Ocupó ese puesto en población desplazada dentro de sus propias fronteras, solo detrás de Sudán y Siria. La expansión de economías ilegales, el deterioro climático y la persistencia de la violencia están vaciando regiones rurales enteras, golpeando la producción agropecuaria.
En las sabanas del Caribe, en el Pacífico y en amplias zonas ganaderas del sur del país, miles de familias volvieron a abandonar sus fincas durante 2024. Algunas dejaron atrás cultivos, otras perdieron ganado y muchas salieron con lo que tenían puesto después de amenazas de grupos armados, inundaciones o disputas por corredores del narcotráfico.
Mientras el debate nacional gira entre reformas y polarización política, Colombia se consolidó como el tercer país con más personas desplazadas internamente en el mundo, con 7,3 millones de afectados, según el Global Report on Internal Displacement (GRID por sus siglas en inglés) 2025 del Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC)
El dato refleja una tragedia humanitaria y confirma que el desplazamiento dejó de ser un episodio ligado exclusivamente al pasado del conflicto armado y se convirtió en una condición permanente para miles de comunidades rurales.
El informe advierte que países como Colombia siguen atrapados en desplazamientos prolongados, donde millones de personas no logran regresar ni reconstruir sus proyectos de vida.
La paradoja es evidente. A casi una década de la firma del acuerdo de paz con las Farc, regiones históricamente productivas continúan expulsando población.
La violencia mutó, cambió de actores y se mezcló con economías ilegales, minería criminal, narcotráfico y control territorial. A eso se suman inundaciones, sequías y fenómenos climáticos que deterioran aún más las condiciones del campo colombiano.
El propio GRID advierte que el desplazamiento ya no puede analizarse solo como un problema de seguridad, sino como una crisis estructural ligada a pobreza, desigualdad, inestabilidad y cambio climático. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos desplazados y carne clandestina. Así va la crisis de la inseguridad)
Tragedia cotidiana
En muchas regiones ganaderas, el desplazamiento ya no genera titulares, ocurre en silencio. Una familia abandona una vereda en el Catatumbo, otra vende el ganado a pérdida en el Bajo Cauca y otra más deja una parcela inundada en La Mojana. Son movimientos dispersos, casi invisibles, pero constantes.
De acuerdo con el informe, en Córdoba y Sucre, productores reconocen que el miedo volvió a instalarse en zonas rurales donde hace pocos años se hablaba de estabilización.
En departamentos como Arauca, Cauca y Nariño, las disputas entre grupos armados ilegales han convertido nuevamente al campesino en una víctima atrapada entre fronteras invisibles. (Lea en CONtexto ganadero: Colombia cuesta arriba en violencia y desplazamientos. ¿Por qué?)
El problema golpea directamente a la economía rural. Cuando una familia abandona una finca se pierde una vivienda. También desaparecen hectáreas productivas, se reducen inventarios bovinos, cae la producción de leche y se afecta el empleo local.
En muchas zonas, las tierras terminan bajo control ilegal o simplemente abandonadas.
Y hay más: el informe internacional sostiene que el desplazamiento interno no disminuye porque millones de personas carecen de soluciones duraderas para regresar o rehacer sus vidas. En Colombia, esa realidad se refleja en municipios donde las familias desplazadas terminan instaladas en cinturones urbanos de pobreza o sobreviviendo en predios prestados.
La crisis climática agrava el escenario. Sequías prolongadas afectan la disponibilidad de agua para ganadería y agricultura, mientras inundaciones recurrentes destruyen cultivos, vías terciarias y viviendas rurales. El GRID advierte que el cambio climático y los desastres naturales están intensificando desplazamientos en países vulnerables y prolongando la crisis de quienes ya habían sido expulsados por la violencia.
En regiones productoras, la presión también viene de las economías ilegales. Allí donde el Estado pierde presencia, avanzan cultivos ilícitos, minería ilegal y estructuras criminales que imponen reglas sobre la tierra y las actividades económicas
Crisis normalizada
La dimensión más preocupante quizá no sea la cifra, sino la indiferencia. Colombia convive desde hace décadas con millones de desplazados y aprendió a mirar el fenómeno como parte del paisaje social.
Sin embargo, detrás de cada estadística hay familias que dejaron animales abandonados, niños que interrumpieron sus estudios y productores que perdieron el trabajo de generaciones enteras. El desplazamiento sigue modificando la geografía económica del país y debilitando la seguridad alimentaria en regiones clave.
El GRID insiste en que atender esta problemática requiere mucho más que ayuda humanitaria. Resolverla implica inversión rural, presencia institucional, acceso a tierras, infraestructura, adaptación climática y seguridad en los territorios.



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