Una mala preparación y conservación del silo reduce la eficiencia digestiva y el aprovechamiento del alimento, impactando directamente la producción de leche y la rentabilidad ganadera. Desde un grano mal procesado hasta la falta de mantenimiento de equipos, cada descuido técnico puede poner en riesgo los resultados.
La alimentación de una vaca productiva comienza mucho antes del comedero: el verdadero secreto está en el silo. Allí, errores invisibles pero frecuentes pueden marcar la diferencia entre una dieta eficiente o la pérdida de toneladas de nutrientes.
Desde el procesamiento del grano hasta la apertura del silo, cada decisión técnica importa más de lo que parece. (Lea en CONtexto ganadero: Así es como debe hacer ensilaje de maíz, una estrategia vital para la sequía (VIDEO))
Juan Fernando Valero, ingeniero de producción de la Universidad EAFIT y magíster en Agricultural Sciences de la Universidad de Lincoln (Nueva Zelanda), afirmó que el drenaje del grano húmedo y los errores de conservación son “netamente energéticos”. En otras palabras, malas decisiones técnicas hacen perder energía valiosa para el ganado.
El grano húmedo se logra rehidratando grano seco hasta alcanzar el 30 % de humedad. Se conserva en canecas selladas como se hace en México o Argentina, permitiendo un alto contenido de almidón disponible.
Sin embargo, si no se parte adecuadamente, el grano pasa entero por el tracto digestivo del animal: un alimento que aparenta ser energético, pero que en realidad no nutre.
Contrario a lo que muchos creen, cortar el grano más pequeño no mejora su digestibilidad. Si el endosperma del maíz no se rompe, las bacterias del rumen no pueden degradarlo. Parte del almidón encapsulado en la seína se pierde y aparece intacto en las heces.
Por eso, el mantenimiento diario del equipo de corte es fundamental. Cribas sucias, cuchillas desafiladas o separación incorrecta entre cuchilla y contracuchilla comprometen todo el sistema.
Además, la distancia debe ser milimétrica para evitar el desgarre del material, teniendo en cuenta que todo esto se manifiesta en digestión deficiente, menor producción y mayor desperdicio.
Rumia y fermentación
Valero recalcó que la fibra efectiva estimula el peristaltismo y la actividad ruminal. Es decir, sin fibra estructural suficiente y de calidad, el rumen no trabaja correctamente. Si el material pasa muy rápido, las bacterias no tienen tiempo de extraer los nutrientes. Entonces esa velocidad se vuelve enemiga de la eficiencia.
Por eso, es clave la composición del forraje con un grano partido, tallos y hojas con buena digestibilidad. Una fibra lignificada o un grano sin romper obligan a reducir el consumo porque el animal simplemente no puede aprovecharlo.
Además, el proceso de conservación también tiene sus tiempos, pues aunque algunos productores abren el silo a los 15 días, Valero recomendó esperar al menos entre 80 y 90 días.
En ese tiempo, la proteína encapsulante o zeína proteína del maíz utilizada en alimentación y otras industrias) se cristaliza, liberando el almidón atrapado. Si se abre antes, se pierde esa valiosa fuente de energía.
Por eso también es fundamental el uso de inoculantes adecuados, teniendo en cuenta que no todos funcionan igual, y no todos sirven para todas las especies forrajeras. En el caso de leguminosas, que tienen bajos azúcares, el uso de bacterias productoras de ácido láctico es crucial para una buena fermentación.
Materia prima
Para Valero, la preparación del terreno representa el 50 % del éxito del cultivo. Pasar rieles paralelos, lograr una buena compactación y siembra homogénea garantiza una base sólida. El otro 50 % depende del manejo del cultivo y del ensilaje posterior.
Escoger bien la semilla también influye, pues una planta con hojas largas y anchas genera mayor área foliar, lo que se traduce en más nutrientes para producir grano. Sin una buena materia prima, el mejor silo no servirá.
Una vez se tenga el silo, hay factores determinantes que prolongan la conservación del material que se tiene para la alimentación de los animales.
De acuerdo con Valero, cuando se abre un silo tipo montón, la mayoría expone toda la cara (hasta 8 metros de ancho) para extraer unas pocas toneladas. Ese acto simple permite la entrada de aire hasta 30 cm, activando microorganismos no deseados que producen ácidos como el acético y el butírico.
Lo anterior, altera el olor, el sabor y la calidad del alimento, provocando rechazo y menor ingesta en los animales. (Lea en CONtexto ganadero: Conozca el paso a paso en la preparación de un buen ensilaje)