Mientras el suelo australiano se convierte en polvo por el cambio climático y la sobreexplotación, una alternativa inesperada está brotando desde las propias ovejas del país. Agricultores y científicos transforman el excedente de lana en una herramienta poderosa para combatir la desertificación.
Australia, el continente habitado más seco del planeta, ha enfrentado una de las peores crisis de degradación de suelos del hemisferio sur. Más del 66 % de su superficie ya sufre daños severos, tres veces el promedio mundial. Pero justo donde el polvo domina el paisaje, una sorprendente solución ha comenzado a revertir el daño: la lana.
Ganaderos y agricultores están usando esta fibra, antes destinada exclusivamente a la moda de lujo, para nutrir la tierra, mejorar la retención de agua y regenerar cultivos. (Lea en CONtexto ganadero: Los 3 desafíos globales que unen a ganaderos de Australia, Canadá, EE. UU. y México)
En un país con más de 70 millones de ovejas, el aprovechamiento de su lana para fines agrícolas podría marcar un antes y un después en la lucha contra la desertificación. Australia produce el 45 % de toda la lana del planeta. Durante años, la merino australiana ha sido el alma de la ropa de cama fina, la indumentaria de alto rendimiento y la moda de élite.
No obstante, tras alcanzar precios récord de 2.000 dólares australianos por tonelada en 2018–2019, el mercado colapsó, cayendo hasta los 800 dólares por tonelada. Muchas granjas dejaron de cubrir siquiera los costos básicos de la esquila.
Este desplome obligó a repensar el uso de la fibra, pues lo que antes era un residuo sin salida rentable, se convirtió en un insumo para la recuperación del suelo. Agricultores comenzaron a prensar lana limpia en pellets térmicos, pequeños cilindros capaces de absorber 20 veces su peso en agua y liberarla lentamente.
Pellets que alimentan
Los pellets de lana no solo hidratan el suelo. Su estructura rica en queratina les permite liberar gradualmente nutrientes esenciales como 16 % de nitrógeno, 3 a 4 % de azufre, y minerales como zinc, hierro y cobre. A diferencia de los fertilizantes químicos que pueden dañar los acuíferos, esta solución natural alimenta las plantas hasta por seis meses sin contaminar.
El impacto fue inmediato, pues tras los devastadores incendios de 2019–2020, que arrasaron más de 18 millones de hectáreas, los pellets de lana ayudaron a reverdecer suelos quemados en pocas semanas. En una granja de ciruelas, la producción aumentó un 37 % y el peso de cada fruta casi se duplicó.
Otras granjas comenzaron a utilizar la lana en su forma triturada como acolchado agrícola, en la que una capa de 5 a 10 centímetros alrededor de las plantas reduce la temperatura del suelo hasta cinco grados en días calurosos, conserva la humedad más eficientemente que la paja, y aleja naturalmente a caracoles y babosas por la textura irritante de la fibra.
Además, empresas australianas también han creado fertilizantes líquidos a base de lana, ricos en aminoácidos, que pueden aplicarse directamente sobre las hojas sin oxidar los equipos. Estas soluciones permiten a las plantas fotosintetizar mejor y resistir las sequías. (Lea en CONtexto ganadero: ¿Cómo pasar de la tradición al éxito? El Triunfo y El Burro revelan sus secretos en el día 1 de la Gira 2025)



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