Productores alertan sobre nuevos casos de hurto de reses mediante extracción a pie desde fincas y advierten que la modalidad sigue activa en varias zonas del departamento. El gremio pide refuerzo institucional y mayor reacción preventiva.
Los delincuentes no siempre irrumpen con camiones a las puertas de las fincas para cometer sus fechorías. Según Carlos Gustavo Silva, gerente del Comité de Ganaderos del Tolima, el modus operandi de las bandas en este departamento está mutando. Como muestra de ello ahora los bandidos se llevan el ganado a pie.
Aprovechando la inmensidad de los predios y la soledad de la noche, los criminales arrean a los animales por caminos veredales, alejándolos del radar inmediato del propietario antes de subirlos a vehículos en puntos ciegos de las vías secundarias. Este método de extracción lenta no solo busca burlar la vigilancia, sino que fragmenta la trazabilidad del animal, facilitando su camuflaje en otros hatos o su sacrificio ilegal.
El ‘triángulo de la vulnerabilidad’
El mapa del riesgo ya tiene coordenadas claras. Los corredores que conectan a El Guamo, Dolores y Prado se han convertido en rutas de alta tensión, pues la geografía de estos municipios, una mezcla de extensiones vastas y una red de vías terciarias de difícil control, es el escenario ideal para estructuras organizadas que ya han dejado rastros de su operación. (Lea en CONtexto ganadero: Abigeato sin freno en el norte del Tolima)
Para el gremio, cada res no es solo un activo, sino el acumulado de años de inversión en genética, sanidad y sudor campesino. En consecuencia, para un pequeño productor, el robo de cinco animales es la quiebra técnica de su proyecto de vida y la desestabilización de su núcleo familiar.
El gremio es enfático en que la seguridad rural debe evolucionar hacia un modelo más preventivo, donde la verificación rigurosa de documentos en carreteras secundarias sea el primer filtro contra la ilegalidad. Esta articulación institucional busca cerrar las rutas de escape antes de que el ganado sea sacrificado o comercializado en mercados clandestinos que alimentan la cadena criminal.
Finalmente, el campo tolimense plantea la necesidad de que la seguridad se materialice con la misma contundencia en las zonas rurales que en los centros urbanos, mediante la consolidación de corredores vigilados y el control estricto de la movilización de ganado, con el objetivo de prevenir nuevos casos de hurto, fortalecer la trazabilidad y garantizar condiciones estables para el desarrollo de la actividad pecuaria en el departamento.
/)
/)