Ganadería Plía, empresa familiar de Galeras, Sucre, evalúa el comportamiento de esta genética mediante transferencia de embriones y sistemas de producción a pastoreo. La experiencia busca que el Caribe colombiano se convierta en un escenario para desarrollar carne de alto valor agregado.
En una región donde las temperaturas superan con frecuencia los 35°C y la humedad alcanza niveles cercanos al 90%, una empresa ganadera de Galeras, Sucre, decidió, en 2021, iniciar un proyecto que pocos asociaban con esas condiciones: criar ganado wagyu en el trópico bajo colombiano. (Lea en CONtexto ganadero: El búfalo, la joya productiva que complementa y fortalece la ganadería en Colombia)
Durante décadas, la producción de Wagyu en Colombia se ha concentrado, principalmente, en zonas de clima frio y medio.
Esa realidad llevó a que el Caribe quedara por fuera de los principales proyectos de expansión de la raza.
Sin embargo, la experiencia desarrollada en Sucre plantea que las limitaciones no dependen únicamente del clima, sino también del manejo, la planificación y el uso de herramientas reproductivas que permitan adaptar la genética a nuevos escenarios productivos.
Más que demostrar que el Wagyu puede sobrevivir en ambientes cálidos, el proyecto busca establecer si es posible producir carne premium bajo un sistema diferente al que tradicionalmente se utiliza para esta raza incorporando prácticas de pastoreo y suplementación estratégica.
Y es la Ganadería Plía, con más de 150 años de historia y representante de la quinta generación de una familia dedicada a la producción bovina en Sucre, la que salió de la zona tradicional de trabajar con razas cebuinas y sus cruces para, con visión de empresa, comenzar un proceso de tecnificación que abrió la puerta a nuevas alternativas genéticas.
El interés surgió después de que Pedro Luis Imbeth Acosta, miembro de la familia ganadera, conociera la calidad de la carne Wagyu durante varios viajes internacionales. Aquella experiencia despertó una inquietud que terminaría convirtiéndose en un proyecto empresarial.
En conversación con CONtexto, el productor explicó que el proyecto nació como una prueba para verificar si esta genética podía desarrollarse en un ambiente completamente distinto al habitual.
“Quisimos experimentar si era posible desarrollarla en el trópico bajo y, para sorpresa nuestra, los resultados han sido maravillosos”, sostuvo.
Biotecnología, el inicio
La disponibilidad de una central de receptoras fue uno de los factores que impulsó la iniciativa.
Mientras el número de ejemplares registrados en Colombia de raza Wagyu sigue siendo reducido, la transferencia de embriones permite multiplicar la genética utilizando vacas receptoras de otras denominaciones, con la posibilidad favorecer, desde la gestación, los procesos de adaptación de los animales por nacer.
Esa experiencia previa en reproducción bovina permitió incorporar la nueva genética sin empezar desde cero. “Cada 45 o 60 días hacemos programas de transferencia de embriones. Lo que hicimos fue adaptar esos protocolos que ya utilizábamos con otras razas”, explicó Imbeth Acosta.
El mayor desafío apareció después del nacimiento de las primeras crías. Las altas temperaturas, la humedad permanente y la presión sanitaria del trópico obligaron a desarrollar protocolos veterinarios y nutricionales específicos.
Frente a esas condiciones, el equipo técnico diseñó estrategias de manejo sanitario y alimentación diferenciadas para acompañar el desarrollo de los animales.
“Nos tocó crear protocolos propios de manejo veterinario y nutricional porque el comportamiento de esta raza exige cuidados distintos a los de las razas cebuinas”, sostuvo.
Las primeras pruebas se realizaron entre 2021 y 2022 con grupos de 20 a 30 vacas receptoras, aunque la infraestructura de la empresa permite desarrollar programas con hasta 100 vientres.
De acuerdo con el productor, tras casi cinco años de seguimiento, los animales han mostrado una tasa de supervivencia superior al 92% hasta la finalización, buena tolerancia a las condiciones sanitarias de la zona y ganancias diarias de peso de entre 650 gramos y un kilogramo en los ejemplares manejados bajo esquemas semiestabulados y con suplementación.
La base del sistema, agregó, continúa siendo el pastoreo complementado con suplementación estratégica.
Además del componente técnico, la iniciativa incluye abrir nuevas posibilidades comerciales para la ganadería colombiana. Imbeth Acosta considera que la limitada oferta nacional representa un espacio para aumentar la producción de esta genética.
Como argumento de ese potencial, el productor recordó que el inventario nacional sigue siendo reducido frente a la demanda. "Hoy el inventario de wagyu puro en Colombia no alcanza a satisfacer la demanda interna, y eso muestra el potencial que existe para seguir creciendo".
Desde su perspectiva, la posibilidad de producir animales en extensiones mayores que las disponibles en otras regiones, facilita la expansión del pie de cría mediante programas reproductivos en la costa caribe.
Ventaja competitiva
Aunque el proyecto todavía se encuentra en una etapa de consolidación, la experiencia ha despertado interés entre otros productores del Caribe que buscan alternativas de mayor valor agregado para sus sistemas ganaderos.
Imbeth Acosta considera que el siguiente paso será consolidar un modelo que combine productividad, calidad de carne y sostenibilidad en condiciones propias del trópico bajo.
“Lo más importante ha sido comprobar que la raza puede adaptarse a nuestras condiciones climáticas y que podemos producir una carne de excelente calidad sin renunciar a un sistema de producción sostenible”, concluyó. (Lea en CONtexto ganadero: El búfalo toma fuerza en Colombia: cifras y razones del auge)
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