CONtexto Ganadero - Una lectura rural de la realidad colombiana
Los niños siguen siendo las principales víctimas de las disputas armadas

Foto: Banco de Imagen Magnific

Aunque el reclutamiento suele ser la expresión más visible de esta problemática, no es la única forma de utilización de menores por parte de grupos ilegales.

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La guerra sigue llevándose a los niños del campo: reclutamiento no da tregua en las zonas rurales

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

Las recientes muertes violentas de 11 menores en Guaviare evidencian que, mientras los grupos armados amplían su presencia en varias regiones, cada vez más civiles tienen que enfrentar desplazamientos, amenazas y la constante presión sobre los menores. Organizaciones humanitarias advierten que la prevención sigue siendo la gran deuda para proteger a la niñez rural de la guerra.

Las recientes muertes violentas de 11 menores en Guaviare evidencian que, mientras los grupos armados amplían su presencia en varias regiones, cada vez más civiles tienen que enfrentar desplazamientos, amenazas y la constante presión sobre los menores. Organizaciones humanitarias advierten que la prevención sigue siendo la gran deuda para proteger a la niñez rural de la guerra.


En municipios de Cauca, Chocó, Guaviare, Arauca, Catatumbo y Nariño, crecer para los niños se ha convertido en un desafío acechado por el conflicto armado que se vive en Colombia.

En esos territorios, donde los grupos armados disputan el control y economías ilegales, niños y adolescentes conviven con el riesgo permanente de ser reclutados, utilizados como informantes o forzados a abandonar sus hogares.

Y es que las recientes muertes violentas de 11 menores en Guaviare obligaron a ponerle el foco a un problema que, lejos de desaparecer, sigue afectando a miles de familias colombianas.

La tragedia ocurrida en ese departamento, en el que Medicina Legal confirmó la masacre durante enfrentamientos entre las disidencias de alias ‘Iván Mordisco’ y alias ‘Calarcá’, evidenció una vez más que los niños siguen ocupando el lugar más vulnerable dentro del conflicto armado colombiano.

Según Leonardo González, director del Instituto para el desarrollo y la paz, Indepaz, Colombia enfrenta múltiples focos de conflictividad distribuidos en diferentes regiones. En cada uno de ellos, la población infantil aparece entre las principales afectadas. (Lea en CONtexto ganadero: “No es reclutamiento, es secuestro”: alerta por niñez en Colombia)

González explicó a CONtexto que la situación se presenta en los departamentos más afectados convergen estructuras como las disidencias de las antiguas Farc, el ELN, el Clan del Golfo y otros grupos ilegales que mantienen enfrentamientos constantes por corredores estratégicos, economías ilícitas y control social sobre las comunidades.

“Todos los grupos reclutan menores de edad”, sentenció González, quien aseguró que las denuncias provenientes de las comunidades y los reportes institucionales muestran que esta práctica continúa extendiéndose en distintas regiones.

Uno de los casos que más preocupa es el de las comunidades indígenas del Cauca. Según Indepaz, allí se han documentado múltiples denuncias sobre captación de menores, especialmente en territorios en los que persisten las disputas armadas.


No es solo reclutamiento


Aunque el reclutamiento suele ser la expresión más visible de esta problemática, no es la única forma de utilización de menores por parte de grupos ilegales.

De acuerdo con González, muchos niños y adolescentes terminan siendo empleados como informantes, vigilantes, transportadores de mensajes o colaboradores de actividades relacionadas con economías ilícitas, lo que los convierte y arriesga como carne de cañón.

También son vinculados a labores asociadas con cultivos ilegales, minería clandestina, microtráfico y actividades de inteligencia para las organizaciones armadas.

En varios municipios afectados por el conflicto, las aulas dejaron de ser espacios seguros. González recordó que existen registros de comunidades en las que, incluso, los estudiantes y docentes ya conocen al dedillo protocolos improvisados para protegerse durante los enfrentamientos armados que ya son pan de cada día.

En algunas ocasiones, los menores lo que hacen es activar el plan de supervivencia que en muchos de los casos solo consiste en esconderse mientras ocurren los combates cerca de sus instituciones educativas.

La situación también ha provocado desplazamientos forzados. Muchas familias optan por abandonar sus territorios cuando sus hijos alcanzan edades consideradas de alto riesgo para ser captados por grupos ilegales.

“Cumplir 12 o 13 años se convierte en una preocupación para muchas familias”, señaló el director de Indepaz.

El panorama es aún más complejo en algunos territorios indígenas, donde organizaciones sociales han documentado casos de adolescentes que prefieren quitarse la vida antes de ser incorporados a estructuras armadas, lo que también demuestra la constante presión sicológica a la que están expuestos.


Nuevo escenario


Las formas de acercamiento también han cambiado, pues si antes la vinculación se producía principalmente mediante contactos directos en las comunidades, hoy las redes sociales se han convertido en una herramienta cada vez más utilizada para atraer menores. (Lea en CONtexto ganadero: Con mensajes de Tik Tok e incentivos económicos, así reclutan menores los criminales)

Según González, plataformas como TikTok, Instagram y Facebook son empleadas para mostrar imágenes asociadas al poder, el dinero y una aparente vida de éxito dentro de los grupos armados.

Vehículos, armas, fiestas y promesas económicas hacen parte de los contenidos que buscan llamar la atención de adolescentes que enfrentan dificultades económicas o falta de oportunidades.

Indepaz, incluso, ha documentado cuentas utilizadas para acercarse a jóvenes mediante mensajes directos y falsas promesas de ingresos económicos.


Deuda pendiente


Para González, la respuesta debe ir mucho más allá de las acciones militares. El director de Indepaz considera que existe una ausencia de políticas públicas integrales enfocadas en la prevención, la protección y la atención temprana de los riesgos que enfrentan los menores en los territorios.

También insistió en la necesidad de fortalecer las alertas emitidas por las comunidades y la Defensoría del Pueblo, así como impulsar campañas dirigidas a padres, docentes y estudiantes. “La primera exigencia humanitaria en cualquier proceso de diálogo debe ser el no reclutamiento de menores de edad”, concluyó.