Esta medida, recientemente incorporada a las evaluaciones genéticas en Estados Unidos, se consolida como un indicador para mejorar la eficiencia. Durante la Ruta Láctea 2026 de Subastar, el zootecnista Édgar Hidalgo, de la empresa Select Sires, explicó por qué este rasgo gana protagonismo en los sistemas lecheros modernos.
La velocidad de ordeño dejó de ser un dato operativo para convertirse en una herramienta estratégica dentro de la toma de decisiones del productor. En Estados Unidos, este rasgo fue incorporado recientemente a las evaluaciones nacionales, con un promedio de 7,1 libras de leche por minuto, lo que permite comparar animales y rodeos bajo un mismo parámetro técnico. (Lea en CONtexto ganadero: Cómo el tipo de ubre, la morfología del pezón y la raza influyen en la duración de ordeño)
Durante su intervención en la Ruta Láctea 2026 de Subastar, Édgar Hidalgo, zootecnista experto en genética bovina y funcionario de la firma Select Sires, explicó que este indicador está directamente relacionado con la eficiencia de la sala de ordeño y con la capacidad de aprovechar mejor la infraestructura disponible.
“La velocidad de ordeño se convierte en un aliado silencioso del productor, porque permite hacer más con el mismo equipo, sin necesidad de ampliar la sala o aumentar los costos fijos”, señaló.
Un indicador que impacta la eficiencia
La importancia de la velocidad de ordeño radica en su efecto directo sobre el tiempo total que las vacas pasan en la sala y sobre la rutina diaria del sistema. Una sala automatizada 12 x 2, con una duración máxima de 1,5 horas por ordeño, tapetes en goma, pruebas de fondo oscuro, medición de conductividad, pre sellado, limpieza individual del pezón y sellado con barrera, crea el entorno adecuado para que este rasgo se exprese correctamente. (Lea en CONtexto ganadero: Los diferentes tipos de salas de ordeño)
Hidalgo enfatizó que no se trata de buscar valores extremos. Evitar extremos es clave para no comprometer la salud de la ubre ni la calidad de la leche. “No buscamos vacas ni demasiado lentas ni excesivamente rápidas, porque ambos extremos generan problemas operativos y sanitarios que terminan afectando la rentabilidad”, afirmó el especialista.
Además, recordó que factores biológicos como la raza y el número de partos influyen de manera natural en la velocidad de ordeño, por lo que el análisis siempre debe hacerse de forma integral y no aislada.
Retorno de la inversión
Uno de los puntos más destacados de la charla fue el impacto de la velocidad de ordeño en el retorno de la inversión (ROI). Al mejorar este rasgo mediante genética, nutrición y manejo, los hatos pueden ordeñar más vacas en el mismo tiempo, con el mismo personal y con el mismo equipo, lo que se traduce en una reducción de costos operativos y en un aumento de la producción total.
“El ROI de la velocidad de ordeño está en la eficiencia por minuto. Cuando logramos que cada minuto en sala sea más productivo, el sistema completo se vuelve más rentable sin necesidad de grandes inversiones adicionales”, explicó Hidalgo, resaltando que este beneficio es especialmente evidente en sistemas de ordeño automatizado.
El respaldo técnico de este indicador proviene de un volumen robusto de información. Investigaciones basadas en más de 50 millones de registros individuales de ordeño de cerca de 300 hatos en Estados Unidos permitieron depurar datos de alta calidad. En las evaluaciones genéticas de agosto de 2025 se utilizaron más de 146 mil registros de lactancia de vacas holstein, provenientes de distintos fabricantes de equipos y esquemas de ordeño.
Finalmente, el experto recordó que, aunque muchos países aún evalúan la velocidad de ordeño con puntuaciones subjetivas, la disponibilidad de datos objetivos como la producción de leche y la duración del ordeño abre la puerta a decisiones más precisas. “La velocidad de ordeño ya no es solo una percepción del operario; hoy es un dato medible que ayuda a construir sistemas más eficientes, sostenibles y competitivos”, concluyó.
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