Drenar potreros, mejorar los forrajes, planificar los costos y cuidar la nutrición son acciones que transforman la productividad de miles de pequeños productores. La experiencia desarrollada con familias lecheras del Alto Putumayo demuestra que ignorar estos factores significa perder competitividad y desaprovechar el potencial de la finca.
La producción de leche en el Alto Putumayo enfrenta desde hace años un mismo desafío: mantener la rentabilidad en sistemas de pequeña escala afectados por suelos con problemas de drenaje, pasturas de baja calidad y limitaciones técnicas.
Frente a ese panorama, un modelo construido junto con productores de la subregión propone una ruta basada en decisiones integrales que vinculan el manejo del suelo, la alimentación del ganado y la administración de la finca. (Lea en CONtexto ganadero: Salvar la lechería nacional: el reto que afrontará el gobierno de Abelardo de la Espriella)
Lejos de concentrarse únicamente en aumentar el número de animales o incrementar el uso de suplementos, la experiencia identifica que el verdadero punto de partida está debajo de los potreros.
Allí comienza una cadena de procesos que termina reflejándose en la cantidad y calidad de la leche obtenida.
El planteamiento rompe con la idea de que la sostenibilidad es solo un compromiso ambiental. En realidad, se convierte en una estrategia económica que permite reducir pérdidas, mejorar la eficiencia del sistema productivo y conservar los recursos naturales sin sacrificar la productividad.
La sostenibilidad tiene tres pilares clave: ambiental, económica y social.
En muchas ganaderías lecheras del trópico alto, los problemas comienzan mucho antes del ordeño.
Los encharcamientos reducen el desarrollo radicular de las pasturas, disminuyen la disponibilidad de nutrientes y limitan el crecimiento del forraje que alimenta al hato.
Como señala el manual de Agrosavia llamado ‘Lechería sostenible y rentable. Prácticas para pequeños productores de la subregión del Alto Putumayo’, el suelo debe entenderse como un ecosistema vivo y su manejo requiere integrar variables físicas, químicas y biológicas para garantizar un funcionamiento adecuado del sistema productivo.
La propuesta se construyó a partir de un proceso participativo desarrollado con productores de leche de la comunidad indígena Kamëntsá Biyá, en el valle de Sibundoy.
A través de un modelo demostrativo o "vitrina ganadera", investigadores y ganaderos identificaron las principales limitaciones de las fincas, evaluaron alternativas de manejo y validaron en campo prácticas orientadas a mejorar la producción sin comprometer los recursos naturales.
Más que alimentar vacas
Cuando las pasturas pierden calidad, las consecuencias se trasladan al animal. Una alimentación deficiente afecta la producción de leche, compromete la reproducción y aumenta el riesgo de trastornos metabólicos que terminan elevando los costos de la finca.
Bajo esa premisa, la publicación sostiene que las estrategias sostenibles integran la conservación del suelo y del agua, el uso eficiente de los forrajes, el manejo nutricional, el bienestar animal y la adaptación al cambio climático para fortalecer la competitividad de las unidades productivas. (Lea en CONtexto ganadero: Así se construye, paso a paso, un proyecto de lechería desde cero)
Mejorar el negocio
El modelo propone intervenciones concretas como corregir problemas de drenaje, recuperar la estructura del suelo, fortalecer las praderas, planificar la suplementación y llevar un control de los costos de producción.
La combinación de estas prácticas busca que cada inversión tenga un efecto directo sobre la productividad.
Es por eso que el manual explica que las recomendaciones fueron concebidas como una guía flexible para adaptarse a las condiciones agroecológicas y socioeconómicas de cada finca, facilitando su aplicación en los sistemas lecheros de pequeña escala.
Como concluye la publicación, avanzar hacia la intensificación sostenible significa producir más en la misma superficie mediante un uso eficiente del suelo, el agua y los forrajes, fortaleciendo al mismo tiempo la resiliencia frente a la variabilidad climática y el desempeño productivo del hato.
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