Un estudio internacional advierte que la reducción del ganado en amplias regiones del planeta está generando impactos ecológicos y sociales poco visibles, un fenómeno que ha sido ignorado por las políticas ambientales centradas casi exclusivamente en el sobrepastoreo.
Durante décadas, el foco de la discusión ambiental ha estado puesto en los efectos negativos del exceso de animales, pero una nueva investigación científica plantea un escenario distinto. Las poblaciones de ganado han disminuido cerca del 12 % desde 1999 en regiones que albergaban casi la mitad de los animales domésticos de pastoreo del mundo, una tendencia silenciosa que hoy comienza a ser analizada por la ciencia. (Lea en CONtexto ganadero: La ganadería sostenible ayuda a enfrentar la crisis climática)
Un artículo publicado en enero de 2026 por la Universidad Estatal de Arizona revela que aproximadamente la mitad de las zonas de pastoreo del planeta han experimentado una reducción significativa del ganado en los últimos 25 años. El hallazgo, documentado en un estudio divulgado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), demuestra que la despoblación ganadera es un suceso global con consecuencias profundas para los ecosistemas y las comunidades rurales.
Tendencia silenciosa
El estudio, basado en datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) entre 1999 y 2023, muestra que la disminución del ganado es especialmente marcada en Europa, Norteamérica, Australia y partes de África y Asia. En Europa del Este, por ejemplo, la población ganadera cayó un 37 %, reflejando transformaciones estructurales en la producción pecuaria.
En contraste, África Central, Asia Central y Sudamérica registran un aumento cercano al 40 % en el número de animales, impulsado por sistemas tradicionales de pastoreo, baja productividad por animal y una creciente demanda de carne asociada al crecimiento poblacional. Estas diferencias regionales confirman que el declive del pastoreo no responde a una sola causa ni se manifiesta de la misma manera en todo el mundo.
Los investigadores concluyen que ni el comercio internacional ni el clima más cálido explican por sí solos estas tendencias. En cambio, el nivel de riqueza de los países resulta determinante, pues en las economías más desarrolladas la producción se ha intensificado mediante tecnología, alimentación balanceada y sistemas industriales que permiten producir hasta 72 % más carne por animal.
Efectos sobre la tierra
La reducción del ganado extensivo tiene implicaciones directas sobre el funcionamiento de los ecosistemas. En ausencia de pastoreo, el crecimiento descontrolado de la vegetación puede aumentar el riesgo de incendios, modificar el ciclo de nutrientes y alterar la fertilidad de los suelos. En algunos casos, la biodiversidad se recupera; en otros, unas pocas especies dominan y desplazan a las más vulnerables. (Lea en CONtexto ganadero: ¿Por qué la ganadería extensiva es considerada como freno natural contra incendios en España?)
El estudio advierte que la disminución del pastoreo también afecta los caudales de los ríos, ya que los cambios en la cobertura vegetal alteran la transpiración de las plantas y aumentan la escorrentía. Al mismo tiempo, un mayor crecimiento vegetal podría favorecer la captura de carbono, lo que abre oportunidades para mitigar el cambio climático si se gestionan adecuadamente estos procesos.
Sin embargo, los autores señalan que la despoblación ganadera no es simplemente el reverso del sobrepastoreo. Se trata de un fenómeno con nuevos desafíos ecológicos que aún no se comprenden completamente y que requieren una gestión activa para evitar la degradación de los pastizales.
Un reto para las políticas
El pastoreo de ganado se practica en aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre del planeta, lo que lo convierte en el uso del suelo más extendido de la humanidad. A pesar de ello, la investigación subraya que la despoblación ganadera ha sido pasada por alto por científicos de la conservación y responsables de políticas públicas.
Mientras el debate se ha centrado casi exclusivamente en reducir el sobrepastoreo, poco se ha analizado cómo manejar la disminución del ganado sin afectar los medios de vida rurales ni el equilibrio ecológico. En muchas regiones, este proceso ha traído consigo pérdida de ingresos, migración y abandono del campo, profundizando las brechas sociales.
Reconocer el declive global del pastoreo es clave para diseñar estrategias que integren seguridad alimentaria, conservación de la tierra y bienestar rural. Según los investigadores, solo una visión equilibrada permitirá mitigar los riesgos que hoy comienzan a surgir.
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