Más de 40.000 hectáreas afectadas por las inundaciones en Córdoba, Antioquia, Sucre y Bolívar así como otros departamentos del país obligan a los ganaderos a actuar con rapidez. Expertos recomiendan drenaje, recuperación biológica del suelo y siembras estratégicas para garantizar alimento y resiliencia productiva.
Las intensas lluvias de las últimas semanas en el norte de Colombia no solo dejaron viviendas y vías bajo el agua. También golpearon con fuerza los sistemas productivos. En departamentos como Córdoba y Sucre, más de 40.000 hectáreas resultaron inundadas y cerca del 80 % del territorio cordobés sufrió algún nivel de afectación. La emergencia climática es hoy una crisis agropecuaria profunda que compromete la seguridad alimentaria del hato y el ingreso de miles de familias rurales.
En zonas ganaderas, las inundaciones prolongadas provocan compactación del suelo, pérdida de nutrientes, erosión y muerte de microorganismos benéficos. Las pasturas se deterioran o desaparecen. Si no se actúa a tiempo, estas tierras pueden tardar años en recuperar su productividad, con consecuencias directas sobre la oferta de forraje y la estabilidad económica del productor. (Lea en CONtexto ganadero: Grave emergencia invernal en Córdoba y norte de Urabá moviliza al gremio ganadero)
Recuperar el suelo
Cuando el agua comienza a retirarse, el primer paso es evitar que quede estancada. Un buen drenaje permite que las raíces respiren y que la vida microbiana empiece a reactivarse. Sin este proceso, cualquier intento de siembra tendrá resultados limitados.
Luego es clave hacer una evaluación técnica. Medir niveles de compactación, revisar la pérdida de materia orgánica y analizar los nutrientes disponibles orienta las decisiones. La aireación mecánica con subsoladores o escarificadores livianos ayuda a romper las capas endurecidas por el paso del agua. A esto se suma la incorporación de estiércol compostado, residuos vegetales o abonos verdes para impulsar la reactivación biológica y mejorar la estructura del suelo.
Forrajes que restauran
La resiembra con especies adaptadas a condiciones húmedas es una de las estrategias más efectivas. Gramíneas como Brachiaria humidícola o angleton, junto con leguminosas como el kudzu tropical y el maní forrajero, cumplen una doble función: aportan alimento y contribuyen a la recuperación del terreno. (Lea en CONtexto ganadero: Aprenda a sembrar sus pastos: la diferencia entre semilla desnuda e incrustada)
Estas plantas ayudan a fijar el suelo, reducen la erosión y mejoran la infiltración del agua. En el caso de las leguminosas, su capacidad de fijar nitrógeno disminuye la dependencia de fertilizantes químicos, un aspecto clave en un contexto de alta vulnerabilidad económica. Así, la siembra se convierte en una herramienta productiva y ambiental al mismo tiempo.
Más allá de las pasturas, la integración de árboles en sistemas silvopastoriles ofrece una solución de fondo. Especies como matarratón, leucaena, guácimo, campano o cedro estabilizan el suelo con sus raíces profundas, mejoran el microclima y reducen la escorrentía. Los árboles funcionan como ingenieros ecológicos, aportando sombra y forraje suplementario, y fortaleciendo la resiliencia frente a nuevas inundaciones o sequías.
Oportunidad para transformar
Con asistencia técnica, articulación comunitaria y respaldo institucional, la reconstrucción del suelo puede marcar el inicio de sistemas más resilientes. Sistemas capaces de alimentar al ganado, proteger el ambiente y sostener la vida rural incluso en medio de un clima cada vez más extremo.
Para quienes están planificando la próxima siembra, febrero es un mes estratégico. Durante este periodo, TVgan realiza el Festival de la Semilla, con semillas desnudas e incrustadas de alta calidad, en diversas variedades y marcas reconocidas. Los interesados pueden solicitar información a través de la línea de WhatsApp +57 300 912 2320.
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