Las intensas lluvias han provocado más de 14 emergencias en el departamento, dejando viviendas inundadas, vías afectadas y un panorama preocupante para la producción agropecuaria en regiones estratégicas.
La temporada de lluvias ya comenzó a mostrar su impacto en Cundinamarca. En lo corrido de marzo, se han registrado más de 14 emergencias asociadas a las precipitaciones, sumando un total de 44 afectaciones en el mes y 115 en el primer trimestre del año. Municipios como Pacho, San Francisco y Facatativá concentran los mayores daños, en un contexto que empieza a generar alerta por sus efectos en el campo y la economía rural. (Lea en CONtexto ganadero: Más de 300 ganaderos se suman al compromiso de conservación en Cundinamarca)
El aumento de los caudales, los desbordamientos y los movimientos en masa han comprometido la infraestructura y la movilidad en varias zonas. Desde la Gobernación se advierte sobre la magnitud de la situación. “Tenemos graves emergencias en varios puntos del departamento, que están generando afectaciones a la infraestructura vial y a la movilidad”, afirmó el gobernador Jorge Emilio Rey. Este panorama refleja una situación crítica que podría escalar en los próximos días.
Emergencias en aumento
Uno de los casos más complejos se registró en Facatativá, donde desde las 4:00 a. m. del 18 de marzo se reportaron crecientes súbitas que derivaron en el desbordamiento de quebradas y ríos. Barrios y veredas como Los Manzanos, La Selva y Villa Miriam resultaron inundados, dejando a cientos de personas afectadas.
Las lluvias no solo impactaron este municipio. En Pacho, El Peñón, San Francisco y Soacha también se presentaron deslizamientos, colapsos de alcantarillado y desbordamientos de fuentes hídricas. En el caso de Pacho, el río Rionegro afectó el puente Pasuncha, generando complicaciones en la conectividad local. Se trata de una emergencia extendida que evidencia la vulnerabilidad de varias zonas del departamento.
Respuesta institucional
Ante la magnitud de los eventos, organismos de socorro como la Cruz Roja, el Ejército, la Policía y el Cuerpo de Bomberos desplegaron operativos en los municipios afectados. Las acciones incluyeron evacuaciones preventivas, instalación de sacos de arena y estrategias para desviar corrientes de agua. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos de Cundinamarca, en crisis por cortes de luz, vías e inseguridad)
El trabajo coordinado ha permitido mitigar algunos impactos, aunque las autoridades mantienen la alerta. La Unidad Departamental de Gestión del Riesgo continúa en monitoreo permanente en los 116 municipios, con el objetivo de anticipar nuevas emergencias en medio de una temporada invernal que apenas comienza. La prioridad es contener los daños en medio de una respuesta inmediata que sigue en curso.
Riesgo para el agro
Más allá de las afectaciones urbanas, el sector agropecuario empieza a enfrentar consecuencias que podrían ser severas. Las inundaciones en zonas rurales, el deterioro de vías terciarias y la saturación de los suelos amenazan cultivos, ganadería y cadenas de abastecimiento.
En regiones como Rionegro y Sabana Occidente, donde la actividad agrícola es clave, el exceso de agua puede provocar pérdidas en cosechas, dificultades para el transporte de productos y afectaciones en la productividad. A esto se suma el riesgo sanitario en el ganado por la humedad constante.
El panorama genera preocupación entre productores y autoridades, ya que de prolongarse las lluvias, el impacto podría traducirse en alza de costos y menor oferta de alimentos. Por ahora, el departamento enfrenta una alerta creciente que pone a prueba su capacidad de respuesta y resiliencia rural.
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