Mientras la emergencia climática azota el norte del país, Fundagán lidera una operación humanitaria que pone en evidencia el poder de la articulación gremial. Gracias a años de trabajo y alianzas sólidas, la ayuda llega a las zonas más golpeadas antes de que la tragedia avance. ¿Qué pasaría si estas redes no existieran?
La lluvia no ha dado tregua, pues inundaciones, deslizamientos y vías intransitables son apenas parte del drama que viven miles de familias en Córdoba y la subregión del Urabá antioqueño.
En medio de ese panorama, Fedegán, gremio cúpula de la ganadería en Colombia, ha dado a través de Fundagán un paso al frente con una operación de ayuda que no solo lleva alimentos y abrigo, sino también esperanza y presencia donde otros no han llegado. (Lea en CONtexto ganadero: Avalancha de clamores: 18.000 familias acudieron a Una Vaca por la Paz)
La capacidad de Fundagán para responder con celeridad a la crisis climática no nace de la improvisación. Es el resultado de años tejiendo relaciones con aliados estratégicos, trabajando en las regiones y consolidando un modelo de acción social que combina conocimiento del territorio con confianza institucional.
Nataly Delgado Pinzón, directora ejecutiva de la fundación, explicó que “nuestro compromiso es estar presentes allí donde más nos necesitan. Nos duele profundamente la situación que atraviesa el país por esta ola invernal, pero esa misma realidad es la que nos une para intervenir de manera oportuna. Gracias a las relaciones que hemos construido por años, hoy llegamos con recursos que buscan hacer más llevadera la difícil situación que están atravesando miles de familias en Córdoba y Antioquia”.
Compromiso con el territorio
La ejecución del operativo no habría sido posible sin los comités ganaderos locales, quienes actúan como puentes entre las necesidades reales de las comunidades y los recursos disponibles.
Estos comités conocen el terreno, las familias, los accesos y las prioridades, pues son ellos quienes hacen posible que cada litro de leche y cada ración de arroz lleguen a manos de los damnificados sin intermediarios ni retrasos.
Más que operadores logísticos, son líderes sociales en su territorio. Su compromiso, articulado con las autoridades locales, garantiza una cobertura eficiente y con sentido humano.
Coordinación gremial
Fundagán activó una red de aliados que respondieron de inmediato, como el Fondo Nacional del Ganado (FNG), que movilizó 15.000 litros de leche, clave para enfrentar riesgos nutricionales, especialmente en infancia y población vulnerable.
La Corporación Minuto de Dios, histórica compañera en proyectos de desarrollo rural, se sumó con 12 toneladas de arroz Mannapack, evidencia del músculo que puede tener la cooperación interinstitucional cuando hay confianza mutua.
El Banco de Ropa y Roperos aportó 4.000 prendas para enfrentar el frío y las pérdidas materiales de muchas familias. Y la Fundación Fruto Bendito, con un enfoque especial en la primera infancia, donó 1.000 pañales. No son cifras: son respuestas precisas a necesidades urgentes.
La geografía del Caribe colombiano y el Urabá antioqueño no facilita las entregas, debido a que muchos caminos son intransitables por las lluvias y algunas veredas están aisladas. Por eso, la alianza con el Ejército Nacional ha sido clave ya que su capacidad logística, transporte y presencia territorial ha permitido que la ayuda de Fundagán se materialice donde otros actores simplemente no pueden llegar.
La combinación entre músculo institucional, experiencia civil y articulación local le da a esta operación un carácter ejemplar. (Lea en CONtexto ganadero: Los aliados de Una Vaca por la Paz: la cadena solidaria que impulsa el campo colombiano)
Lo que esta experiencia deja claro es que el gremio ganadero, a través de Fundagán, puede ser un actor central en la gestión del riesgo, la respuesta humanitaria y el fortalecimiento del tejido social. No se trata solo de repartir ayuda, sino de canalizar voluntades, recursos y conocimientos hacia soluciones concretas.
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