CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
Salario mínimo afectación agro

Foto: Cortesía Secretaría Agricultura del Valle

El informe evidencia que la agricultura tiene una relación directa y crítica con el salario mínimo.

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El salario mínimo pone en riesgo el empleo rural: las advertencias de la ANIF

por: Angie Barbosa- 31 de Diciembre 1969

Un informe del Centro de Pensamiento Económico ANIF alertó que el impacto del incremento del salario mínimo sobre el empleo rural podría ser mayor al previsto, debido a la alta informalidad y a los bajos niveles de productividad que caracterizan al campo colombiano.

Un informe del Centro de Pensamiento Económico ANIF alertó que el impacto del incremento del salario mínimo sobre el empleo rural podría ser mayor al previsto, debido a la alta informalidad y a los bajos niveles de productividad que caracterizan al campo colombiano.


El incremento del salario mínimo en 23 % para 2026, definido bajo el concepto de salario vital, ha generado un amplio debate económico. Aunque la medida busca mejorar el ingreso de los trabajadores, el análisis de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) señala que su efecto no es homogéneo entre sectores y que el agro figura entre los más expuestos.

Estructura frágil y limitada capacidad de ajuste hacen que el impacto en el campo sea particularmente sensible. (Lea en CONtexto ganadero: Aumento histórico del salario mínimo sacude los costos ganaderos y pone en riesgo la rentabilidad)


Sector con alta exposición al salario mínimo


El informe evidencia que la agricultura tiene una relación directa y crítica con el salario mínimo. De acuerdo con el documento, “en diferentes actividades económicas, una proporción significativa de los ocupados formales devenga exactamente un salario mínimo, tales como agricultura (37,5 %)”, lo que implica que el aumento se traslada de forma inmediata a los costos laborales de los productores.

Este choque es especialmente complejo en un sector donde predominan unidades productivas pequeñas y medianas, con escaso margen para absorber incrementos salariales vía productividad. Como resultado, el ajuste puede traducirse en una menor contratación formal y en la postergación de nuevas vinculaciones laborales. Costos crecientes que presionan la sostenibilidad del empleo rural.


Informalidad: el principal riesgo para el campo


Más allá de los trabajadores que ganan exactamente el mínimo, la ANIF advierte que la agricultura concentra una alta proporción de ocupados con ingresos inferiores al salario legal. El informe señala que “este patrón es evidente en agricultura (75,6 %)”, lo que refleja las dificultades estructurales del sector para generar empleos formales y bien remunerados. (Lea en CONtexto ganadero: Salario mínimo 2026: la puja que también tensiona el campo y el bolsillo de los productores)

En este contexto, el aumento del salario mínimo puede tener efectos contraproducentes. Según el centro de estudios, “los empleos que hoy se ubican alrededor de un salario mínimo en estos sectores enfrentan un mayor riesgo de desplazarse hacia la informalidad”. En lugar de consolidar mejoras sostenidas en el ingreso rural, el ajuste salarial podría profundizar la segmentación del mercado laboral en el campo. Mayor precariedad, menor protección social y un retroceso en la formalización son algunos de los riesgos identificados.


Presiones adicionales y efectos económicos


El informe también advierte que el impacto sobre el agro se ve reforzado por la reducción gradual de la jornada laboral, vigente desde 2023, que ha incrementado el costo por hora trabajada. Esta combinación eleva las presiones sobre actividades intensivas en mano de obra, como la agricultura, donde la organización del trabajo depende de ciclos productivos y estacionales.

A nivel macroeconómico, la ANIF subraya que estos mayores costos laborales pueden trasladarse a precios y afectar la inflación, encareciendo servicios e insumos que inciden indirectamente en el sector agropecuario. En ese sentido, el documento concluye que “un incremento desmedido del salario mínimo, sin anclaje en productividad ni en inflación observada, compromete múltiples frentes”, entre ellos la generación de empleo formal y la estabilidad de sectores vulnerables como el agro.

Para el campo colombiano, el desafío sigue siendo estructural: elevar productividad, reducir informalidad y mejorar el ingreso rural sin imponer cargas que terminen debilitando la base del empleo. Reto pendiente para una política salarial que, en su diseño, reconozca las particularidades del sector agropecuario.