Un predio formativo de ese departamento del norte de Colombia alcanza un reconocimiento importante tras años de trabajo conjunto entre estudiantes, instructores y gremios. El logro evidencia cómo la educación técnica está acelerando la transformación productiva del sector, en un contexto en el que no adaptarse implica rezago competitivo y ambiental.
La Finca El Caney del Centro para el Desarrollo Agroindustrial del Sena Atlántico recibirá este 21 de abril de 2026, en Barranquilla, la certificación con el Sello Ambiental Colombiano, un reconocimiento que valida años de transformación productiva y ambiental en uno de sus predios formativos. Otorgada por Fundagán, la distinción marca un hito para el departamento, que ahora cuenta con dos fincas certificadas, y refleja un proceso en el que la formación técnica ha sido determinante para integrar sostenibilidad y producción ganadera.
Más allá del reconocimiento, este avance confirma que la transición hacia una ganadería sostenible en Colombia ya no es una promesa, sino una realidad impulsada desde la educación. El caso de El Caney demuestra que la formación técnica puede convertirse en motor de cambio estructural en el sector agropecuario. (Lea en CONtexto ganadero: Cuatro ganaderos recibieron el Sello Ambiental Colombiano de la mano de Fundagán)
La certificación no solo valida prácticas ambientales, sino que posiciona al Sena como un actor importante en la redefinición del modelo productivo ganadero. La participación activa de aprendices en todo el proceso evidencia que el relevo generacional está en marcha y siendo formado bajo nuevos estándares.
Pasar de uno a dos predios certificados en Atlántico representa un salto cualitativo que abre la puerta a la replicabilidad del modelo en otras regiones del país, donde la sostenibilidad comienza a consolidarse como un requisito competitivo.
Modelo de formación
El proceso, liderado desde 2019 por el instructor Giovanny Ibáñez Prada en articulación con Fedegán, inició como una apuesta por integrar conocimiento técnico, producción y sostenibilidad. Con el tiempo, se transformó en un laboratorio vivo en el que los estudiantes aprenden y ejecutan prácticas reales en campo.
La siembra de leucaena, la reforestación de áreas degradadas, la protección de bosques y el manejo adecuado de residuos marcaron el inicio de un cambio progresivo. A esto se sumó la construcción de alianzas para la conservación de fauna y flora, ampliando el impacto más allá del predio.
Este enfoque permitió que la sostenibilidad dejara de ser un concepto teórico para convertirse en una práctica cotidiana, incorporada en cada decisión productiva.
Para Carlos Luque, presidente de la junta directiva de Fundagán, el resultado tiene un alcance que supera lo simbólico. “Es un modelo a seguir. Pasamos de tener un predio certificado a contar con dos, lo que representa una oportunidad extraordinaria, especialmente porque los estudiantes participaron activamente y aprendieron de este proceso”.
Luque también subrayó el impacto en la formación del talento humano: “Queremos que el Sena incluya el Sello Ambiental Colombiano en su plan curricular. Hoy se reportan más de 60 mil hectáreas regeneradas bajo sistemas sostenibles, lo que abre oportunidades reales para los jóvenes en una ganadería que se encuentra constantemente en transformación”. (Lea en CONtexto ganadero: Certificar su finca es más rentable de lo que cree: Fedegán explica cuál es el sello que mejor paga)
Desde la institucionalidad, Jacqueline Rojas Solano, directora del Sena Atlántico, destacó el alcance del logro, asegurando que “pasar de uno a dos predios certificados con el Sello Ambiental en el Departamento es un salto de calidad inmenso para el sector agro. Lo más valioso de este proceso es que nació de la academia”.
Y añadió que “estamos formando una generación de técnicos y tecnólogos que no solo saben de producción bovina, sino que son guardianes del ecosistema, capaces de replicar estas prácticas sostenibles en cada rincón de nuestro territorio”.
Retos y proyección
La conservación de bosques y la extensión de estas prácticas a otros predios han sido algunos de los principales retos, así como la implementación de sistemas rigurosos de registro de información exigidos por la certificación.
Sin embargo, estos esfuerzos ya muestran resultados concretos. El predio no solo ha mejorado sus indicadores ambientales, sino que ha abierto nuevas oportunidades como el avistamiento de aves, diversificando su potencial productivo.
A nivel estructural, el avance plantea nuevos desafíos para la formación técnica en Colombia. La posibilidad de incorporar un componente específico de ganadería sostenible en los programas del Sena podría fortalecer el perfil de los egresados y alinearlo con las exigencias del mercado



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