El avance de estos delitos y las redes criminales transnacionales está transformando la selva amazónica en uno de los territorios más disputados de América Latina, según lo plantea International Crisis Group. Mientras crece la violencia y se acelera la destrucción ambiental, comunidades indígenas y gobiernos enfrentan una batalla que podría definir el futuro climático y económico de la región.
La selva tropical más grande del planeta enfrenta una amenaza que ya no proviene únicamente de la tala o la expansión agroindustrial.
Hoy, organizaciones criminales armadas están convirtiendo vastas zonas de la Amazonía en corredores estratégicos para el narcotráfico, la minería ilegal y el tráfico de recursos naturales, en medio de una débil presencia estatal y una creciente violencia territorial.
La alerta fue planteada por International Crisis Group en su informe El saqueo de la selva: Blindar a la Amazonía del crimen organizado, en el que advierte que las mafias avanzan con más rapidez que los propios Estados amazónicos, aprovechando fronteras desprotegidas, corrupción institucional y enormes vacíos de gobernanza
El problema ya no es solamente ambiental, pues según el organismo internacional, la Amazonía está entrando en una crisis de seguridad regional donde el crimen organizado encontró una fuente multimillonaria de ingresos ligada al oro ilegal, la cocaína y el control territorial.
La tesis que empieza a imponerse entre expertos es que la disputa por la selva amazónica dejó de ser un debate ecológico para convertirse en una guerra por el control económico y criminal de uno de los ecosistemas más estratégicos del planeta.
De acuerdo con International Crisis Group, las organizaciones criminales operan ya en al menos el 67% de los municipios amazónicos de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
La expansión de estructuras como Comando Vermelho y Primeiro Comando da Capital (PCC) en Brasil, así como grupos armados colombianos y bandas ecuatorianas, evidencia que las mafias dejaron de actuar de manera local para consolidar verdaderas redes transnacionales.
La Amazonía se convirtió en un corredor perfecto porque tiene enormes extensiones selváticas, escasa presencia institucional y miles de kilómetros de ríos utilizados para mover cocaína, oro ilegal, armas y mercancías ilícitas.
International Crisis Group advierte que los grupos criminales incluso han logrado infiltrar organismos estatales y comunidades, imponiendo reglas propias, sistemas paralelos de justicia y esquemas de control violento sobre la población. (Lea en CONtexto ganadero: Más erradicación, ¿menos narcotráfico? Las cifras que no cuadran en 2026)
Devastación
La minería ilegal y el narcotráfico no solo generan violencia. También están acelerando la destrucción ambiental de manera alarmante. El informe señala que el uso de mercurio, cianuro y químicos para el procesamiento de coca y extracción de oro está contaminando ríos, suelos y ecosistemas completos durante décadas.
A esto se suma la apertura de caminos clandestinos utilizados por las mafias para transportar droga y maquinaria ilegal. Según el documento, más del 70% de la deforestación amazónica ocurre a menos de 50 kilómetros de estas rutas ilegales.
La preocupación crece porque la Amazonía se acerca peligrosamente a un punto de no retorno ecológico. El informe advierte que cerca del 20% de la selva original ya fue destruida y que superar el umbral del 25% podría desencadenar un colapso irreversible del ecosistema amazónico.
En medio de esta disputa territorial, las comunidades indígenas aparecen como las más vulnerables.
International Crisis Group señala que muchos pueblos amazónicos viven aislados, sin acceso adecuado a salud, seguridad ni servicios básicos, mientras quedan atrapados entre las amenazas criminales y la ausencia estatal (Lea en CONtexto ganadero: Ganadería sostenible, una alternativa para salvar la Amazonía colombiana)
Los líderes indígenas y defensores ambientales se han convertido en objetivos frecuentes de represalias violentas. El informe recuerda que uno de cada cinco asesinatos de activistas ambientales registrados en el mundo ocurrió en el Amazonas.
Aunque algunas guardias indígenas han comenzado a usar tecnologías de monitoreo y vigilancia comunitaria, los expertos advierten que estos esfuerzos siguen siendo insuficientes frente al poder financiero y armado de las organizaciones ilegales.
El futuro
La gran pregunta que empieza a surgir en América Latina es si los gobiernos aún están a tiempo de recuperar el control territorial de la Amazonía.
International Crisis Group sostiene que la única salida viable pasa por una cooperación mucho más fuerte entre Estados, comunidades indígenas y organismos internacionales, además de endurecer controles sobre cadenas globales de suministro relacionadas con oro, madera y materias primas provenientes de la selva.
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