En este departamento, tras un inicio de año prometedor, productores de Sincé enfrentan un desplome inesperado en sus ingresos mientras los costos siguen en alza y el clima golpea sin tregua. La sostenibilidad del pequeño productor está en juego.
En Sincé, Sucre, los ganaderos pasaron en cuestión de semanas de un escenario alentador a una situación de límite extremo. Lo que comenzó en enero con precios favorables para la leche, hoy se ha convertido en una combinación de caída de ingresos, sequía prolongada y costos disparados que amenaza la permanencia de los pequeños productores en la actividad. (Lea en CONtexto ganadero: Subió la leche para Córdoba y Sucre en 2026: conozca las cifras que cambian el negocio)
En los primeros meses del año, el panorama era distinto. Según relata el ganadero José Guerra, el litro de leche llegó a pagarse entre 2.400 y 2.600 pesos, generando expectativas positivas en la región. La práctica de la trashumancia y la proyección de un verano fuerte hacían prever estabilidad o incluso mejores precios.
Sin embargo, el escenario cambió abruptamente en febrero. Los precios se desplomaron, coincidiendo con el avance de la sequía. La reducción de pastos impactó directamente en la producción, debilitando a los animales y reduciendo el volumen de leche disponible. “Donde no hay producción, el pequeño ganadero se va a pique”, advirtió Guerra.
La situación combina factores estructurales y coyunturales: condiciones climáticas adversas, encarecimiento de insumos y falta de incentivos. El resultado es una crisis que golpea con más fuerza a quienes dependen exclusivamente de la producción láctea en este departamento.
Derrumbe de precios
El desplome del precio de la leche ha sido uno de los golpes más duros. Mientras en enero los ingresos permitían cubrir costos, hoy la realidad es distinta. La caída ha sido rápida y sin amortiguadores.
A esto se suma una contradicción evidente en la cadena: mientras al productor se le paga menos, el consumidor sigue encontrando precios altos en el mercado. “La leche procesada no baja nunca”, señaló Guerra, evidenciando una desconexión entre el origen y el punto de venta.
Esta brecha agrava la sensación de inequidad en el sector, donde el eslabón más débil, el productor, asume la mayor carga de la crisis.
Causa evidente
El verano en Sucre ha sido particularmente severo, pues en varias zonas no ha caído una sola gota de lluvia, dejando pozos secos y pastos inexistentes. La consecuencia se ve con animales deteriorados, enfermos y, en muchos casos, muertos.
“Los animales se desmejoran y el producto se baja”, explicó Guerra. Sin alimento ni agua suficiente, la productividad cae y los costos aumentan por la necesidad de suplementos y atención veterinaria.
La sequía no solo reduce la producción actual, sino que compromete la capacidad futura del sistema ganadero, debilitando el capital productivo.
Mientras los ingresos caen, los costos continúan en ascenso, ya que insumos como sales y medicamentos mantienen precios elevados, sin señales de reducción. Hay que sumarle a esto los gastos laborales y las dificultades logísticas derivadas del mal estado de las vías.
“No tenemos incentivos, no tenemos nada”, afirma el productor. La falta de apoyo agrava la vulnerabilidad del sector, especialmente para los pequeños ganaderos que operan con márgenes limitados.
Ante este panorama, la estrategia de supervivencia ha sido el endeudamiento y la venta de animales. Muchos productores están liquidando parte de su hato para sostenerse, aunque esto compromete su capacidad de recuperación. “Estamos endeudados totalmente”, reconoció Guerra.
La persistencia en la actividad responde más a una cultura de arraigo que a una viabilidad económica clara. (Lea en CONtexto ganadero: Producción de leche rompe récord en Colombia: 8.405 millones de litros en 2025)
La percepción de abandono también pesa. Según el ganadero, las políticas actuales no favorecen al sector y medidas como los avalúos catastrales han incrementado la presión financiera.
La crisis actual no solo afecta el presente del sector ganadero en Sucre, sino que pone en duda su continuidad. Para quienes dependen exclusivamente de la leche, el margen de maniobra es cada vez más estrecho.
“El que viva de la producción láctea tiene la tendencia a desaparecer”, advierte Guerra. Sin cambios estructurales, el riesgo es claro: menos productores, menor producción y un campo que se vacía lentamente.
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