En varias zonas rurales del departamento, productores han comenzado a perder animales y a reducir sus niveles de producción por la falta de agua y alimento. La crisis climática, sumada al aumento en los costos y a la escasez de ayudas, amenaza la sostenibilidad económica de cientos de familias que dependen de la ganadería.
La temporada seca que atraviesa Sucre ya deja consecuencias visibles en municipios ganaderos como San Pedro, Ovejas y Buena Vista, donde productores reportan deterioro corporal en los bovinos, disminución de las fuentes de agua y dificultades para mantener la alimentación de los hatos.
En varias veredas, la ausencia prolongada de lluvias ha obligado a los campesinos a recurrir a medidas improvisadas para evitar mayores pérdidas.
La situación también comienza a afectar aspectos sanitarios y productivos dentro de las fincas. Según Jaider Andrade Beltrán, profesional de Fedegán y coordinador del proyecto local de San Pedro, algunos ganaderos han optado por aplazar la vacunación de sus animales debido al delicado estado físico en el que se encuentran.
“Hay animales en pésimo estado corporal y muchos productores temen vacunarlos porque piensan que no van a resistir. Ya tenemos actas de predios no vacunados por esta situación”, explicó Andrade tras recorrer diferentes predios afectados por el verano.
La emergencia deja en evidencia la vulnerabilidad de la ganadería tradicional frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes. El agotamiento de los pastos, la falta de reservas alimenticias suficientes y el incremento en los costos de suplementación están llevando al límite a pequeños y medianos productores, quienes ven cómo su principal patrimonio empieza a desaparecer.
En varias fincas de San Pedro y Buena Vista, los jagüeyes se han convertido en trampas de lodo para animales debilitados por la falta de alimento y agua. Andrade aseguró que algunos bovinos quedan atrapados cuando intentan ingresar a los abrevaderos y, debido a su estado corporal, ya no logran levantarse.
“Los productores sacan agua con baldes para echarla en bebederos y evitar que las vacas entren a las represas porque están totalmente lodazadas”, señaló.
El impacto resulta especialmente grave para pequeños productores que manejan hatos reducidos. De acuerdo con el coordinador de Fedegán, hay campesinos con apenas 20 reses que ya han perdido cinco animales durante esta temporada seca. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos en Sucre, al borde del colapso: temperaturas de 47°C arrasan con pastos y fuentes de agua)
En San Pedro, cerca del 90% de las veredas presenta afectaciones severas, mientras que en Buena Vista el panorama es similar. Aunque algunas zonas de Ovejas han recibido lluvias aisladas, extensos sectores continúan enfrentando escasez de agua y pasturas.
Alimento escaso
La falta de lluvias no solo acabó con las pasturas naturales, pues también redujo la capacidad de respuesta de los productores que habían almacenado alimento para enfrentar el verano.
“Hay pequeños ganaderos que tenían pasto de corte y eso les ayudó al principio, pero el verano ha sido tan intenso que ya se les agotó”, explicó Andrade.
La demanda de suplementos también disparó la escasez de silo y heno en la región. Algunos productores han tenido que llevar sus animales a pastorear al borde de las carreteras o salir en camionetas y carretas a cortar pasto en zonas alejadas para intentar sostener el ganado.
La situación incrementó los costos de producción en un momento en el que la productividad de los animales también cae por el deterioro físico provocado por la desnutrición y el estrés térmico.
De acuerdo con Andrade, las lluvias registradas a comienzos de año fueron insuficientes y demasiado dispersas para recuperar las praderas. “El pasto rebrotó, pero el agua se volvió a ausentar y ese rebrote se marchitó. Tenemos sectores con 45 días sin caer una gota de agua”, afirmó. (Lea en CONtexto ganadero: La historia del productor que desafió al monocultivo en Sucre y regeneró su ganadería)
La crisis se agravó porque las alternativas tradicionales para enfrentar el verano tampoco funcionan. En años anteriores, muchos productores trasladaban el ganado hacia tierras bajas o zonas cercanas a ciénagas donde encontraban mejores condiciones de agua y alimentación. Sin embargo, las inundaciones y restricciones actuales han limitado esa posibilidad.
“Antes las tierras bajas eran el alivio para las tierras altas, pero ahora unas están afectadas por la sequía y las otras por el exceso de agua”, explicó.
Actualmente, mientras las lluvias siguen sin aparecer, la secretaría técnica y la coordinación de Fedegán junto con las asociaciones en región, intentan apoyar a las familias más afectadas mediante cultivos de maíz y yuca, entrega de pequeñas cantidades de alimento y asistencia técnica para fortalecer sistemas de pasto de corte.
Sin embargo, en las zonas rurales de Sucre crece la preocupación por el impacto que esta sequía pueda tener no solo sobre la economía ganadera, sino también sobre la estabilidad alimentaria y social de cientos de familias campesinas que dependen directamente de la actividad pecuaria.
/)
/)