Más de 18.000 familias rurales se postularon para acceder a una de las 1.500 novillas entregadas por el programa social de Fundagán, revelando una demanda sin precedentes. La respuesta supera la capacidad instalada y evidencia una brecha crítica que exige mayor articulación público-privada para transformar el campo colombiano de forma sostenible y digna.
El pasado 22 de diciembre de 2025 cerró la quinta convocatoria del programa Una Vaca por la Paz, impulsado por la Fundación Colombia Ganadera (Fundagán), dejando cifras que estremecen y motivan.
Más de 18.000 familias campesinas se postularon para recibir una de las 1.500 novillas preñadas recaudadas en su más reciente cena benéfica. Esta recepción masiva confirma tanto la credibilidad del programa como la magnitud de las necesidades rurales en el país.
La demanda superó en más de 12 veces la oferta disponible, lo cual refleja una profunda brecha entre lo que se puede ofrecer y lo que realmente necesita el campo colombiano. (Lea en CONtexto ganadero: ¡Ya está abierta la convocatoria de Una Vaca por la Paz! Así puede postularse para ser beneficiario)
Esta disparidad no solo pone en evidencia la urgencia de fortalecer iniciativas productivas, sino que convoca a empresarios, entidades públicas y sociedad civil a formar parte de una solución integral.
Carlos Alfonso Luque, presidente ejecutivo de Fundagán, fue claro al interpretar el mensaje detrás de las cifras: “Recibir tal cantidad de solicitudes es un mensaje contundente sobre la necesidad rural y una prueba de que la ganadería continúa siendo una respuesta social sólida para el país. Cada postulación representa el sueño de una familia que ve en nuestra actividad una vía para transformar su realidad; esto nos obliga a redoblar esfuerzos y a fortalecer el mensaje enviado a empresarios y gobiernos locales sobre la importancia de tender una mano amiga al campo”.
Ganadería con propósito
A diferencia de los esquemas asistencialistas, Una Vaca por la Paz entrega un activo productivo: una novilla preñada, capaz de ofrecer alimento y generar ingresos. Esta vaca, junto con el acompañamiento técnico, representa una oportunidad de emprendimiento rural que puede perpetuarse en el tiempo.
El modelo propone una lógica de solidaridad circular, en donde el beneficiario debe reintegrar un aporte simbólico de $700.000, equivalente al 40 % de un salario mínimo, cuando nace la primera cría, permitiendo así que nuevas familias puedan acceder al mismo beneficio. Esto garantiza que el programa se autosostenga y se expanda a más rincones del país.
Nataly Delgado Pinzón, directora ejecutiva de Fundagán, resaltó el valor de esta respuesta ciudadana como motor de expansión y compromiso colectivo.
“Este es un ejercicio de solidaridad circular donde los hogares reciben no solo una novilla preñada, sino acompañamiento técnico integral. Al establecer aportes simbólicos de sostenibilidad, estamos construyendo una cadena donde el beneficiario de hoy ayuda a financiar el sueño de otra familia mañana. Es una invitación a que más organizaciones se sumen a una posibilidad real de progreso que ya cumple más de una década transformando vidas”, declaró.
Causa nacional
El verdadero impacto del programa radica en su capacidad de dignificar la vida rural, convertir a la ganadería en una herramienta de justicia social y romper el círculo de pobreza en zonas históricamente marginadas.
La Fundación reafirma su rol como articuladora de una visión conjunta que convoque a todos los sectores en torno a un objetivo común, hacer del campo colombiano un motor de desarrollo, sostenibilidad y equidad. (Lea en CONtexto ganadero: Los aliados de Una Vaca por la Paz: la cadena solidaria que impulsa el campo colombiano)



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