Discurso de José Félix Lafaurie en el 33 Congreso Nacional de Ganaderos

Por: 
CONtexto ganadero
29 de Noviembre 2012
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Lafaurie convocó al país ganadero para resolver juntos las problemáticas del sector
Lafaurie convocó al país ganadero para resolver juntos las problemáticas del sector
Con la fundación de Santa Marta nació también la ganadería colombiana, y la de todo el sur del continente. Por ello venimos a pagar esa deuda, y esa es la razón para que el 33 Congreso Nacional de Ganaderos se reúna en esta Santa Marta hospitalaria, donde murió un hombre y nació una leyenda de libertad, que está en la base de nuestra historia como nación.
 
Nuestro primer saludo es a los ganaderos colombianos, representados por los delegados de todas las regiones, cuya presencia es la mejor demostración de nuestra representatividad y de la solidez de nuestra democracia. Aquí está el país ganadero -¡Qué nadie lo dude!-  Desde el Putumayo hasta La Guajira, aquí están los intereses y angustias de la ganadería. Es una presencia orgullosa y una vocería indiscutible, que haremos valer y respetar ante el país y ante el mundo.
Nuestra bienvenida también a los invitados especiales, a los ministros y a los conferencistas, que mañana nos ilustrarán sobre temas de interés para el presente y el futuro de la ganadería colombiana. A todos ellos, nuestra gratitud.
 
Los compromisos del presidente Santos no le permitieron acompañarnos. Es una lástima. Queríamos escucharlo y necesitábamos hablarle. Pero desde aquí, desde la ciudad más antigua de Colombia y, por ello mismo, símbolo de nuestra soberanía,  le brindamos al Gobierno el apoyo ganadero por tan adversa decisión de la Corte Internacional de Justicia. No hay producción ganadera significativa en nuestro departamento de ultramar, pero sí hay colombianos como nosotros, y con ellos estamos.
 
Los ganaderos nos unimos al rechazo del Gobierno y del país al fallo de la Corte. Y entonces nos preguntamos ¿cómo acatar lo rechazado? ¿Cómo aceptar lo inaceptable? ¿Cómo acoger una decisión que asalta la historia y desconoce la tradición de 200 años de propiedad? ¿Cómo acatar un fallo sumario y sin apelación, proferido por una Corte ausente del entorno de su decisión? No llamamos al enfrentamiento, pero quienes propenden por el acatamiento resignado, al igual que los jueces de marras, nunca han mirado a los ojos a un isleño.
 
Ganaderos: Llegamos a este Congreso con una mezcla agridulce de  experiencias durante los dos últimos años. La naturaleza, que le está pasando al mundo su factura,  nos golpeó con una ola invernal arrasadora y, de paso, agravó el problema de las vías terciarias.
Crecen veloces las importaciones derivadas de los TLC, mientras que nuestro acceso a los mercados internacionales no se concreta. La inseguridad volvió a mostrarse amenazadora en algunas regiones. Y mientras tanto, el futuro de la producción rural, el futuro del campo, el futuro de nuestra ganadería, el futuro de nuestros hijos, se están negociando sin nosotros, y se negocian con quienes se encargaron durante décadas de destruirlos.
 
Pero aún así,  hemos querido imprimirle a nuestro máximo evento el sello del optimismo, porque tenemos razones para ello. En diciembre de 2013, FEDEGÁN cumplirá medio siglo de existencia, celebración a la que damos inicio en este 33 Congreso Nacional de Ganaderos, mas no con festejos y francachelas, sino, por el contrario, con un año completo de reflexión profunda, sistemática y descentralizada, sobre los principales temas que preocupan a la ganadería.
 
Todos los meses y en todas las regiones, realizaremos foros sobre aspectos diversos de la producción y otros temas de interés, y allá queremos que lleguen y participen todos los ganaderos. Haremos también el lanzamiento de publicaciones especializadas, como la historia misma de la institucionalidad ganadera.
 
Otras publicaciones tratarán asuntos como La Ganadería y la Tierra, la Ganadería y los TLC, y la Ganadería y las víctimas de la violencia. Que nuestra posición  quede para el debate y para la historia. Que nadie diga que callamos ante la amenaza de una reforma agraria. Que nadie diga que callamos ante el atropello de dañinas negociaciones internacionales. Que nadie diga que olvidamos a nuestras víctimas.
La compilación del Pensamiento económico y Social de FEDEGÁN 2011- 2012, que entregamos a ustedes en este evento, es el primer título de esta colección conmemorativa de los 50 años de FEDEGÁN. Así pues, no han faltado dificultades pero han sobrado resultados. Tenemos mucho que mostrar en nuestro propósito de modernización ganadera, como también lo pueden constatar en el Informe “Logros, Legados y Derroteros 2011-2012”.
 
La historia y el discurso del Orgullo Ganadero
Son resultados que han sido posibles a partir de la representatividad y la fortaleza institucional alcanzadas durante una historia de cinco siglos de participación de la ganadería en el desarrollo del país; la historia centenaria de nuestras instituciones gremiales, y la historia de medio siglo de FEDEGÁN al servicio de la ganadería colombiana.
 
Por eso, echamos mano de una expresión muy popular para reclamar experiencia y tradición. Con orgullo, con altivez, los ganaderos podemos responder a quienes pretenden atropellar nuestras instituciones y nuestra dignidad: No señores, es que los ganaderos no nacimos ayer. Y porque no nacimos ayer, nuestro discurso de hoy es el discurso del orgullo ganadero.
 
Es el discurso altivo de una historia que no ha sido fácil, pegada al trabajo de la tierra y marcada de violencia, porque todas las guerras de la patria se han librado en el campo. Una historia amarrada a un modelo  de desarrollo con un sesgo urbano, que menospreció al sector agropecuario y al campo. Los resultados ya los conocemos. De hecho, ahora mismo están sobre una mesa de negociaciones con las Farc.
Hoy no somos el sector que impulsa la economía, pero lo fuimos orgullosamente. El historiador Luis Ospina Vásquez afirma que la expansión ganadera fue el hecho económico más importante del país antes del café, ocurrido en la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, la ganadería contribuyó a la acumulación de capital que permitió la industrialización del país. Una deuda no cancelada por sectores que hoy nos tildan de atrasados, pero se olvidan que nacieron a su esplendor, encaramados en los hombros de la ganadería. Así quieran desconocerla sus beneficiarios, es una deuda que nos llena de orgullo,
 
Ya en el siglo XX, empieza la historia de la institucionalidad ganadera, que se fue tejiendo en las regiones, como deben surgir las organizaciones gremiales. Nuestras instituciones -y ustedes lo saben porque se lo contaron sus abuelos- no nacieron  por decreto. Nuestros primeros comités y asociaciones nacieron de la necesidad de agruparnos para crecer en medio del abandono, y para defendernos de la persecución a la tierra, a nuestro negocio, a nuestra tranquilidad y a nuestras vidas. Por eso las defenderemos a toda costa.
 
Así sucedió en todo el país. Se fueron creando comités y otras formas asociativas, a las que se sumaron los fondos ganaderos y  las asociaciones de criadores de razas puras, que empezaron a nacer también a comienzos del siglo XX. Un entramado diverso, disperso y, si se quiere, desarticulado, pero nacido de la entraña ganadera.
 
 
No nacimos ayer. Desde finales del siglo XIX se crearon organizaciones ganaderas formales, como la Packing House de Coveñas en 1916, y la Compañía Colombiana de Ganaderos, creada en Bogotá en el mismo año. En 1932 nace la Federación de Ganaderos de Bolívar con una orientación gremial mucho más marcada, y como precursora de nuestra institucionalidad.
 
Años más tarde, En 1945, en un Congreso auspiciado por el presidente Eduardo Santos, reunido en el Teatro Colón de Bogotá, se fundó la Asociación Nacional de Ganaderos, de cuya Junta Directiva fue presidente Alfonso López Pumarejo en 1948, designado por el IV Congreso Nacional de Ganaderos, que presidió  el mismo López Pumarejo, quien, para la época, ya había sido presidente de la República en dos ocasiones y, sin embargo, quiso hacer parte de nuestra dirigencia gremial en su condición de ganadero. Diez años después, en 1955, el General Rojas Pinilla creó una Federación Nacional de origen legal.
 
Eran los tiempos en que, por el peso de la ganadería, su suerte ocupaba el interés directo de las agendas presidenciales y de importantes personalidades del país. Una muestra de ello fue el IX Congreso Nacional de Ganaderos, en julio de 1963, cuando el presidente Guillermo León Valencia calificó a la ganadería como “un gigante dormido”, y para despertarlo, sus delegados decidieron la creación de la Federación Colombiana de Ganaderos, FEDEGÁN.
 
 
Y no eran cualesquier delegados. La fundación de FEDEGÁN no fue, precisamente, el impulso quijotesco de unos pocos desalumbrados. La carga de representatividad con que nació, se constata al revisar la lista de delegados a ese IX Congreso Nacional de Ganaderos.
 
Entresacando nada más algunos nombres, encontramos a Luis Guillermo Echeverri, Jorge Barco Vargas, Raimundo Emiliani Román, Evaristo Sourdis, Gustavo Patiño Roselli, Otto Morales Benítez, Víctor Mosquera Chaux, Lauchlin Currie, Álvaro Gómez Hurtado, Oliverio Lara Borrero, Misael Pastrana Borrero, Rafael Azuero Manchola, Pedro Castro Monsalvo, José Vicente Lafaurie Acosta -Sí, mi padre. Siempre me ha llenado de orgullo en lo personal, verlo en la lista de fundadores de FEDEGÁN- Crispín Villazón de Armas, Hernando Durán Dussán, Augusto Espinosa Valderrama y muchos otros.
 
Así pues, FEDEGAN no nació huérfano, y además, nació en el momento en que debía nacer. El país vivía la resaca de la violencia partidista y, en medio de la guerra fría, el comunismo internacional empezó a exportar su revolución, y con ella, la ganadería debió enfrentar su primer gran enemigo y su mayor tragedia: la guerrilla.
 
La respuesta de  Estados Unidos a la guerra fría en Latinoamérica fue la Alianza para el Progreso, que presionaba por procesos de redistribución de la tierra que fueron exitosos en otras latitudes. La agitación interna era latente, y todo ello llevó al gobierno de Alberto Lleras a levantarle una segunda amenaza a la ganadería: la reforma agraria emprendida con la Ley 135 de 1961.
La base de la reforma fue la mala información catastral que los americanos tenían sobre la propiedad rural, como lo demostraría el presidente de FEDEGÁN, Miguel Santamaría Dávila. El Gerente del INCORA en 1963, Enrique Peñalosa Camargo, también reconoció que el problema no era de latifundio, sino, por el contrario, de un extendido minifundio. Sin embargo, la reforma agraria se hizo a contrapelo de la realidad y acentuó el minifundio, quizás el mayor problema para generar economías de escala y competir en un mundo globalizado.
 
No quiera Dios que hoy, otra vez -y discúlpenme la informalidad- tengamos que tragarnos el sapo de una reforma agraria impuesta por las Farc y al estilo de las Farc. Ustedes ya lo conocen.
 
Tierra y negociaciones de paz
Hoy el diagnóstico sobre la tierra no es muy diferente. El latifundio tradicional se ha diluido todavía más por la redistribución herencial, por cuarenta años de ‘incoración’ y por los procesos normales de enajenación. El único gran latifundio de hoy es el del despojo, y está en manos de la ley, la restitución en favor de sus verdaderos dueños.
 
A pesar de ello, cincuenta años después, reaparece la bandera populista de la tierra para todos y de la reforma agraria. La guerrilla nos expropió a bala durante 50 años, y parcialmente lo logró, porque muchas de las 800.000 hectáreas que usurpó pertenecen a ganaderos en todas las regiones, sin contar las de quienes, empujados por el terror, malvendieron a precios irrisorios. Esa misma guerrilla hoy quiere terminar su tarea de expropiación en la mesa de negociaciones.
 
Pero se equivocan. ¡No están ni tibios!, porque el Gobierno ha reiterado que la restitución no es negociable y, por lo tanto, las Farc deben devolver esas 800.000 hectáreas. No duden que, desde FUNDAGÁN, haremos hasta lo imposible para que las restituyan.
 
Y se equivocan también, porque el derecho constitucional a la propiedad privada está por encima de cualquier negociación; un derecho que comporta para el Estado la obligación de protegerlo. FEDEGÁN, como hace 50 años, cuando la amenaza de una reforma agraria expropiatoria fue una de sus razones fundacionales, saldrá hoy a defender el derecho a la legítima propiedad de los ganaderos.
 
Por eso, este discurso del orgullo ganadero es también el discurso por nuestra tierra. No la robamos, no la ganamos a la suerte, no la usurpamos. Los ganaderos de bien, que somos la inmensa mayoría, heredamos la tierra de nuestros mayores, la hemos obtenido  legalmente y la regamos con sudor, como cantamos en el himno de FEDEGÁN. Por eso la vamos a defender.
 
Ganaderos: El día en que sea de buen recibo la posesión legítima de bancos o acciones, pero, en cambio,  sea vergonzante poseer tierra dentro de la legalidad; o el día en que vuelva a pender sobre nosotros la espada de la expropiación, algo irreparable habrá cambiado en nuestra patria. Y los ganaderos no lo vamos a tolerar.
 
 
No obstante, los temas de la tierra y el desarrollo rural fueron impuestos por las Farc como el almendrón de las negociaciones. En ese contexto, compartimos el objetivo -¿quién no podría desear el fin de la violencia?, ¿quien no quiere la paz?- pero no entendemos que se le cargue la factura solo al sector rural. Si toda Colombia se beneficia, que el precio lo pague toda Colombia. Pero claro. ¡Qué bueno es negociar con las plata del vecino!
 
Amigos ganaderos: Lo que se ha puesto sobre la mesa es nada menos que el ordenamiento productivo, económico y social del campo. Y la contraparte en esa negociación, que incluye las reglas de juego de la producción ganadera hacia el futuro, son quienes desde hace medio siglo nos declararon objetivo militar por el hecho de ser ganaderos. Es insólito.
 
Pero, además, con quienes despojaron a miles de ganaderos, desde el Guaviare y Caquetá hasta la Guajira, hoy se va a negociar, nada meno,.s que el uso, distribución y acceso a la propiedad de la tierra, solo que al otro lado de la mesa están  quienes han defendido la fragmentación minifundista, la economía campesina de la pobreza, y han perseguido a muerte la propiedad de la tierra en proyectos empresariales. No es menos insólito.
 
En aras del realismo, el Gobierno traspasó su línea roja de no negociar el modelo de desarrollo, y puso sobre la mesa el componente rural solamente, dejando por fuera a los sectores donde se concentra la riqueza.
Los platos rotos, que los pague el sector rural, mientras los boyantes sectores financiero, de comunicaciones e infraestructura, observan desde la barrera, sin que sintamos siquiera su solidaridad. No ha sido posible, en el seno del consejo Gremial Nacional, sacar un comunicado sobre mínimos no negociables, sobre valores irrenunciables de nuestro Estado de Derecho, como la defensa de la propiedad privada, y ni siquiera sobre el modelo de economía de mercado. ¿No es insólito también? Sencillamente, nos dejaran solos.
 
Para tener una idea, el valor estimado del hato no llega a 28 billones, y los activos del sistema financiero lo superan 10 veces. Pero habrá quienes insistan en que nuestra riqueza está en la tierra. Pues los activos de las 3 empresas más grandes representan el 77% del valor de la tierra ganadera, y la cotización de las acciones de solo 6 firmas en la Bolsa, equivalen al doble del hato y la tierra ganadera juntos.
 
Escribiendo estas líneas se hizo pública la invitación al Foro Agrario, para concretar la participación de ciudadana en los temas de Tierra y Desarrollo Rural. Como manifesté ante los medios, no recuerdo un solo evento sobre estos temas -y he asistido a muchos- que no esté marcado por la estigmatización, el ataque directo al gremio ganadero y el desprecio al derecho a la propiedad legal de la tierra.
 
Por ello no vemos útil una mesa inspirada en la vieja lucha entre campesinos sin tierra y empresarios. No vemos útil una mesa que, sin menoscabo de la atención que el Gobierno debe dar a la producción campesina, no consulte la realidad de la globalización y desestime la producción empresarial, las economías de escala y la competitividad.
Antes de otra reforma agraria, el Gobierno debe profundizar en la Ley de Extinción de Dominio y en el componente de Restitución de Tierras de la ley 1448, y más importante aún, debe generar condiciones para que el minifundio actual y el que se está sumando, puedan convertirse en factor de disminución de pobreza. Hacerlo es una tarea histórica. Dejarlo de hacer es una irresponsabilidad también histórica.
 
Y finalmente, hay que sincerar las cifras. Por ello no se le pueden quitar recursos al Censo Nacional Agropecuario, sin el cual no es posible proponer un modelo realista de desarrollo rural. Pero somos tan ligeros, tan irresponsables, que sin información válida siquiera, vamos a negociar a ciegas el desarrollo rural.  A ciegas y con el diablo.
 
Víctimas y Seguridad
Del tema de la tierra quiero pasar a uno que toca las fibras más sensibles de este discurso del orgullo ganadero. Es el respeto a la memoria de nuestras víctimas, asesinadas, secuestradas extorsionadas o sumidas en la pobreza del despojo. Víctimas que hemos sacado del olvido y hoy acompañamos en el reclamo de sus derechos a la reparación y la restitución.
 
Una lista que, infortunadamente, permanece abierta. Ganaderos: La Junta Directiva de FEDEGÁN llega hoy incompleta a entregar su mandato. Hace pocos días fue asesinado el representante del departamento del Meta, Jaime José Triana Restrepo, quien se aprestaba a asistir a nuestro Congreso.
Hoy lo sentimos con nosotros, y por ello le ofrecemos el homenaje póstumo de la Medalla al Mérito Ganadero Hernán Vallejo Mejía; y también nuestra despedida, mas no con un minuto de silencio, porque los ganaderos no guardamos silencio ante la violencia, sino con un aplauso atronador, que se oiga en toda Colombia y martille en la conciencia de sus victimarios.
 
Por la memoria de nuestras víctimas, el discurso del orgullo ganadero es también el discurso por la seguridad, una bandera que FEDEGAN levantó en solitario, antes de la Política Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, que representó una verdadera revolución para el desarrollo rural después de décadas de estancamiento, persecución, descapitalización y pobreza. La ganadería colombiana no terminará nunca de agradecerle a Álvaro Uribe, por devolvernos la seguridad como bien público y derecho fundamental.
 
Pero antes de esa decisión responsable y verdaderamente histórica del Gobierno Uribe, durante muchos años levantamos a todo riesgo la bandera de la seguridad, que representó a todos los ganaderos sin distingos ni mezquindades; que le costó la vida a José Raimundo Sojo, y acompañó el coraje de Jorge Visbal frente a más de un atentado.
 
Es una bandera que no hemos arriado. Hoy la volvemos a levantar ante el resurgimiento del secuestro, la extorsión y el asesinato. La levantó Villavicencio, indignado por la muerte de Jaime Triana, pero el país urbano y los grandes medios, que poco miran a las regiones, despreciaron la reacción orgullosa de 100.000 personas en la capital llanera.
No. La voz del pueblo no habla solamente desde la carrera séptima y la plaza de Bolívar en Bogotá. La voz del pueblo grita por seguridad desde todos los rincones de la patria. Gritó desde Villavicencio, y desde aquí nos sumamos a ese grito de indignación.
 
El 9 de noviembre fue Jaime Triana. El 13 Mary Luz Acosta, del Comité de Ganaderos de Maicao, y el 17 fue Nayro Vargas, presidente del Comité de  Ganaderos de Puerto Parra. Tres ganaderos asesinados en pocos días. La violencia resurge en Arauca; el secuestro reaparece en todo el Caribe, y en Antioquia, Nariño y otras regiones, la extorsión diaria a los lecheros no baja de $30 por litro.
 
Tenemos que preguntarnos qué pasa. Reconocemos los resultados de la Fuerza Pública, aplaudimos su coraje y le reiteramos nuestro apoyo irrestricto, pero ante la alevosa arremetida de bandas criminales y de terroristas buscando posición negociadora, necesitamos demandar del Gobierno un mayor esfuerzo para garantizar la seguridad rural.
 
Es nuestro deber hacerlo. Nadie puede dudar del apoyo ganadero a las Fuerzas Militares y de Policía, y por eso nuestro reclamo no puede entenderse como oposición. Nadie me puede pedir que no advierta; nadie me puede pedir que calle ante la amenaza, porque sería inferior al legado de quienes me antecedieron con valor, a costa de su propia vida y de su tranquilidad.
 
 
 
Por el contrario, al tiempo que demando por seguridad, convoco a los ganaderos y al país a cerrar filas alrededor de nuestra Fuerza Pública. El apoyo de Colombia debe ir más allá de calificarla en las encuestas como la más apreciada de nuestras instituciones, respaldo mediático que debe materializarse en colaboración y en denuncia permanentes.
 
Debemos respaldar al Gobierno en su propósito de consolidar el Fuero Militar, la Justicia Penal Militar y la Defensoría Técnica y gratuita para la Fuerza Pública. A quien enfrenta a un bandido y arriesga su vida por nuestra seguridad, la justicia no lo puede sentar al lado del mismo bandido. Nuestros soldados no pueden perder en el banquillo de los acusados, las batallas que ganan en las selvas de  Colombia.
 
Sabemos que los logros operativos de la Fuerza Pública tienen a las Farc sentadas en la mesa de negociación y al Eln haciendo fila; pero, aun así, los rebrotes de violencia están afectando la ganadería y, más grave aún,  están minando la confianza. Y cuando el terror le gana a la confianza, se cae el esfuerzo productivo, se espanta la inversión, los negocios fracasan y la pobreza se asoma. Los ganaderos ya vivimos esa historia y no la queremos repetir.
 
La amenaza de los TLC
Pero no es la seguridad nuestra única preocupación. Hemos sostenido que los ganaderos no somos enemigos de los TLC, que son una gran oportunidad para una ganadería en condiciones de expansión. Pero cuando esas condiciones no se dan, o cuando una pésima negociación afecta a un sector -como es nuestro caso en muchos de ellos-, los TLC se convierten en una amenaza anunciada. 
En teoría, se trata de Acuerdos de Comercio de doble vía, que deberían convertirnos en receptores de importaciones, pero también en colocadores de exportaciones con un balance neto positivo.
 
Pero la realidad es a otro precio. El acceso de nuestros productos no ha podido atravesar la pesada puerta de una institucionalidad que ha perdido las llaves, y mientras tanto, los TLC abrieron una puerta automática y sin barreras al ingreso de los productos de nuestros nuevos socios.
 
En este tema debo aclarar, una vez más, que no se trata de buscar culpables en este Gobierno ni en los anteriores, porque, sencillamente, no se trata de buscar culpables. No nos interesa. Nuestra única preocupación es convocar el esfuerzo conjunto, como lo hicimos con tanto éxito en la erradicación de la fiebre aftosa,  para derribar con la misma  eficacia las barreras que se oponen al acceso real de nuestros productos. Trazabilidad, sanidad e inocuidad siguen siendo los retos, pero el tiempo se acaba, cuando menos para la leche.
 
Las importaciones crecen al ritmo en que caen los aranceles, con una tendencia a utilizar los contingentes. Es decir, kilo de leche que puede entrar  a nuestro país, kilo que entra. A octubre de 2012, compramos 25.000 toneladas de lácteos por más de 93 millones de dólares, mientras que en 2010 apenas importamos 3.000 toneladas.
 
 
Que las importaciones se hayan multiplicado por ocho no sería tan grave, si lo propio sucediera con las exportaciones. Pero como no ha sido así, porque estas han alcanzado apenas los cuatro millones de dólares al mes de octubre, las compras de leche son una verdadera inundación que empieza a afectar el precio al ganadero, con cerca de $50 a la baja durante los dos últimos meses.
 
¿Qué va a pasar cuando entre en vigencia el TLC con la Unión Europea? Ya lo hemos advertido. Está en riesgo la subsistencia de 300.000 productores. La mayoría son campesinos minifundistas. La mayoría hacen parte de la pobreza rural. Para la mayoría de ellos, la leche es su salario mínimo y el sustento de sus familias. La mayoría lo perderán todo cuando les dejen de comprar su leche. Pero el país no quiere darle la  cara a la tragedia social que se avecina en el campo. El Gobierno y el Congreso de la República no pueden ignorarlo ahora mismo, cuando se somete a aprobación el TLC con la Unión Europea.
 
FEDEGÁN estuvo atento al proceso de negociación. Por ello, nadie nos puede acusar de negligencia, porque los que entregaron la lechería colombiana lo hicieron a espaldas del Ministerio de Agricultura y del mismísimo presidente Uribe, quien tuvo que salir a remendar personalmente semejante estropicio.
 
En su momento, quisimos salir a las calles. En Bogotá íbamos a sacar los animales a la Plaza de Bolívar, por lo que aún consideramos un asalto a la ganadería, pero la Junta Directiva de FEDEGÁN decidió cancelar las manifestaciones donde fuera posible, incluida Bogotá, para no generar ruidos en la campaña electoral de entonces.
Hoy no descartamos esa alternativa. Aunque hemos visto que la presión de la huelga consigue resultados, no es nuestra manera de obtenerlos. Pero si lo que está de por medio es la condena a la pobreza de 300.000 familias ganaderas, seremos los primeros en las calles de todas las ciudades de Colombia.
 
Como sea, hasta el último momento y ante la última instancia, FEDEGÁN defenderá los intereses de los productores lecheros. La última batalla será en el Congreso de la República, y la penúltima ante los medios y en las calles si es necesario. Prefiero que hoy me tilden de apocalíptico y hasta de revoltoso, a que mañana, desde su pobreza, 300.000 familias ganaderas  me acusen de improvidente e irresponsable.
 
Ayer mismo se aprobó en primer debate el proyecto del TLC con la Unión Europea. El Gobierno y los sectores beneficiados tienen afán de convertirlo en Ley de la República, pero  los ganaderos no creemos que la suerte de 300.000 familias pobres se pueda decidir de un pupitrazo. El Congreso de la República no puede dejarse presionar por la aprobación de los legislativos europeos, al punto de convertir la suya en mero formalismo, y sabemos que nuestros parlamentarios sabrán honrar la dignidad de su autonomía.
 
No se trata de meterle una carga de profundidad al TLC, porque creemos en los TLC. No se trata de aprobar o no aprobar. Se trata de convocar lo responsabilidad de quienes toman decisiones que afectan a miles de personas.
Se trata, en este caso, de 300.000 historias de familias colombianas. Se trata de aprender de experiencias ajenas. Si el 30% de los ganaderos mexicanos -180.000- desapareció en diez años por el TLC con Estados Unidos, qué nos hace pensar que estamos blindados contra la invasión láctea de la Unión Europea.
 
Ley Chavarro, viceministerio y recursos para reconversión
Por ello, en principio, saludamos la iniciativa del senador Chavarro, ponente del proyecto, de ofrecer una Ley para la producción lechera del país, una forma de compensación que permita, de una vez por todas, acometer una acelerada reconversión. No podrá ser una ley meramente indicativa, que para eso ya tenemos Conpes de sobra, sino una ley con dientes y con recursos.
 
Ya erradicamos la fiebre aftosa, pero sin erradicar las otras enfermedades de control oficial no podremos consolidar un proyecto exportador. Acabar con la brucelosis puede costar 700.000 millones de pesos, y otro tanto para la tuberculosis bovina.
 
Pero el tema de la salud no se limita a las enfermedades de control oficial, sino a otras, como las reproductivas, que impactan negativamente la producción, y nos mantienen con una tasa de natalidad del 53%. cuando en Estados Unidos supera el  80%.
 
Y el problema no es solamente de Salud, sino de Alimentación, de Manejo y de Genética, claves de la productividad ganadera, apoyadas todas ellas en procesos sostenidos de investigación, Asistencia Técnica e Innovación. ¿Cuánto vale generar esas condiciones?
¿Cuánto vale consolidar y darle continuidad al programa de trazabilidad bovina, montado con éxito por FEDEGÁN y ahora bajo la responsabilidad del ICA? ¿Cuánto vale implementar un Sistema de Vigilancia y Control -hoy prácticamente inexistente- que satisfaga las necesidades de los Estados Unidos y la Unión Europea?
 
Necesitamos un Viceministerio de Ganadería, un interlocutor permanente, especializado y concentrado en resolver los problemas pecuarios del país. Pero sobre todo, necesitamos un presupuesto anual para la ganadería bovina,  que requiere asignaciones de destinación específica del orden de los 500.000 millones de pesos durante los próximos diez años, si es verdad que tenemos ese margen de tiempo antes del colapso, la ruina y la desolación de más de 300.000 lecheros. Nuestra percepción es que, aún sin la Unión Europea, hoy ya empezamos a tener bastantes problemas.
 
Sí. Son más de cinco billones de pesos en diez años. Y la verdad, es una aspiración bastante modesta. Qué nadie se asuste por esta cifra, si el presidente acaba de anunciar en el Congreso de Cafeteros, que solamente durante los dos primeros años de su Gobierno, los apoyos al gremio cafetero han superado los 2,1 billones de pesos.
 
¿Por qué a nosotros no? Las comparaciones son odiosas, pero mueven el mundo. Así no exportemos, porque alimentamos a los colombianos, el valor de la producción ganadera es tres veces la del café, y somos también 500.000 familias ganaderas en todo el territorio nacional. Será entonces, que no tenemos derecho también a un alivio ganadero, que nos permita conjurar la amenaza de los TLC.
Lamentamos -eso sí- la ausencia del señor Presidente para hacerle personalmente estas peticiones, y esperamos con expectativa los planteamientos del Ministro Restrepo sobre estos temas.
 
Las Vías para el desarrollo rural
Como esperamos, mañana también, por parte de la señora Ministra de  Transporte, una respuesta a la angustiosa necesidad de un programa serio de reconstrucción y mantenimiento de la red vial terciaria, una telaraña de caminos intransitables,  sin doliente, una ironía frente a los retos de competitividad que se nos imponen.
 
Mientras nuestros productos se mueven lentos y costosos por esas trochas rurales hasta el consumidor nacional, los importados le empiezan a llegar veloces y baratos por modernas autopistas.
 
El altísimo costo de la tortuosa recolección de la leche por las trochas rurales, es uno de los principales factores que afectan la competitividad y, por supuesto, debe hacer parte de la reconversión. Lo agradecerán, además, todos los renglones de la producción rural y, principalmente, los campesinos de Colombia.
 
Ganaderos: La reconversión vial, como condición de competitividad, ya no admite más dilaciones ni más disculpas. Por eso los invito a ser veedores de la red vial terciaria. Hoy tenemos a nuestra disposición un medio inmejorable para hacerlo: CONtexto Ganadero, nuestro periódico virtual, el periódico de todos ustedes.
Los invito a que nos envíen sus fotografías y sus videos sobre las vías que deben transitar todos los días, y me comprometo a abrir una sección que se constituya en denuncia permanente y en una forma de monitorear el proceso, como también lo estamos haciendo en los temas de seguridad y los que atañen a la competitividad ganadera. Hagamos el mapa de la desidia oficial con las aspiraciones del campo a integrarse al desarrollo. Los invito a pasar de la queja en solitario a la denuncia colectiva. Porque unidos somos más fuertes.
 
Ganadería sostenible
Y pedimos también, públicamente, el apoyo del Gobierno en un programa que, por su solidez, ya lo ha recibido en forma decidida del Banco Mundial y ha despertado el interés del Reino Unido.
 
Es el Programa de Ganadería Sostenible, una apuesta de futuro de la ganadería colombiana, a partir de la propagación de los Sistemas Silvopastoriles Intensivos, que no solo implican la recuperación exuberante de la naturaleza, sino que pueden multiplicar por cinco o más la carga animal por hectárea, lo que representará una verdadera revolución productiva de la ganadería.
 
Pues bien, si al conflicto entre vocación y uso de la tierra se le ha sumado el de minería y ambiente, la ganadería sostenible calza perfectamente con las exigencias de restauración que van ligadas a las licencias ambientales de la industria extractiva, y con la responsabilidad misma del Estado de preservar la naturaleza, no solo  para el usufructo de las comunidades rurales, sino para atender los compromisos cada vez más exigentes de la comunidad internacional.
Es bueno para la industria, para las comunidades, para la ganadería y para el Estado. Por eso le pedimos al Gobierno un compromiso decidido con los Sistemas Silvopastoriles. Que se incluyan como opción de compensación por parte de la industria, y que se desarrollen instrumentos de política pública para inducirla y promoverla.
 
Solo a manera de ejemplo. Con las compensaciones mineras del Cesar y Guajira orientas a Sistemas Silvopastoriles, no solo se podría recuperar cerca de un millón de hectáreas totalmente agotadas por décadas de explotación agrícola, sino que la multiplicación de la productividad puede convertir a la región en un verdadero emporio de producción y exportación ganadera.
 
Volveríamos entonces al comienzo de esta historia de orgullo ganadero, y como en 1916 en Coveñas, podríamos volver a crear una Packing House para exportar carne procesada hacia todos los destinos del mundo.
 
No es una utopía. Es un proyecto innovador, porque como reza la conocida máxima empresarial, si no innovamos, si hacemos siempre las mismas cosas, obtendremos siempre los mismos resultados.
 
Y la ganadería -amigos ganaderos, invitados y participantes- tiene derecho a un futuro de mejores resultados y mayores logros. Se lo debemos a quienes construyeron esta historia de orgullo ganadero; se lo debemos a nuestras víctimas y, sobre todo, se lo debemos a nuestros hijos y a nuestros nietos, los ganaderos del mañana.
Porque la ganadería colombiana no nació ayer,  no nació ayer nuestra institucionalidad gremial, que nos enorgullece y haremos respetar, ni ayer nación la Federación Colombiana de Ganaderos, nuestra FEDEGÁN, la que fundaron colombianos ilustres y, durante cincuenta años, han preservado y defendido con dignidad varias generaciones de ganaderos; la que seguiremos fortaleciendo como vocera y representante de los intereses y el orgullo ganadero que hoy proclamamos.
 
Mientras haya banderas que levantar;
mientras haya  intereses que defender;
mientras haya víctimas que honrar y acompañar;
mientras haya pequeños ganaderos que proteger;
mientras haya amenazas que enfrentar y peligros que conjurar; mientras haya retos que asumir y metas que alcanzar;
FEDEGÁN estará para ocupar con prestancia ese espacio de vocería y representatividad.
 
Porque no nacimos ayer, hoy nos reunimos alrededor del orgullo ganadero, para recargarnos de la dignidad, de la unión y la fortaleza, que necesitamos para mirar hacia delante, y empezar a construir cincuenta años más de historia ganadera.
 
MUCHAS GRACIAS.