diaria, fue demasiado exigente para Mercedes, quien se desmotivó pronto de su rol como líder. “Aunque disfrutaba liderar, llevar grupos no se me da porque me toca renunciar a mi tierra, descuidarla, y eso no lo puedo permitir; no tengo tiempo de asistir a tantas reuniones y que aquí mi finca se me esté cayendo por estar desatendida”, comenta Mercedes con franqueza. Decidió volcarse sobre su finca al ver la falta de compromiso y los constantes ataques de sus vecinos. Poco después renunció a Asogranja y se mantuvo como socia, para mantener los beneficios y las capacitaciones, sin el difícil trabajo de convencer a los productores de transformar la ganadería en Colombia. (Lea: La culpa no es de la vaca)

 

Aunque Mercedes tiene planes muy claros y una visión ideal para el trabajo en su tierra, no le han faltado los obstáculos, que la frenan constantemente. A las dificultades de ser madre cabeza de familia en una cultura sexista, Mercedes tuvo que sumarle obstáculos que le han impedido un progreso más rápido en el marco del proyecto: la falta de recursos líquidos no le permite plantar y cercar su tierra tanto como necesita para potenciar su trabajo de reducción de impacto.

 

La falta de recursos es el catalizador de una serie de problemas que tienden a crecer con el tiempo. Si Mercedes no tiene dinero para pagarles a los jornaleros que pueden hacer más eficiente el trabajo de la tierra, se ve obligada a hacer el esfuerzo de varias personas ella sola. Todos los días. La leche que logra extraer, además, es difícil de transportar hasta donde la puede vender. La finca tiene problemas de acceso que no le permiten comunicarse fácilmente con lo que ocurre fuera. Por esto, su producción de leche, y, por tanto, sus ingresos, se reducen y no le permiten invertir en mejorar su finca. Es un círculo vicioso al que contribuye la falta de solidaridad de sus vecinos. Un problema común en de ganadería en Colombia.

 

“Desafortunadamente di con malos vecinos. Hay uno que cada noche levanta o tumba mis cercas y echa sus animales en mis zonas con mejor pasto. Yo sé que lo hace de noche porque nadie está vigilando, y en la madrugada va por sus vacas para que yo no me dé cuenta”, manifiesta Mercedes. Esa conducta no solo devora los pastos que van para sus vacas: el paso del ganado del vecino también arruina los árboles en crecimiento destinados a ser cerca viva. Instalar cercas eléctricas para evitar esa conducta de los vecinos a Mercedes le cuesta diez o hasta veinte veces su producción mensual de leche. El riesgo principal de este tipo de pequeños enfrentamientos es este: si un vecino malintencionado decide cortar árboles de su bosque, ella, como responsable ante las autoridades, sería multada. Es un riesgo económico real que Mercedes decidió asumir por su incansable trabajo por la naturaleza.

 

Además de su relación con los vecinos, Mercedes tiene otro factor que obstaculiza su trabajo. Ella quisiera aprovechar las medidas de agroecología que pueden potenciar el trabajo ganadero que realiza; sin embargo: “el suelo de esta zona es muy ácido, entonces es más difícil cultivar porque es muy poco lo que se da. Y preparar el suelo es también muy costoso”, cuenta Mercedes sobre la necesidad de desacidificar la tierra para diversificar su producción y no depender solo de la leche. (Lea: 5 razones que demuestran que la ganadería no es como la pintan los ambientalistas)

 

Mercedes imagina su finca protegida estratégicamente por cercas vivas que filtren las plagas que atacan el botón de oro, uno de los arbustivos favoritos del ganado y que mejor rendimiento dejan en la leche. En segunda instancia, espera que su esfuerzo en conservación haga más espesos y robustos los bosques conectados a su tierra, de manera que mejoren las condiciones de las otras medidas de ganadería sostenible que busca implementar.

 

Cada esfuerzo en su finca es una inversión grande. A pesar de sus obstáculos, Mercedes vive con una sonrisa permanente. Está muy agradecida con la vida y con Dios por darle la oportunidad de trabajar su propia tierra, en sus términos, sin injerencia externa. Así ella valora especialmente la asistencia técnica que ha recibido y que le mantiene el impulso necesario para no desistir. Muchos representantes de la ganadería en Colombia mantienen un espíritu emprendedor y de aprendizaje, dispuestos a transformar su vida cotidiana.

 

El único temor de Mercedes, en el fondo, es la dificultad de continuar el proyecto de GCS y el esfuerzo de protección de la naturaleza a largo plazo. Son esfuerzos de inversión costosos que, sin asesorías, pierden efectividad. Por eso Mercedes coincide con otros beneficiarios en que la asistencia técnica, la atención personalizada de los extensionistas, es lo que la ha mantenido encaminada y que más enriquece su experiencia del proyecto. También coincide con otros ganaderos, por otro lado, en que la dificultad de hacer sostenible la implementación es que la productividad que promete no es a corto plazo. Parece un síntoma general de la ganadería en Colombia: este es uno de los principales factores de las fincas que no han prosperado o se han salido del proyecto.

 

Mercedes es un ejemplo vivo de cómo funciona la conservación para la productividad. Es fiel representante de las iniciativas para proteger a los seres humanos del cambio climático a través de la ganadería sostenible. Y para lograrlo, debe generalizarse a toda la ganadería en Colombia. Para estas comunidades, el fin de las medidas no es solo ambiental, también tiene un impacto concreto en la capacidad productiva de sus fincas: su beneficio económico relacionado es que funcionan como vehículo para salir de la pobreza. (Lea: Ganadería Colombiana Sostenible ejemplo verde para el mundo)

 

Fuente: The Nature Conservancy.