La productividad, la calidad de la leche y la sanidad mamaria dependen de la calibración, la limpieza y el recambio oportuno de piezas. Veterinarios advierten que ignorar señales tempranas puede traducirse en mastitis, lesiones y menor producción.
En las fincas lecheras, el ordeño mecánico se ha consolidado como una herramienta clave para responder a la escasez de mano de obra.
También agiliza la rutina y ayuda a aprovechar mejor la leche disponible en cada cuarto de la ubre.
Sin embargo, su desempeño exige controles permanentes. (Lea en CONtexto Ganadero: Los sistemas de ordeño cada día se fundamentan más en la tecnología, conózcalas)
La tecnología no lesiona por sí sola a las vacas.
El riesgo aparece cuando se realizan instalaciones deficientes o el productor posterga el mantenimiento.
También surge cuando se trabaja con niveles de vacío inadecuados, se prolonga el uso de pezoneras vencidas o se descuida la higiene.
César Jiménez, médico veterinario especialista en sanidad animal, señaló en CONtexto Ganadero que estos equipos permiten “ordeñar las vacas a fondo sin ningún inconveniente”.
Eso sí, siempre que exista monitoreo constante y recambio periódico de repuestos.
No es automático
El ordeño mecánico utiliza presión de vacío y pulsaciones para extraer la leche.
Cuando esos parámetros se alteran, el equipo puede ejercer mayor fuerza sobre la punta del pezón, retrasar la salida o dejar leche dentro de la ubre.
René Pérez, presidente del Consejo Nacional de Mastitis y Calidad de Leche (CNLM), explicó en CONtexto Ganadero que un equipo mal utilizado puede provocar “inflamación y endurecimiento de la piel de la punta del pezón”, fenómeno conocido como queratinización.
Esa lesión también puede afectar el músculo del esfínter, estructura esencial para impedir el ingreso de microorganismos a la ubre.
Las pezoneras de los equipos de ordeño merecen atención especial.
La goma interna pierde elasticidad y, cuando supera su vida útil, puede golpear o masajear irregularmente el pezón, además de disminuir la capacidad de extracción.
Pérez recomendó usar como referencia el cambio después de 2.500 ordeños y medir el vacío en la punta del pezón, como mínimo, cada tres meses.
El mantenimiento debe incluir la revisión de la bomba de vacío, correas, mangueras, pulsadores, empaques, unidades y vacuómetro.
Por su parte, Ricardo Arenas O., médico veterinario especialista y experto en producción y calidad de leche, recordó que la vida útil de las pezoneras oscila, según su referencia, entre 2.500 y 5.000 ordeños.
Los ganaderos, advirtió, deben ser muy rigurosos con el cambio general cuando se llega a ese punto de uso.
Así mismo, recordó que el mantenimiento del equipo debe realizarlo un experto, evitando que operarios de la finca hagan “ajustes” que puedan derivar en problemas graves para los animales.
“El uso correcto del equipo de ordeño con una rutina adecuada asegurará una mejor sanidad de la ubre y una mejor calidad de la leche”, puntualizó Arenas.
Señales de alerta
La piel del pezón es la primera barrera contra los agentes causantes de la mastitis.
Por eso, el productor debe observarla al retirar cada unidad y detectar cambios de color, marcas, inflamación, anillos, grietas o callosidades.
RumiNews advierte, en una publicación reciente, que “el enrojecimiento, inflamación o la presencia de anillos en las puntas de los pezones” son señales de alerta.
Pueden indicar una rutina agresiva, sobreordeño, fallas del regulador o pezoneras deterioradas. (Lea en CONtexto Ganadero: Ordeño mecánico, una opción al alcance de todos los ganaderos)
También deben vigilarse las caídas frecuentes de las unidades, la recuperación lenta del vacío, las fugas en mangueras, la acumulación de leche en tuberías y los ordeños más largos de lo habitual.
Arenas comenta que las caídas frecuentes de las unidades pueden deberse a fallas en el vacío, fugas por diseño o instalación deficiente del equipo.
También pueden originarse en pezoneras deterioradas, una mala rutina de ordeño o pezones húmedos al momento de ordeñar.
Por eso recomienda que toda finca con producción láctea cuente con la asesoría de un experto en el tema.
Higiene posordeño
El mantenimiento no termina en la parte mecánica.
Antes del ordeño, los pezones deben limpiarse y desinfectarse con productos específicos; al finalizar, se recomienda aplicar una solución de sellado sobre toda la piel.
Jiménez advirtió que mezclas inadecuadas o sustancias no diseñadas para esta labor pueden cuartear, irritar y lesionar la punta del pezón.
En esos casos, el daño atribuido a la máquina en realidad nace de una mala práctica de higiene.
La limpieza interna del equipo también es decisiva, pues la grasa de la leche se acumula en pezoneras, mangueras y tuberías.
Por eso deben aplicarse protocolos con detergentes ácidos o alcalinos en las concentraciones recomendadas.
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