Investigadores australianos instan a productores a recolectar parásitos en lugar de eliminarlos para frenar un fenómeno creciente que ya genera pérdidas millonarias. El avance de la resistencia podría encarecer el control sanitario y comprometer la productividad si no se actúa a tiempo.
En Queensland, Australia, científicos de la Universidad de Queensland (UQ) están pidiendo a los ganaderos que no eliminen todas las garrapatas del ganado, sino que las recolecten y envíen para su análisis.
La iniciativa, lanzada recientemente, busca comprender un problema que amenaza a la industria ganadera, valorada en 17.700 millones de dólares: la creciente resistencia de estos parásitos a los tratamientos químicos. La investigadora del estudio Hannah Siddle aseguró que “sé que son horribles, pero necesitamos sus garrapatas”.
No se trata de una solicitud menor. En un sistema donde la sanidad define la productividad, el riesgo de que los tratamientos pierdan efectividad enciende las alarmas entre investigadores, productores y autoridades, al poner en juego la sostenibilidad misma del negocio ganadero.
Las garrapatas representan un costo anual estimado de 160 millones de dólares para el sector en Australia, debido a la reducción en la ganancia de peso del ganado y la propagación de enfermedades como la fiebre por garrapatas. Durante décadas, los productores han dependido casi exclusivamente de tratamientos químicos para combatirlas.
Sin embargo, ese modelo comienza a mostrar fisuras. “La resistencia a los grupos químicos comunes es un problema creciente”, advirtió Siddle. (Lea en CONtexto ganadero: Más de 80 especies de garrapatas acechan la ganadería colombiana)
El uso repetido y, en algunos casos, intensivo de estos productos ha favorecido la aparición de poblaciones capaces de sobrevivir a los tratamientos.
Para el productor, esto se traduce en más costos, menor eficiencia y decisiones cada vez más complejas en el manejo sanitario. Para la industria, implica un riesgo estructural.
Clave científica
El centro de la estrategia impulsada por la UQ está en el diagnóstico. Los investigadores utilizarán un kit que permite obtener resultados en apenas un día, frente a las seis semanas que requieren los métodos tradicionales. Además, analizarán el ADN de las garrapatas para identificar marcadores genéticos asociados a la resistencia.
El objetivo es mapear dónde están surgiendo los focos problemáticos y anticiparse. “Queremos realizar pruebas lo más exhaustivas posible para comprender mejor la resistencia”, explicó Siddle.
Contar con esta información permitiría a los productores elegir tratamientos más efectivos y diseñar estrategias más precisas, reduciendo pérdidas y evitando el uso innecesario de químicos.
El problema no es hipotético. En Brasil, uno de los principales países ganaderos del mundo, la resistencia ya es crítica en algunas regiones. El investigador Guilherme Klafke advirtió que “más del 80% de las poblaciones de garrapatas que analizamos eran resistentes a las seis clases disponibles”.
Klafke añadió que “la base de una buena gestión de la resistencia y del control de garrapatas es el diagnóstico de la situación”. Sin datos, el productor queda a ciegas frente a un enemigo que evoluciona rápidamente.
Presión sobre el sistema
El avance de este fenómeno también ha encendido alarmas en el ámbito político. El ministro de Industrias Primarias de Queensland, Tony Perrett, ordenó una revisión del sistema de control tras detectarse nuevos brotes en el centro del estado.
“Llevo décadas tratando garrapatas en mi propiedad y me preocupa enormemente que desarrollen resistencia a los productos existentes”, afirmó. Su experiencia refleja una inquietud cada vez más extendida en el sector. (Lea en CONtexto ganadero: Identifican clave genética que podría frenar a las garrapatas en bovinos)
La revisión incluye no solo el análisis de la resistencia, sino también el sistema de certificación para el transporte de ganado, ante posibles fallas o conflictos de interés. Además, se reforzará la vigilancia con agentes de bioseguridad para evitar la propagación hacia zonas libres de infestación.
En campo, el dilema ya no es técnico sino estratégico: insistir en prácticas tradicionales o avanzar hacia un manejo sustentado en información. La propuesta científica implica un giro de fondo, donde ya no basta con eliminar, sino que se vuelve imprescindible medir, entender y decidir con datos.
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