La iniciativa presidencial, presentada como una salida para aliviar el bolsillo de los hogares, desató un choque con gremios que aseguran que la medida no resolvería el problema de fondo y sí pondría en riesgo empleo rural, inversión y mercados ya conquistados. En medio de la controversia, el propio Ejecutivo dejó ver matices sobre una decisión que toca a miles de productores.
La más reciente alocución del presidente Gustavo Petro volvió a encender una discusión sensible para el campo colombiano: restringir las exportaciones de carne para contener los precios internos. La propuesta, defendida por el Gobierno como una herramienta contra la inflación de alimentos, encontró rechazo inmediato en el sector ganadero, que la considera carente de sustento técnico y potencialmente dañina para productores, regiones exportadoras y la confianza comercial del país. (Lea en CONtexto ganadero: Petro insiste en frenar exportaciones de carne, pero los ganaderos lo contradicen con cifras)
El punto de partida del debate fue la afirmación del mandatario de que Colombia no tendría excedentes suficientes para exportar sin afectar la oferta local. Bajo esa lectura, frenar las ventas externas ayudaría a moderar el valor de la carne en el mercado nacional. “La exportación de carne no puede seguir. Al exportar a China, como un gran logro, lo que sucede es que sube el precio de la carne (…) y va en contra de la política del Gobierno”, afirmó Petro.
La tesis presidencial instaló de inmediato una tensión de fondo relacionadas con hasta dónde puede llegar una política pública orientada al control de precios sin alterar el funcionamiento de una cadena productiva que, en los últimos años, ha apostado por abrir mercados, formalizar operaciones y ganar competitividad.
El debate no tardó en salir del plano discursivo. Desde los gremios comenzaron a aparecer reparos técnicos y económicos, mientras desde el propio Gobierno surgieron matices que evidenciaron que el asunto no está cerrado de manera uniforme dentro del Ejecutivo.
Las cifras del gremio
La Asociación de Subastas Ganaderas de Colombia (Asosubastas) fue una de las primeras en fijar posición. Su directora ejecutiva, Luisa Fernanda Ibarra, en conversaciones con CONtexto ganadero, sostuvo que restringir las exportaciones de carne y ganado en pie “carece de sustento técnico, estadístico y económico” y advirtió que una decisión de ese tipo afectaría la competitividad del sector, desincentivaría la inversión y limitaría el crecimiento de la ganadería colombiana.
El argumento central del gremio descansa en el peso real de las exportaciones dentro del inventario nacional. Según Asosubastas, Colombia cuenta con cerca de 29 millones de bovinos, de los cuales unos 9 millones corresponden a machos mayores de un año. En ese contexto, las exportaciones representarían apenas el 1,2 % del inventario total y el 3,2 % de los machos mayores de un año. Para Ibarra, esas proporciones son marginales y no determinan por sí solas la formación del precio interno.
La dirigente gremial fue más allá al señalar que, aun con la reducción reciente en exportaciones, el precio de la carne no cayó, lo que a su juicio desmonta la tesis de una relación directa entre ambos fenómenos. Desde su perspectiva, el sector dispone de datos históricos suficientes para demostrar que la presión sobre los valores al consumidor responde a factores estructurales distintos al comercio exterior.
En esa misma línea, Ibarra aseguró que el riesgo de intervenir el comercio exterior sin un análisis integral es retroceder en los avances que ha logrado la ganadería colombiana en los últimos años. A su juicio, el sector ha venido construyendo un ecosistema más transparente, con mejores referencias de precios y mayor acceso para pequeños y medianos productores, lo que ha permitido reducir brechas históricas de informalidad.
Limitar las exportaciones, advirtió, no solo afectaría esos logros, sino que también enviaría una señal negativa a los inversionistas y actores internacionales que han apostado por el país. Por eso insistió en que cualquier decisión debe partir de un análisis técnico riguroso, con cifras verificables y una visión de largo plazo que priorice la productividad, la eficiencia y la sostenibilidad del sector.
¿Qué encarece la carne?
En la lectura del gremio, el alza en el precio de la carne no puede explicarse solo por la salida de producto hacia mercados internacionales. Ibarra enumeró otros elementos que, en su concepto, pesan mucho más en la estructura de costos: energía, cargas tributarias, exigencias regulatorias para la industria frigorífica, transporte, malas vías terciarias y problemas de seguridad rural como el abigeato y el carneo.
Ese diagnóstico coincide con una preocupación recurrente en el campo: el costo de producir, movilizar y transformar sigue siendo alto, y cualquier intervención que ignore esa realidad puede terminar atacando el síntoma, no la causa. Por eso, desde Asosubastas insistieron en que la salida pasa por asistencia técnica al pequeño y mediano productor, mejores líneas de crédito, infraestructura rural, seguridad e impulso a la modernización frigorífica.
La propia Ibarra también planteó una pregunta de fondo para el país: si se pretende que más animales se sacrifiquen y procesen internamente, ¿está Colombia lista en capacidad e infraestructura para asumir ese volumen? Su respuesta es prudente, pero clara: hoy ese punto requiere fortalecimiento serio antes de imponer cierres o limitaciones.
El golpe regional
La controversia tiene un eco particular en regiones ganaderas del Caribe. Humberto Lora, presidente de la Federación Ganadera de Córdoba (Ganacor), advirtió que la medida sería especialmente grave para un departamento que ya viene golpeado por inundaciones, afectaciones en la movilidad de animales y pérdidas sobre miles de productores rurales.
Lora sostuvo que restringir exportaciones rompería la confianza de los mercados, afectaría empleo en el campo y en la agroindustria, y frenaría la reactivación económica de Córdoba en un momento delicado. A su juicio, cerrar o limitar esos destinos implicaría también una sobreoferta de ganado y una caída en el precio pagado al productor. “Si se cierran las exportaciones, se cierran nichos de mercado, se cierran oportunidades de negocio, por lo cual el precio bajaría. Es un tema de oferta y demanda”, aseguró.
El dirigente subrayó, en territorios como Córdoba, la dinámica exportadora no solo representa una oportunidad comercial, sino un factor clave de estabilidad económica para miles de familias rurales. En su visión, cerrar esos mercados implicaría romper una cadena de valor que ha permitido dignificar el negocio ganadero, mejorar los ingresos del productor y atraer inversión hacia el campo. Además, advirtió que recuperar la confianza de compradores internacionales no es un proceso inmediato, por lo que cualquier interrupción podría tener efectos prolongados en la competitividad del país. En ese contexto, suplicó que el debate debe centrarse en fortalecer la producción y ampliar mercados, no en restringirlos, especialmente en momentos en que regiones enteras intentan recuperarse de choques climáticos y económicos.
Desde Córdoba, además, insistieron en que el encarecimiento de la carne está atado sobre todo a los costos de producción, como fertilizantes e insumos, y no a las ventas externas. El dirigente también destacó el valor estratégico de los mercados abiertos para una carne que ha ganado atractivo internacional por su producción a base de pasturas.
Más allá de la controversia política, el episodio deja expuesta una discusión más profunda sobre el rumbo del sector agropecuario. Mientras el Gobierno busca herramientas para contener la inflación de alimentos, los ganaderos alertan que una restricción comercial podría terminar castigando a más de 400.000 familias vinculadas a la actividad, afectar regiones exportadoras como la Costa Caribe y Santander, y deteriorar la reputación comercial de Colombia.
En ese cruce de intereses aparece otro elemento relevante: la ministra de Agricultura tomó distancia y matizó el anuncio presidencial, señal de que dentro del Gobierno también existe cautela sobre el alcance de la propuesta.
Por ahora, el sector pide que el debate no se cierre con consignas, sino con rigor. Mesas técnicas, datos abiertos y diálogo entre todos los eslabones de la cadena son la ruta que reclaman los gremios. (Lea en CONtexto ganadero: Exportaciones ganaderas en 2025 fueron las terceras más altas de la década: 394,6 millones de dólares)
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