La investigación internacional abrió una nueva discusión para el sector bovino, pero en el país todavía no existen ensayos en animales con estos suplementos. Fedegán-FNG sostiene que la salida más cercana está en el manejo eficiente de praderas, división de potreros, mejorar forrajes, árboles, gerencia y transferencia tecnológica.
La ganadería mundial mira con atención los avances científicos que buscan reducir las emisiones de metano sin frenar la producción de carne y leche.
En Australia, investigaciones con suplementos derivados de algas rojas han logrado reducciones de entre 90 y 95% en sistemas estabulados, un resultado que despierta expectativa en países productores como Colombia, aun cuando la mayor parte del hato trabaja bajo pastoreo. (Lea en CONtexto ganadero: Prueban aditivo reduce hasta 30 % el metano en vacas lecheras sin afectar la producción)
Para Olber Ayala, subdirector de Ciencia, Tecnología e Innovación de Fedegán-FNG, ese hallazgo es importante, pero todavía no representa una tecnología lista para aplicar en el país.
En Colombia, según explicó a CONtexto, no se han desarrollado investigaciones en animales con algas para este propósito, aunque sí existe potencial para abrir una línea de estudio que revise especies marinas y de agua dulce presentes en el territorio nacional.
El país el país aún no tiene una solución basada en algas para reducir el metano bovino, pero sí cuenta con herramientas probadas para avanzar hacia una ganadería más sostenible y rentable.
La ruta más inmediata está en hacer más eficiente el uso del forraje, incorporar árboles, mejorar la gestión de las fincas y fortalecer la extensión rural.
Ayala insistió en que la sostenibilidad no puede verse solo como una exigencia ambiental. En ganadería, producir mejor también significa emitir menos por unidad de carne o leche producida.
“A mayor productividad, mejor eficiencia ambiental”, expresó el directivo para explicar que los sistemas más organizados, con buen manejo de praderas y árboles, pueden mejorar el negocio y reducir su huella.
Las algas rojas investigadas en Australia sintetizan una molécula llamada bromoformo, capaz de actuar sobre microorganismos del rumen conocidos como arqueas, responsables de generar metano durante la fermentación.
Según Ayala, su mayor eficiencia se ha visto en animales totalmente estabulados, a los que la alimentación a base de granos puede ser controlada con precisión.
Sin embargo, advirtió que aún existen preguntas abiertas: ¿El bromoformo, en altas cantidades, tiene consideraciones sanitarias para humanos?
“Aunque las dosis suministradas a los animales son bajas, hasta ahora, no hay evidencia de paso a la carne, pero sí se han encontrado algunas trazas en leche, tema que continúa en investigación”, advirtió Ayala.
Por eso, para Colombia, la opción no es copiar de inmediato el modelo australiano, sino investigar más, bajo nuestro modelo productivo. El país tendría que identificar qué algas posee, si contienen moléculas útiles y si pueden probarse de forma segura en bovinos.
La ruta colombiana
Y mientras esa posibilidad madura, el camino más sensato para la ganadería nacional está en los sistemas pastoriles y silvopastoriles bien manejados.
Ayala afirmó que el país debe aprender a “ser mejores agricultores[RA1] ”, es decir, cosechar el forraje en su punto óptimo con mejor composición nutricional, proteína adecuada y niveles de fibra que no obliguen al animal a una fermentación ruminal excesiva.
Ese manejo permite activar lo que Ayala llama la “bomba de carbono”: praderas que capturan CO2 mediante fotosíntesis, producen hojas y raíces, y contribuyen a la captura de carbono y posterior fijación en el suelo, cuando el animal consume el forraje.
El segundo componente es el árbol, por eso para Fedegán-FNG, los sistemas silvopastoriles ofrecen sombra, alimento, bienestar animal, conectividad ecológica, regulación del agua, y de la temperatura, mejores ciclos de nutrientes y menor evapotranspiración.
No se trata de sembrar árboles al azar, sino de integrarlos estratégicamente con el forraje y la operación de la finca.
El tercer elemento es la gerencia. Tener información reproductiva, mejorar los tiempos productivos y evitar animales ineficientes también reduce emisiones. Ayala pone un ejemplo: no esperar 40 meses para el primer parto, sino buscar edades cercanas a 22, 23 o 24 meses, permite ritmos productivos más eficientes.
¿Qué falta?
Fedegán-FNG ha destacado avances en formación, giras técnicas, brigadas tecnológicas, círculos de excelencia ganadera, proyectos con universidades y modelos de ganadería sostenible.
También menciona investigaciones en genética holstein con animales capaces de producir entre 20 y 30% menos emisiones. (Lea en CONtexto ganadero: Ganadería no produce el 20 % de gases contaminantes en Colombia)
Pero el gran reto sigue siendo llevar ese conocimiento a más productores. Ayala planteó que Colombia necesita más investigación en sostenibilidad, inversión pública y privada en investigación, digitalización, uso de datos, estudios sobre árboles nativos y un servicio de extensión sólido y articulado entre lo público y lo gremial.
La carrera por una ganadería baja en emisiones ya empezó. Australia explora las algas; Colombia, por ahora, tiene otra ruta: hacer que cada finca sea más productiva, más eficiente y ambientalmente mejor manejada.
[RA1]Los pastores son los que llevan animales por las pasturas; la clave es ser mejores agricultores (productores y cosechadores de pasto)
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