Plantea diez líneas para que el próximo gobierno convierta el campo en una apuesta productiva, exportadora y rentable. Su propuesta apunta a corregir fallas históricas en crédito, riego, comercialización, asistencia técnica e institucionalidad.
El agro colombiano volvió a entrar en la discusión política nacional, pero esta vez con una advertencia concreta: no basta con hablar del campo si no se ordena qué producir, dónde hacerlo, cómo financiarlo y se definen los mercados.
En entrevista con CONtexto Ganadero, Juan Gonzalo Botero, exviceministro de Agricultura, propuso una hoja de ruta para el próximo gobierno. (Lea en CONtexto ganadero: Las mías para el agro en la Patria Milagro)
“Creo que el país hoy en día no tiene una brújula ni un ordenamiento claro enfocado hacia dónde debería ir el agro”, expresó Botero, al señalar que la política pública debe concentrarse en productos con potencial exportador y en bienes claves para el mercado nacional.
Esa lista incluye café, flores, palma de aceite, banano, caña de azúcar, carne y animales en pie como renglones de exportación.
También arroz, papa, maíz, soya y panela como productos estratégicos para la economía interna.
El primer giro que plantea Botero es dejar de pensar la producción agropecuaria como una suma de esfuerzos dispersos.
Para él, el ordenamiento debe partir de las condiciones del suelo, pero también de la demanda real.
En ese mapa aparece la Altillanura como una región clave para maíz y soya.
Botero sostuvo que Colombia sigue importando entre 7 y 8 millones de toneladas de maíz, torta de soya y productos ligados a concentrados.
Para el exviceministro, desarrollar esa zona con el sector privado permitiría sustituir importaciones, fortalecer la agroindustria y reducir la dependencia externa de insumos que golpean los costos pecuarios.
Crédito que entienda al campo
El segundo cuello de botella está en la financiación, por eso Botero cuestionó que el sistema financiero siga prestando con tasas y plazos que no corresponden a los ciclos biológicos del agro.
El problema, dijo, es que muchos productores empiezan a pagar intereses antes de tener producción. Eso ocurre en actividades como cacao, cultivos permanentes o proyectos ganaderos que requieren tiempo para generar caja.
“Créditos que verdaderamente se ajusten a los ciclos de producción, pero además que tengan tasas de interés competitivas serán fundamentales para que los productores puedan ser realmente competitivos”, aseguró.
Menos intermediación
La comercialización es otro punto sensible, razón por la que Botero propuso recuperar esquemas de agricultura y ganadería por contrato para conectar directamente a productores con compradores, grandes superficies e industria. (Lea en CONtexto ganadero: El activismo contagió la institucionalidad agropecuaria)
Su lectura es que el productor primario sigue asumiendo buena parte del riesgo, pero recibe una porción reducida del valor final. Por eso plantea reducir intermediarios y construir economías de escala.
“El país se olvidó de la agricultura y de la ganadería por contrato, y nos llenamos nuevamente de intermediarios”, dijo Botero.
La consecuencia de esa estructura es que producir bien no siempre significa ganar igual. Sin contratos, trazabilidad y canales directos, el margen queda atrapado en una cadena que castiga al eslabón más débil.
Agua, ICA y productividad
Botero resumió otra prioridad en una frase: la agricultura se escribe con A de agua. Para él, terminar distritos de riego pendientes y construir nuevos sistemas es indispensable frente a la variabilidad climática.
Mencionó proyectos como María La Baja, Repelón, Triángulo del Tolima, Tesalia-Paicol y Ranchería como obras que deberían entrar en la agenda.
Y es que, sin agua, advirtió, no hay productividad estable.
A lo anterior se suma una reingeniería del ICA, pues según Botero, la entidad debe recuperar su papel sanitario, comercial y de diplomacia agropecuaria, especialmente si Colombia quiere abrir y sostener mercados internacionales.
La sostenibilidad también hace parte de su hoja de ruta, pero no como adorno. Agricultura orgánica, ganadería regenerativa, ciencia, tecnología y agroindustria aparecen como condiciones para vender mejor y capturar valor.
Al final, Botero redujo su decálogo a tres urgencias: ordenamiento productivo, crédito con comercialización directa y reingeniería institucional. Su mensaje de fondo es incómodo, pero claro: si el próximo gobierno quiere un agro rentable, tendrá que gobernarlo con decisiones, no con discursos.
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